La reinvención de lo real

LOS ACUATICOS Por Marcelo Cohen-(Norma)-319 páginas-($ 19,50)
LOS ACUATICOS Por Marcelo Cohen-(Norma)-319 páginas-($ 19,50)
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22 de agosto de 2001  

Todo nuevo libro agrega algunos trazos a la figura en el tapiz que la obra de su autor va tejiendo, página tras página. Unos cuantos libros escritos por Marcelo Cohen permiten ya discernir una porción significativa del dibujo que, desde hace tiempo, viene realizando. La creación minuciosa de ámbitos futuros y sus implicaciones humanas -urbes voraces acordonadas por los desechos de su digestión, eriales mudos pero llenos de significado, sociedades insatisfechas donde los poderes mentales y evolucionados modos de comunicación signan las relaciones entre los individuos- forman parte del diseño. No se trata de ciencia ficción, a pesar de que las ciencias fisicomatemáticas asoman con frecuencia, ni de fantasías de carácter maravilloso. Se trata, al menos en Los acuáticos , de una extrapolación de nosotros mismos a un futuro no tan lejano como para que lo sintamos ajeno ni tan próximo como para que nos arroguemos el derecho a corregirlo. Con una salvedad: es una extrapolación poética. Cohen sabe integrar en una atmósfera poética invenciones, procedimientos delirantes, reglas nuevas para el funcionamiento de lo real y personajes de convincente humanidad. Sus historias no son más importantes que las reflexiones que incluyen y sus criaturas comparten protagonismo con los mundos físicos donde les toca moverse. El mundo en que transcurren las seis piezas de Los acuáticos constituye una nueva entrega de esos singulares universos . En el Delta panorámico -el espacio común de estos cuentos -, cada isla constituye un micromundo. Sin embargo, entre ellas existen formas de comercio, la más fluida de las cuales es el extraño fenómeno psíquico que constituye el tema del último relato, "Panconciencia. Un ensayo". La panconciencia no es un invento sino un descubrimiento, una potencialidad espontáneamente adquirida en el desarrollo evolutivo de la mente humana, que consiste en un paseo por los contenidos conscientes de mentes ajenas y la capacidad de transferir los propios. "Usos de las generaciones", otro de los cuentos, desarrolla una sorprendente historia cuyo eje es el "módulo tondeyo", un poliedro de veinte caras y forma ahusada que los habitantes de Isla Tondey manipulan con fruición. A diferencia de la panconciencia, el módulo sí es un invento, un objeto artístico que posibilita al narrador extenderse sobre la naturaleza del arte y a quienes lo usan, experimentar su efecto en el cuerpo y el ánimo.

El poder de la mente genera el conflicto en "Neutralidad": los "tránsfugas", habitantes de la mitad de una isla, inoculan flujo mental a sus vecinos de la otra mitad y por eso deben ser neutralizados. En "El fin de la palabrística" los habitantes de la superpoblada Ajania edifican altos monumentos humanos donde los atletas disciplinados escriben con sus cuerpos consignas que expresan deseos colectivos. La misteriosa desaparición de Viol Minago, inventor de la Palabrística, moviliza la historia. "Cuando aparecen Aquellos", historia de una amistad, se desarrolla en una isla caracterizada por ser en sí misma una puesta en escena. A lo largo de muchos miércoles de paseo, Talico y Multon se dedican mutuamente las actuaciones que mantienen durante horas de conversación ambulatoria. Se cuentan las películas inexistentes que vieron la noche anterior, mintiéndose en todo para juzgar por las respuestas también mentidas si se están entendiendo o no. La charla es un guión improvisado palabra por palabra y decodificado en los intersticios, con claves que se ofrecen y se retacean, silencios que informan más que lo dicho y respuestas que no llegan a preguntas que delicadamente no se repiten.

La pieza más clásica del conjunto, en cuanto al formato, es "Un montón de adjetivos". En la muestra de Leandra Chenán, que se lleva a cabo en Isla Brunica, se exhibe un cuadro que representa a una mujer, Melaní, y que tiene raro efecto en los espectadores, sobre todo masculinos. Cuatro hombres, a quienes la imagen de la mujer produce inquietud, invitan a salir a Melaní en busca de "eso" que el cuadro les ha provocado. Pero "eso" pertenece a la obra o, quizá, a la artista que la pintó. El cuento puede leerse así como una indagación sobre el modelo y la obra de arte.

La narrativa de Marcelo Cohen no cede a la impaciencia del lector ni acepta sostenerse en la promesa de un final. Los relatos de este libro renuncian a los méritos del cuento ortodoxo para convertir en méritos las cualidades opuestas. Son digresivos y están plagados de minuciosas descripciones que transcurren con morosidad. El milagro es que por algún motivo (que mucho tiene que ver con la naturaleza de lo que se cuenta), estas cualidades resultan necesarias. Los acuáticos exige lectores atentos, dispuestos a cambiar la atracción de la intriga por el lento deleite de reinventar la realidad.

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