La palabra reparadora

En El secreto de San Isidro, con un hábil montaje de textos, Nicolás Cassese cuenta la historia real de un caso de abuso en el colegio al que asistió
Verónica Dema
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29 de noviembre de 2013  

Nicolás Cassese es un periodista que nació hace 39 años en una familia acomodada de San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, y que desde muy pequeño supo que quería escribir este libro. Estudió en el colegio católico San Juan el Precursor, uno de cuyos fundadores había sido su abuelo, y, cuando se enteró de que allí un profesor había abusado sexualmente de al menos nueve de sus alumnos, supo que tenía la historia para escribir sobre su educación religiosa, la sociedad conservadora donde creció, la hipocresía de los valores que le inculcaron.

El secreto de San Isidro es una historia real. A principios de los años 70, en el colegio más tradicional del lugar, Peter Malenchini, maestro de plástica admirado por los alumnos de primaria, violó a estudiantes a los que sedujo en sus clases, en los talleres, en los campamentos escolares que él organizaba. Estos delitos fueron silenciados cual secreto de confesión por el rector general y gran inspirador del colegio, el padre Jorge Castagnet, con complicidad del sacerdote y del obispo de San Isidro Jorge Casaretto y monseñor Justo Laguna, respectivamente. El colegio, por entonces, se limitó a expulsar a Malenchini sin informar sobre las razones por las que lo hacía.

Tanto se guardó ese secreto que el delito prescribió y Malenchini no pudo ser juzgado. Pero después de 30 años aquellos chicos decidieron hablar. Lo hicieron en un programa de televisión que Cassese vio por recomendación de un amigo del colegio. Entonces, empezó su investigación periodística, que le llevó más de tres años. Surgieron como personajes centrales los hermanos Belgrano, Luis María -Tupa- y Juan Carlos -Juanqui-, que habían sido abusados y a quienes entrevistó, al igual que a sus padres, los únicos que lograron arrancarle a uno de sus hijos aquel secreto pero que prefirieron la mediación de los curas y no de la Justicia para no "exponer" al chico de diez años.

Además del relato directo de las víctimas, durante la investigación Cassese obtuvo el diario íntimo de uno de los chicos abusados, las cartas que los padres de los Belgrano enviaron a Malenchini y las respuestas del abusador, la cámara oculta en la que los ex alumnos consiguieron una confesión de Malenchini, artículos periodísticos que se referían al caso, extractos del foro Buenos Muchachos que Cassese comparte con sus ex compañeros del colegio. También se permitió incluir el recuerdo propio de su experiencia con Malenchini, amigo de la familia, alguien de quien conoce "de primera mano su capacidad de encanto". El texto, un montaje construido con diferentes materiales, se vuelve un discurso coral, rítmico, diverso, en cuya lectura se avanza con una tensa voracidad en la búsqueda de una nueva pista.

Esta particularidad se emparenta con otra que también despierta la participación del lector. Cassese transparenta la etapa de investigación, muestra cómo fue construyendo su relato y el lector acompaña el proceso narrativo. Y, por momentos, avanza; durante otros, duda o se sorprende o se estremece en esa búsqueda compartida. Esto promueve su interpretación porque en ningún momento se clausura la posibilidad de que éste se involucre y saque sus propias conclusiones en función de las "pruebas" que Cassese va presentando, sino todo lo contrario. El autor dedica este libro a sus amigos, los del colegio.

La camaradería, uno de los valores que rescata como positivos en su enseñanza, es la que salvó a esa camada de estudiantes, porque les permitió contar su verdad y así liberarse de los fantasmas con los que crecieron. En ese sentido, el texto tiene algo de redención: ya no hay secretos de confesionario, la palabra se vuelve reparadora.

El secreto de San Isidro, Nicolás Cassese, Sudamericana,192 páginas, $ 119

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