La fuerza de la imaginación

El novelista de El país del agua , uno de los escritores ingleses más importantes de la actualidad, ganador del Booker Prize y del premio al mejor libro extranjero en Francia, habla de sus comienzos y de la vinculación entre Londres y su obra. Además, se refiere a su preocupación por los seres humanos que han perdido la lucidez o la capacidad de expresarse. Ese interés lo ha llevado a incorporar en sus libros personajes atrapados por lo que llama "estados de ausencia de pensamiento"
El novelista de El país del agua , uno de los escritores ingleses más importantes de la actualidad, ganador del Booker Prize y del premio al mejor libro extranjero en Francia, habla de sus comienzos y de la vinculación entre Londres y su obra. Además, se refiere a su preocupación por los seres humanos que han perdido la lucidez o la capacidad de expresarse. Ese interés lo ha llevado a incorporar en sus libros personajes atrapados por lo que llama "estados de ausencia de pensamiento"
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22 de agosto de 2001  

Asomado al puente de la estación Wandsworth Common, un barrio residencial del sur de Londres, aparece Graham Swift. Puntual a la cita, señala amablemente el camino hacia un pequeño restaurante francés (que él mismo propuso), situado frente al parque que lleva el nombre del barrio donde tuvo lugar esta entrevista. Enteramente vestido de negro: camisa, pantalón y campera, sonríe en forma amistosa. El porte, que conserva algo de la adolescencia, el cabello abundante rubio oscuro, los ojos grises y vivaces, la extrema delgadez y la actitud de que le sobra el tiempo (en buena hora), no condicen con sus cincuenta y dos años y con el hecho de que se trata de uno de los escritores británicos de mayor fama nacional e internacional de su generación, lograda exclusivamente por la calidad de su obra.

En 1978 la prestigiosa revista literaria Granta lo seleccionó, junto con Ian McIwan, Kazuo Ishiguro y Julian Barnes, como uno de los mejores narradores jóvenes británicos. Desde entonces, seis novelas y varios volúmenes de cuentos lo han convertido en una figura insoslayable del escenario de la literatura mundial. No ha cesado de escribir y de cosechar premios literarios, tales como el Premio Booker, el Premio de ficción Guardian, el Premio de la Sociedad Real de Escritores y el Prix du Meilleur Livre Etranger (Premio al mejor libro extranjero) otorgado anualmente en Francia. Sus libros se han traducido a más de veinte idiomas, incluido el castellano (editorial Anagrama). Además, su novela El país del agua fue llevada al cine, protagonizada por Jeremy Irons y Sinead Cusack y Ultimos tragos acaba de ser adaptada también para la pantalla.

Graham Swift nació en el sur de Londres y siguió viviendo allí hasta la actualidad (salvo cuando estudió en Cambridge y cuando pasó un año enseñando inglés en Grecia). "Londres ha cambiado muchísimo", afirma con nostalgia. "Algunos cambios son físicos, el tránsito ahora es terrible. En mi adolescencia, se podía circular tranquilamente en auto por las calles, había muchos menos colores, Londres era algo así como en blanco y negro, había pocos bares y restaurantes".

Entre las particularidades de Swift se cuenta la de que es uno de los pocos escritores de ficción dedicado exclusivamente a escribir y que puede vivir de sus derechos de autor. En la juventud, después de obtener una maestría en Bellas Artes, buscó la mejor manera de reservarse tiempo para la escritura. "Cuando dejé de ser estudiante -recuerda- quería ser escritor, y en cierta forma ya lo era, porque me la pasaba escribiendo. Obviamente, no podía ganar dinero con mis textos, entonces me fui a Grecia. Conseguí un trabajo como profesor de inglés por un año. Nunca había residido en otro país, así que me pareció una buena experiencia. Enseñé inglés careciendo de toda vocación docente. Antes, había hecho todo tipo de trabajos ocasionales: en un hospital, en una compañía de seguros. Nunca trabajé realmente en una oficina, no tuve un empleo de ese tipo, gracias a Dios", comenta con una sonrisa cómplice y continúa: "Gracias a la repercusión que tuvo El país del agua , pude empezar a mantenerme económicamente como escritor -cruza los dedos- a mediados de los ochenta. Ese libro fue lo suficientemente exitoso comercialmente como para que yo me dijera: "okay, voy a correr el riesgo, voy a dejar la docencia"". Justamente, el protagonista de su novela El país del agua es un profesor de historia que carece de vocación docente y cuestiona, en una prosa plagada de preguntas, la enseñanza tradicional de la historia. Sin embargo, el autor aclara que sus textos carecen de material autobiográfico.

Cabe destacar que la ciudad natal de Swift aparece, al menos parcialmente, en la mayoría de sus cuentos y novelas.

En su tono de voz bajo y su modo de hablar pausado, prosigue: "La gente suele decirme que debe de ser fantástico ser escritor, porque uno puede situar sus novelas en cualquier lugar. Sin embargo, las cosas no funcionan de esa manera. He situado partes de mis libros en diversos lugares pero luego siempre aparece Londres. Las cosas de importancia que les suceden a la gente son iguales en todos lados. O sea que bien se puede escribir en un territorio que le resulta familiar al autor, ya que no es la geografía lo que importa sino el contenido humano. Este va a ser el mismo en todo el mundo y yo no soy un gran investigador como para ponerme a escribir sobre lugares que conozco poco. Por cierto, confío en mi imaginación. Por ejemplo, la acción de El país del agua transcurre en East Anglia, una parte de Inglaterra en donde he estado alguna vez pero con la que no tengo ningún tipo de conexión, y algunas personas me han preguntado si he nacido allí. Viajo en mi mente", afirma.

