La vanguardia como victoria sobre el pasado

Cuadrado negro, origen del suprematismo, nació en una ópera con disparos de rifle
Pablo Gianera
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9 de septiembre de 2016  

El de 1913 fue el annus mirabilis de los escándalos musicales. El 31 de marzo, los detractores y los partidarios de Arnold Schönberg terminaron a las trompadas en el Musikverein de Viena en un concierto que recibió el justo nombre de Skandalkonzert. Dos meses después, el 29 de mayo, en el Théâtre des Champs-Élysées de París, La consagración de la primavera de Igor Stravinski recibió esa silbatina colosal que fue el anuncio de su éxito fulminante. Como conclusión, el 3 y el 5 de diciembre en el Teatro Luna Park de San Petersburgo se estrenó Victoria sobre el sol con idéntico tumulto. Este último caso, sin embargo, era un poco diferente.

La ópera (la "anti-ópera) en 2 actos y un prólogo de Mijaíl Matiushin, Alexei Kucrenij, Vladimir Jlébnikov y Kazimir Malévich era, a diferencia de las de Schönberg y Stravinski, una pieza decididamente de vanguardia. Ya la música inlcuía, al lado de canciones convencionales, poemas fonéticos y disparos de rifle. En un país que tuvo a Alexander Scriabin, no sorprende que se persiguiera una obra de arte total, sin límites entre arte y arte; en rigor, Victoria sobre el sol es un temprano caso de performance y de arte colaborativo: no es una obra musical, no es una obra visual: es una y otra sin ser ninguna, y ni siquiera es una obra.

El sol era la belleza -la "charlatanería vacía", según Matiushin- y por lo tanto el pasado, que debía asfixiarse. Ese mismo año, Kruchenij y Jlébnikov habían firmado el manifiesto "Una bofetada al gusto del público", muy en línea con la Victoria: "El pasado es estrecho [...] Quien no olvida su primer amor no vivirá el último".

"El proyecto se remonta a los años 1910 y 1911 y la elite intelectual de San Petersburgo. Esa gente mostraba ya mucho interés en el futurismo italiano y se veían como de «futuristas rusos ». Pero el futurismo italiano fue la llave para una futurismo sin formas." Eso dice Joseph Kiblitsky, uno de los curadores de la muestra de Proa y responsable de la reconstrucción de Victoria sobre el sol, en su duración original de una hora y cinco minutos, que se proyectará en el auditorio de la fundación.

Sin plata y con un piano desafinado como único instrumento, Malévich había pintado sobre el telón blanco un cuadrado negro. Era en realidad un elemento negativo: ese sol al que se quería atrapar. Cuando el cuadrado negro aparece en el segundo acto, la trama impone que se lo destroce. Detrás del decorado -del cuadrado- aparecía entonces otro sol, un segundo sol, el del futuro. Malévich se dio cuenta enseguida de las consecuencias de lo que había hecho. "Ese cuadro tendrá un gran significado para la cultura -le dijo a su amigo Matiushin-. Lo que se hizo inconscientemente está dando ahora frutos extraordinarios."

Jean-Luc Godard creía que si se miraba mucho tiempo una pared blanca algo terminaría apareciendo. Con el Cuadrado negro de Malévich pasa lo mismo, y Victori a sobre el sol, que fue su origen , es una de esas cosas posibles.

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