La práctica de la teoría

Carolina Menéndez Trucco
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26 de diciembre de 2009  

El despertar del individuo

Por Roberto Mangabeira Unger

FCE

TRAD.: María Julia de Ruschi

352 Páginas

$ 69

¿Cómo lidiar con las estructuras culturales e institucionales que nos rodean? Ése fue el interrogante que llevó al teórico social brasileño Roberto Mangabeira Unger a desarrollar El despertar del individuo. Imaginación y esperanza . Para este profesor de Harvard -tuvo como alumno al actual presidente de Estados Unidos- y ex ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, las instituciones y las ideologías no son objetos naturales. Muy por el contrario, las estructuras de la sociedad y de la cultura son construcciones colectivas y, por lo tanto, encarnan "voluntades petrificadas y conflictos interrumpidos".

El autor se distancia de la tradición platónica y, asimismo, expone su crítica a lo que despectivamente denomina "filosofía perenne", aquella que encapsula la existencia del hombre en una abstracta cavilación sobre la humanidad y lo aleja de lo que lo afecta en su vida cotidiana. En los primeros apartados, Unger se aboca a desarrollar su concepción de la humanidad. Más allá de todos los determinismos, el autor reconoce la importancia del sujeto y su capacidad para trascender los contextos inmediatos. Tanto la filosofía como la política deben estar a su disposición. Según el autor, un "pragmatismo radicalizado" es el único marco conceptual y programático que puede propiciar este terreno. Pero Unger desliza también una férrea crítica al pragmatismo estadounidense que nada tiene que ver con su propuesta instrumental.

Aunque insista en que la teoría sin un anclaje práctico no alcanza para resolver los problemas de la vida, el pensador reconoce como renovadoras las bases de ciertas ideas propias del pragmatismo estadounidense, como por ejemplo el planteo de Charles Sanders Pierce acerca del significado de los conceptos, la teoría de la verdad de William James y la doctrina de la experiencia de John Dewey. El interés del autor se dirige a resolver cómo lograr que una democracia no se petrifique ni naturalice sus formas. Un punto de inflexión fundamental según el pensador es "el involucramiento popular en la vida cívica" para que el poder no se concentre en un grupo o en una clase que obture el cambio y la política experimental. El último apartado de El despertar... está plagado de compromisos prácticos; sin embargo, la propuesta de Unger no deja de ser clara desde un principio: "El mundo necesita radicalizar la democracia y divinizar a la persona" a través un sistema experimentalista que acorte la distancia entre los movimientos rutinarios de una sociedad y los excepcionales. Habría que ver si el nutrido programa presentado basta para convertirse en una alternativa al actual orden social.

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