La ley estimula la exportación

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29 de septiembre de 2005  

Más allá de los números, ganancias y pérdidas que plantea la situación del Malba, con la decisión de desprenderse de parte del patrimonio para solventar el ingreso de obras desde el exterior surge a la luz una crítica a la normativa vigente en materia impositiva sobre la circulación de las obras de arte.

La legislación actual beneficia la exportación, gravada con un 5%, y acentúa la carga sobre la importación de las obras de arte, con un gravamen que ronda el 15% del precio pagado, al que se deben sumar las comisiones y los impuestos en el lugar de origen, más costos de flete y seguros.

Hay quienes sostienen que este sistema mide con la misma vara un coche importado de alta gama y un cuadro, hecho que entraña un riesgo: el vaciamiento de bienes culturales en un país joven cuyo patrimonio es escaso. El panorama se agrava en los tiempos que corren, cuando el valor del peso frente al dólar y al euro convierte en "pichinchas" muchas de las obras, objetos de arte, muebles y tapicerías que se comercializan en el mercado local.

Los operadores, en general, son renuentes a opinar sobre un tema que siempre es espinoso. Juan Carlos Ocampo, de la casa Naón& Cía., advirtió a LA NACION que "las grandes colecciones de arte y de antigüedades que tiene el país se formaron cuando no existían trabas ni gravámenes. Solamente la imperiosa decisión de acrecentar el patrimonio".

Esta política, indicó, posibilitó la existencia de un fuerte mercado de obras de arte y antigüedades que durante siglos le dio trabajo a mucha gente y favoreció un rico intercambio cultural a través del conocimiento de piezas de los estilos, orígenes y épocas más diversos.

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