"La gente quiere que le cuenten historias"

Jonathan Franzen
(0)
28 de octubre de 2011  

Muchas cosas intervinieron en el tipo de escritor que yo quise ser. Por ejemplo, los seis años que pasé en unas juventudes cristianas, con su poderoso énfasis en el crecimiento personal. Por caso, el ejemplo de mi hermano mayor Tom, que obtuvo un máster en dirección de cine y llevó una vida cuya autenticidad yo admiraba. Para él no era auténtica, aunque estuviera viviendo en una barriada de Chicago, comprando en tiendas baratas, hurgando en la basura para vivir? En fin, yo estaba muy decidido a ser cierto tipo de escritor, ¿pero de qué viviría? Al volver de Alemania me casé; mi abuelo me había dejado un dinero para estudiar; como no quería volver a estudiar nada, me gasté ese dinero en vivir, lo cual molestó mucho a mis padres. Durante dos años escribí cuentos y traté de venderlos a The New Yorker : éste era mi plan para hacerme rico. Pero siempre había algo mal con los cuentos, así que decidí embarcarme en una novela. Tras terminarla, me puse a buscar cualquier contacto que pudiera encontrar con un escritor famoso para tratar de obtener algún tipo de aval, y un amigo de la familia de mi esposa, un escritor que no era particularmente conocido, me llamó para decirme que no iba a leer mi novela, pero que podía decirme inmediatamente que era demasiado larga y que debía cortar la mitad. "Más vale que tenga mucho sexo", me dijo. "¿Tiene mucho sexo?" Y comenzó a maldecir durante una hora a la industria editorial. Ahora reconozco la amargura, el resentimiento de lo que estaba escuchando, pero entonces quedé aterrado. "John Le Carré puede limpiarse el culo con una hoja de papel y se la publicarían", me gritaba aquel hombre indignado. Ya sabemos el discurso de esta gente: todo está corrupto, todo es una conspiración en mi contra. Pero colgué y miré mi manuscrito: 1300 páginas. Sólo mecanografiarlas, en una máquina de escribir electrónica que alquilé para eso, me había costado tres semanas. Tomé el manuscrito con un lápiz en la mano y empecé a leer. Y me di cuenta de cosas que no había visto antes. Pensé: "Alguien va a leer esto, y no les va a interesar esto que estoy diciendo durante tres páginas... La gente quiere que le cuenten historias". Así que corregí, corregí, corregí. Y aprendí mucho.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?