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La literatura, un oficio peligroso

MONSIEUR PAIN Por Roberto Bolaño (Anagrama)-171 páginas-($ 16)
Leonardo Tarifeño
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29 de marzo de 2000  

"¿ENTONCES qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso". Esta reflexión, que Roberto Bolaño hacía al recibir el premio Rómulo Gallegos 1999 por Los detectives salvajes , muestra claramente hasta qué punto, para el narrador y poeta chileno, la literatura es una actitud; o mejor: una actitud frente al riesgo que marca y define el verdadero peso de una escritura. Un tipo de riesgo, justamente, que este autor asume y narra en cada uno de sus libros, desde La pista de hielo (1993) y La literatura nazi en América (1996) hasta Estrella distante (1996), Llamadas telefónicas (1998, cuentos), Los detectives salvajes , Amuleto (1999) y ahora, también, en Monsieur Pain .

Escrita a principios de los años 80 y publicada por primera vez en 1994 con el título La senda de los elefantes , Monsieur Pain es la novela más enrarecida del autor, una apuesta narrativa empeñada en unir la desolación de Franz Kafka, el ensueño trágico del polaco Bruno Schulz y la ironía paródica de otro latinoamericano itinerante, el mexicano Sergio Pitol.

Bolaño apela a un recuerdo que de tan real merecía ser imaginario: el hipo fatal de "Monsieur Vallejo", poeta peruano internado en un hospital de París, en 1938, mientras se desvanece hacia una muerte absurda. La historia no la cuenta este Vallejo casi anónimo sino Pierre Pain, otra figura real, discípulo de Franz Mesmer y acupunturista de ocasión. Pain intuye el pulso de una conspiración que lo controla: unos espías españoles lo sobornan para que no atienda al poeta. Además, la viuda de un ex paciente suyo le ruega que la acompañe al hospital donde el hipo de Vallejo suena como "un ectoplasma sonoro, un hallazgo surrealista". Y mientras tanto, demasiado cerca de París, el eco de la Guerra Civil retumba en un clima de violencia y amenazas que convierten a este thriller onírico en una encrucijada miedosa, eléctrica, fantasmal.

Como en Los detectives salvajes o en Amuleto , aquí Bolaño vuelve a rescatar un acontecimiento real para crear un mundo enloquecido, afiebrado, hundido en "las lagunas de cualquier historia, lagunas que con los años van disminuyendo, se van agostando, van siendo menos importantes, menos lagunas y más desiertos". Su interés de narrador, en estas páginas, se orienta especialmente hacia un horizonte donde puedan convivir los más variados modos de contar, todos ellos ligados a la inmediatez sensorial y al caos emotivo de un personaje que se pasa toda la novela a la espera de una venganza inminente.

Es éste el menos accesible de los primeros libros del autor: minoritario por estética y secreto por convicción. De una manera más rotunda y estridente que en sus otras novelas aparecidas en la misma época, en Monsieur Pain vibran la obstinada vocación experimental y el afán transgresor que llegan hasta Amuleto . La pista de hielo se destaca por su potencia y eficacia; La literatura nazi en América vale por su desprejuicio ideológico y estructural y Monsieur Pain asoma como una estrella rara, distante, el regalo ideal para los ya iniciados. Un rescate necesario para comprender mejor la destreza de Bolaño, ex exiliado que vive en una playa de Cataluña y vuelve a sus múltiples y auténticas patrias a través de la osadía de sus textos. Monsieur Pain es, en este sentido, uno de sus viajes más desquiciados; el salto al vacío a la altura de "un oficio peligroso", otra prueba donde el autor demuestra que para él no hay más estilo que el riesgo.

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