En la obra de Swift el tema de la infancia aparece con frecuencia, ya sea a través del narrador o de los personajes que recuerdan episodios de sus vidas. en Fuera de este mundo , Sophie le cuenta a un psicoanalista, a lo largo del libro, su infancia y adolescencia. Acerca de la paternidad, responde lo siguiente: "No he sentido verdadera urgencia de convertirme en padre y, hasta el momento, no me he arrepentido. Creo que, en gran medida, tomo contacto con la niñez a través de la escritura. Escribo sobre la infancia o, cuando estoy trabajando un personaje, pienso que una de las formas de llegar a su esencia es ir atrás hasta sus primeros años de vida. Me imagino cómo eran de chicos. Es una técnica que me gusta y que "abre" los personajes. Soy un autor al que le interesa la vida entera de sus personajes. Ya sea que las vaya a incluir íntegras, o no, en la novela terminada, quiero conocer por completo sus vidas." Y agrega: "Supongo que, en general, soy un observador. Creo que el hecho de ser un observador predispone para ser autor: un escritor es alguien que escudriña, que dedica parte del tiempo a la contemplación. Recuerdo que, cuando era chico y asistía a una conversación, no siempre intervenía. Muchas veces permanecía expectante, atento a lo que los demás decían. Una cantidad considerable de adultos sencillamente pierde esa capacidad de observación. Ser escritor es una forma de juego, por eso quizá hay un lado infantil en los que escribimos. Los juegos de palabras son importantes, incluso si se escriben sólo trabajos serios".

A Graham Swift la crítica inglesa lo ha descripto como un maestro de lo terminal. Ultimos tragos , por ejemplo, trata acerca de tres amigos, compañeros de copas, que se dirigen desde un pub del sur de Londres a la costa de Inglaterra para cumplir el último deseo de Jack, un amigo muerto, un carnicero que había pedido que sus cenizas se arrojaran al mar. Jack, años atrás, había abandonado a su hija en una institución para discapacitados mentales y no la había vuelto a ver. "Me interesan los estados de ausencia de pensamiento", cuenta Swift. "Esos estados pueden incluir la pérdida de la cabeza por la bebida. Algunos de mis personajes son gente silenciosa, gente que perdió la facultad de comunicarse, que perdió la memoria. Siempre me intrigó saber cómo vivían y qué les sucedía a esas personas que, por una razón o por otra, han perdido la lucidez. En El país del agua está ese hermano que parece haber perdido conciencia de todo. ¿Qué pasa dentro de su mente, si es que pasa algo? En Ultimos tragos , la hija de cincuenta años, también perdida en un vacío mental, ¿qué tipo de vida lleva? Gran cantidad de estos casos, así como mucho sufrimiento, se nos hace invisible, preferimos no verlos."

La idea de la decadencia mental hace que Swift reflexione sobre el tiempo y la muerte: "Probablemente, la vida se vuelve más desconcertante a medida que uno crece y envejece. Esa sensación de gran desconcierto tiene que ver con nuestra condición mortal. Durante mucho tiempo, mientras uno es joven, no piensa que se va a morir. Pero luego cruza la frontera y sabe que esto no va a seguir para siempre. Entonces, la vida se vuelve más compleja, uno tiene que enfrentar la finitud. Yo he tenido una vida feliz en varios sentidos. Me dedico a lo que me gusta y pienso que la vida está para celebrarla. Uno de los propósitos de la ficción, aun si uno escribe acerca de temas oscuros, es la celebración de la vida. El escritor celebra porque está creando", concluye.

Lo cierto es que Swift sigue escribiendo y, actualmente, se encuentra en plena elaboración de una nueva novela. Prefiere no revelar la trama de su nuevo libro y cuenta que la primera lectora de sus textos es su esposa: "Lo hace muy bien, me dice exactamente lo que piensa. Ella solía trabajar para un diario y ahora escribe algunas críticas de libros, o sea que tiene cierta conexión con el medio".

El momento de la terminación de una novela, luego de dos o tres años de trabajo, resulta siempre intrigante para Swift: "A menudo sé exactamente cómo va a ser el final del libro, incluso antes de llevarlo al papel. A veces escribo el final antes de terminar el libro o empiezo justo antes del final y luego escribo el resto. Cuando finalmente está el texto completo, sé que al día siguiente me voy a levantar y, al comprobar que no tendré que sentarme a continuar la historia, sentiré una sensación de vacío, de chatura en algún lugar de mi mente".

A Swift le han ofrecido escribir guiones, participar en la adaptación a la pantalla de sus propias novelas y escribir artículos, y siempre se ha excusado de la misma forma: no cree ser bueno para esas cosas. Quizá, entonces, la única ruptura de su rutina de trabajo sea el momento de la publicación y promoción de sus libros. "Hago lecturas en público. Lo disfruto bastante. Prefiero, sin duda, hacer una lectura en público antes que sentarme en algún panel o, inclusive, antes que dar una conferencia. No soy una persona de paneles, esa es una de las razones por las cuales soy un novelista, soy más proclive a formular preguntas que a dar respuestas, no cuento con certezas. Creo que lo que hace que alguien se convierta en novelista es no saber cosas y encontrar una manera de expresarlo."

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