La sutileza de los detalles

Autora de un libro de relatos, Caravana , y de una novela reciente, Los oficios , María Martoccia es una voz singular en la narrativa argentina. En esta entrevista habla de su preferencia por los personajes surgidos de la realidad y da cuenta de su fina capacidad de observación
(0)
11 de mayo de 2003  

Parece mirar la realidad desde el otro lado de las cosas. La sutileza es el encanto y el arma más certera de María Martoccia (Buenos Aires, 1957), una narradora capaz de dejar al desnudo la realidad sin demasiados alardes, logrando decir mucho con poco, a veces aun a riesgo de parecer superficial. "Uno de mis peligros es el de ser demasiado sintética -confiesa-. Admiro a los escritores que son capaces de repetir, yo no tengo esa capacidad". Por una parte, evita referirse a ella misma y a su obra; por otra, evita la evaluación definitiva, la aprobación o la condena de sus personajes de ficción, que se mueven con libertad, y proporciona material al lector para que se forme su propio juicio.

Vivaz y delicada, sus largas manos expresivas y su franca sonrisa la secundan cuando me cuenta que, al terminar la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, decidió viajar a España y, en Barcelona, conoció a quien hoy es su marido, inglés y profesor de lingüística. Se casaron en Inglaterra y juntos viajaron por Yemen, Tailandia, Malasia y Marruecos, países donde también vivieron. De esa experiencia surgió su primer libro de relatos, Caravana (Sudamericana, 1996), en donde dio forma literaria a personas y personajes que conoció durante esa travesía. El libro no pasó desapercibido; en él ya despuntaba la marca singular de su estilo, surgido de una fina observación que le permite captar cada detalle de la realidad. Recientemente, una prestigiosa editorial española le solicitó uno de esos relatos para incluirlo en una antología de cuentos.

Desde que regresó, hace unos seis años, Martoccia vive con su esposo y su pequeño hijo en San Marcos Sierra, a unos 20 kilómetros de Capilla del Monte (Córdoba), un lugar muy pacífico que le permite mantenerse lejos, al margen de la escena literaria, y muy cerca de sus pasiones ("leer, escribir, traducir y pensar en mis personajes"), a las que se suman el jardín, la huerta y sus animales: ocho gatos, varios perros y un caballo, Pegaso, que la lleva tres veces por semana al pueblo.

El proceso de la novela

Durante los tres últimos años, María Martoccia trabajó en la escritura de su nueva novela, Los oficios , que acaba de aparecer con el sello de Sudamericana. Martoccia elude explicaciones ("¿El argumento? No lo sé"), pero admite: "No soy de poner verdades sobre la mesa. Hay autores que primero buscan la verdad y luego al personaje. Para mí eso es absurdo. Yo construyo a partir de particularidades, no de una idea general. Siempre me preocuparon las particularidades, porque mi pensamiento, por decirlo de alguna manera, se va a manifestar a partir de las particularidades".

La primera escena de Los oficios se sitúa en la última celebración de la tradicional fiesta de Saint Patrick, que se realizó en Green Hills, famoso instituto de pupilos, modelo en Sudamérica, donde un grupo de anglosajones y otras personas de origen diverso se han reunido a tomar el té. La novela está organizada como una sucesión de escenas en que los personajes se presentan mediante los diálogos que intercambian o las revelaciones hechas por otros personajes. Martoccia logra que las relaciones entre los interlocutores se vayan deduciendo a partir de sus gestos y de sus amables conversaciones -en las que no falta el humor- y consigue trazar un cuadro aparentemente imparcial de un grupo de personas que habitan en La Cumbre, Córdoba. A medida que la novela avanza, la estabilidad o felicidad que parecía sugerir la escena inicial se revela como ilusoria.

Como en la vida de la autora, la presencia de los ingleses es un elemento determinante en la novela. La protagonista de la historia, Susie, adoptada a los seis años por unos maestros ingleses que vivieron en la Argentina, estudió enfermería en Londres y, después de ejercer su profesión en el Hospital Británico, lo hace en el Dispensario de La Cumbre. Traductora de sus padres adoptivos, sufre en silencio, obsesionada por conocer su origen. "Susie es un personaje al que no le tengo mucha simpatía. Ella resultó de una conjunción de varios referentes. Y le adjudiqué el marido que se merecía. Necesitaba confrontar esos dos mundos a través de ese personaje contradictorio que siente a la vez amor y odio por los ingleses y que intenta evitar, también, que sus hijos pierdan la riqueza de esa segunda lengua (Susie, por ejemplo, se empeña en corregir a la hija para que pronuncie bien), con todo lo que ello implica porque, si existe el imperio británico, es a través del idioma."

