La señora de los libros y su caballero

Beatriz de Moura fundó la editorial barcelonesa hace cuarenta años. Su compañero, Antonio López Lamadrid, la ayudó a consolidar el éxito de la empresa y, poco antes de morir, pudo celebrar en una fiesta la obra en común
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19 de diciembre de 2009  

Fue como en los films de grandeza, cuando el héroe triunfa y, en lo más alto de su reconocimiento, sucumbe, pero deja un legado perdurable. Ese tipo de historia emocionante, de la que el espectador sale esperanzado, los ojos dolidos y brillantes a la vez porque es el final que todos quisiéramos tener. En la primavera europea, Tusquets, la editorial barcelonesa, una de las más prestigiosas de lengua española, cumplió cuarenta años y su fundadora, Beatriz de Moura (Bea), lo celebró junto a su compañero, Antonio López Lamadrid (Toni), rodeados ambos por los escritores del sello y los colegas, en la hermosa casona donde trabajaron durante décadas. El jardín estaba florecido. A fines de septiembre, cuando empezaba el otoño, Toni murió.

El catálogo de Tusquets es de una calidad poco frecuente. Podría decirse que nunca publica un libro sin interés literario. Sus best sellers siempre fueron obras de calidad: un hecho absolutamente excepcional. Esa política empresarial respondió desde el comienzo al criterio y al gusto de Beatriz de Moura. Ella perseveró en difundir títulos de Milan Kundera, Henning Mankell, Nadine Gordimer, Marguerite Duras, J. M. G. Le Clézio, Ernst Jünger, Andreï Makine, Ian McEwan, Haruki Murakami, Eduardo Mendicutti, Arthur Miller, Czeslaw Milosz, Thomas Pynchon, Leonardo Sciascia, John Updike, Enrique Vila-Matas, Mario Vargas Llosas... La lista incluye autores argentinos como Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Héctor Bianciotti, entre otros.

Toni López Lamadrid pasó a formar parte de Tusquets en 1976. Hasta entonces había trabajado en el negocio textil, herencia familiar, pero lo abandonó por aburrimiento y empezó a colaborar con su mujer. Beatriz tiene un olfato literario de primera calidad, pero no la misma capacidad de Toni para las cuestiones financieras y comerciales. Él se convirtió en codirector de la empresa, la transformó en Sociedad Anónima, puso en orden las cuestiones económicas y la expandió. Pronto las virtudes combinadas de la pareja lograron que Tusquets impusiera un estilo en el mercado y, más tarde, tuviera filiales en la Argentina, México y Estados Unidos. Toni siempre le cedió a ella la representación pública de la compañía. Era consciente de que lo importante en una editorial es la literatura. La simpatía y el sentido del humor de los dos conquistaban a los escritores a los que trataban, de los que se hacían amigos, consejeros y protectores. Las ediciones con tapas de fondo negro y hermosas ilustraciones llamaron la atención y se impusieron de inmediato en las mesas de las librerías. El público se acostumbró al hecho de que, tras esas tapas, siempre había algo que merecía, por lo menos, hojearse.

Toni contaba con un as en la manga: su inclinación por la gastronomía. Tenía tres restaurantes. En La Balsa invitaba a periodistas, escritores y amigos. Las tertulias de sobremesa se prolongaban y los chismes y las novedades del mundillo literario español e internacional eran narrados por anfitriones e invitados en una competencia de gracia maliciosa. A los viajeros de paso por Barcelona, Toni no sólo les recomendaba lo que debían visitar en la ciudad, también los alertaba sobre los robos o pérdidas de tarjetas de crédito y les decía con una generosidad pasmosa: "Si te sucede, no dudes en llamarme. En cualquier lugar de Europa donde estés, te mando un giro". Y era cierto.

Entre 1995 y 2000, Tusquets tuvo dificultades. Para resolverlas, primero se vendieron parte de sus acciones a Planeta, pero Bea y Toni estaban acostumbrados a manejarse de un modo muy personal, de manera que volvieron a comprar lo que habían vendido. Poco después hubo otra venta: a RBA. De nuevo, el inquieto dúo no se sintió cómodo, se revirtió la operación y Tusquets siguió su trayectoria independiente. La editorial contaba con la fidelidad de muchos autores que sentían sus libros cuidados en forma especial por sus propietarios. Beatriz es una de esas editoras que, de verdad, lee a fondo a quienes contrata -por eso se granjeó la adhesión de Kundera-, y está siempre dispuesta a descubrir nuevas firmas. La combinación de un espíritu artesanal con un criterio comercial, que no excluye la calidad, fue lo que contribuyó a dar solidez a Tusquets en el siglo XXI.

La actividad de Toni no se limitaba a los aspectos económicos. Impulsó el lanzamiento de Andanzas, la colección de narrativa contemporánea española e internacional (hoy tiene más de 700 títulos), de Tiempo de Memoria, que publica libros de historias, biografías y memorias, y para el que creó el Premio Comillas que ganaron, entre otros, Jorge Edwards, Juan Luis Panero y Enrique Krauze. El nombre del certamen es un homenaje al marqués de Comillas, antepasado de Toni, pero por las características del concurso se puede interpretar como las comillas que encierran las citas históricas o las de memorias.

En la Argentina, tanto Bea como su compañero cultivaban muchas amistades. Entre los preferidos de él, estaba José Bianco. No se cansaba de escuchar anécdotas sobre Pepe, Adolfo Bioy Casares y el grupo Sur. Lo divertían la mezcla de espíritu criollo y cosmopolitismo de Victoria Ocampo, así como las excentricidades y ocurrencias de Silvina. Cada vez que pasaba por Buenos Aires, se reunía con sus conocidos y todos aceptaban presurosos sus invitaciones porque la vitalidad y el señorío de Toni aseguraban momentos de entusiasmo y camaradería. Esos rasgos animaron los festejos por el aniversario de Tusquets, a pesar de que él ya estaba muy enfermo. Una de sus últimas propuestas fue que los editores se aliaran para afrontar el desafío que significan los e-books . Pocos días antes de su muerte, Toni fue, una vez más, el alma de una reunión organizada en su casa. La caballerosidad no le permitía el desánimo.

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