Bordado invisible

En la confitería de la Biblioteca Nacional, donde nos encontramos, Martoccia describe con detalles la llegada de una pareja, su comportamiento,y me explica por qué ocuparon una mesa determinada. "Es como si así les diese un lugar en el mundo", aclara, mostrando los hilos con que teje la trama de sus ficciones. Y al fin, confiesa: "Sigo a un personaje que me interesa y sin ningún pudor me lo apropio y lo uso. Los voy escribiendo. Son como relatos que se van adosando. Cuando armé Los oficios , sobre la base de esas observaciones hice luego un bordado invisible que es la literatura".

En este sentido, en Los oficios es preponderante el carácter visual y pictórico de las escenas, descriptas con minucia. "Observar es un largo ejercicio de toda mi vida que ya no puedo abandonar. Mis personajes son recortes, resúmenes de años de mirar la vida en Inglaterra y en La Cumbre. Veo esa pareja que se sienta e inmediatamente me fijo en sus gestos". En la novela, se percibe permanentemente esa mirada de la narradora que, en su rol de voyeur, enfoca a los personajes como desde la última fila de un teatro, hasta que acaban diciéndole cosas de sí mismos. "Yo creo que la literatura puede ser, a su modo, un estudio sociológico. En los cuentos de Caravana , escribí a partir de situaciones dadas; yo desentierro historias que trato de hacer comprensibles para el lector".

Los oficios concluye con la celebración del centenario de la reina madre de Inglaterra en una elegante residencia geriátrica de La Cumbre, vecina al club de golf. Cuando Susie regresa a su casa después de los festejos, recuerda una tremenda experiencia que vivió en la sala del neuropsiquiátrico de mujeres, donde había conocido a un médico muy particular. "Ese personaje, el médico, es mi padre en el Moyano -confiesa la novelista-. Si me dijeras: ¿Qué es lo primero que escribiste? Te diría que fue algo que escribí con mi padre. A él no le gustaba escribir aunque lo hacía muy bien. Una vez tenía que redactar unas historias clínicas y nunca las terminaba. Entonces, pica, pica, pica, le pedí que me las contara. Y con mi ayuda pudo terminarlas."

Personajes reales

Casi todos los personajes de Los oficios han sido creados a partir de personas reales. Muchos de ellos conservan incluso el nombre de quienes los inspiraron. Por ejemplo, en la realidad, Milan es un croata que vino a la Argentina en la época de Perón, los Williams son los familiares del único argentino que murió en el Titanic, Sylvia es amiga de Pasolini. "Para crear mis personajes siempre tengo que partir de un ser concreto, tengo que tener un soporte real. Luego les voy proyectando características que hacen que se conviertan en otra persona totalmente diferente de aquella que me dio el germen del personaje", declara. Así, Martoccia esculpe sus personajes a partir de seres reales, muchos de los cuales viven actualmente en La Cumbre.

"Yo necesito moldear, esculpir sobre una materia dada. Tengo este trabajo que armar, luego voy modificando, recortando. Pienso en el personaje como si viviera: qué le gustaría hacer, cómo se vestiría, qué le gustaría comer. Me acompaña por mucho tiempo, luego lo abandono."

María Martoccia compone con sus personajes un cuadro de la sociedad. En especial, le interesa manejar el registro de la diferencia, investigar las distintas formas de vivir, los diferentes intereses que tiene la gente, mostrar la dignidad de aquellas personas que luchan para sostener sus proyectos y sus profesiones. "Ahora vuelvo a escribir cuentos locales. Estoy escribiendo sobre los nativos y lo paradójico es que siento que son extranjeros. Con los europeos, uno tiene muchos puntos de contacto, pero los nativos son extranjeros de mi propia cultura, aunque tienen algunos puntos de contacto con los ingleses: el estoicismo y la austeridad. Otro problema que tengo es el de hacerlos hablar. El paisano no habla. Su conversación pasa por el laconismo y mi gran desafío es escribir sobre aquellos que no conversan."

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.