La vigencia de la pintura

Juan Manuel Sánchez y Nora Patrich rescatan una técnica que alcanzó su máxima expresión en la escuela mexicana.
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22 de octubre de 2000  

Es un acontecimiento de características inusuales encontrarse en una galería privada con una muestra de pinturas murales. La oportunidad de esta exposición queda demostrada por la reciente reunión de muralistas que se llevó a cabo en nuestro país. Dos son los artistas que despliegan aquí sus imponentes obras: Juan Manuel Sánchez y Nora Patrich, que están radicados en Vancouver, Canadá.

Larga y reconocida es la trayectoria de Sánchez desde que integró el Grupo Espartaco en la década del 50, junto a figuras como Carpani y Mollari. Ya desde entonces el grupo tenía esa obsesión mexicana por el arte mural, que marca el despuntar del arte moderno en nuestro hemisferio, pese a la resistencia de Herbert Read para ubicarlo entre las grandes fuerzas renovadoras del arte del siglo XX. No olvidemos que Jackson Pollock fue discípulo de Siqueiros en Nueva York, que ya practicaba la técnica del dripping (chorreado).

Sánchez atravesó algunos períodos bien definidos, a veces dejando el blanco de la tela como sustituto de su vigorosa línea negra que marca el dibujo. En su mayoría se trata de desnudos preferentemente femeninos, aunque en algunos casos están acompañados por una presencia masculina. En uno de sus trabajos, Nora Patrich también bordea sus figuras de ambos sexos con la línea negra, pero en los demás trabajos, el dibujo está absorbido por las vibraciones del color. El arte mural es arte de largo aliento. Para sostener esos espacios sin temblores se precisa un impecable oficio y una generosa inspiración. Estos artistas que nos visitan recuerdan la estatura de grandes obras murales como las de Glew, firmadas por Soldi y los frescos de César Bustillo, en el hotel Provincial de Mar del Plata.

( En Galería VYP, Arroyo 959, hasta el 26 de octubre. )

Dunsmore y el paisaje

Patricia Dunsmore tiene un bien ganado prestigio a partir de la creatividad de sus dibujos. En esta oportunidad, y sin salirse de la gama que va desde el blanco al negro, nos muestra una serie de pinturas que dejan ver el ocre del soporte y que tienen un clima comparable a las pinturas de Víctor Hugo, que no por poco conocidas, dejan de ser testimonio del genio francés.

Lo que Patricia logra en esta oportunidad es esencialmente un clima romántico cercano al de Emily Bronte y sus Cumbres borrascosas. También obras como El castillo podrían ser afines al Bleak House ( Casa sombría ), de Dickens. Estas referencias literarias podrían, mal interpretadas, restarles mérito a los valores estrictamente plásticos de Patricia Dunsmore. Nada más alejado de mi propósito.

( En Galería Lo Scarabeo, Vicente López 1661, hasta el 28 de octubre. )

Pincelada nerviosa

"Soy sólo un observador que a veces trata de ver a Buenos Aires con el color de la realidad", nos dice Scheffer en uno de los textos que jalonan su catálogo de la muestra que titula Contrastes .

Suponemos que los Contrastes a que alude Scheffer tienen que ver con el mundo de la abundancia y el de la marginalidad. Así, la cita de Eduardo Galeano de su libro Patas arriba : "...a estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden, mientras genera el desorden...".

De allí los temas de Scheffer: "Zona roja", "Chicos de la calle", etc. Lo que importa destacar es que en todos los casos el artista no pierde su plasticidad construida sobre la base de pinceladas nerviosas, plasmando figuras con técnicas mixtas o con óleo sobre tabla, como "El ruso".

Scheffer es un pintor cabal que juzgó oportuno "mendigar en el blanco de una tela". Sus inclinaciones literarias no le han restado a su fuerte vocación pictórica que capta como pocos la vida ciudadana.

( En Galería El Socorro, Suipacha 1331, hasta el 30 de octubre. )

Paisajes de la memoria

Una serie de paisajes pintados al óleo sobre tela nos muestra Mario Grillo, pintor uruguayo, para más datos nacido en Durazno. Frecuentador de los talleres de grandes maestros argentinos al nivel de Presas, Luis Barragán y Cogorno, entre otros, para Grillo el arte pictórico le ha revelado sus más íntimos secretos. Por ello y por el amor a lo que pinta (en particular la zona de sus orígenes), los paisajes de Grillo se nos instalan en la memoria del nervio óptico con la dulzura de los más gratos recuerdos.

Sabemos que practicar este arte en Uruguay es certificado de buen pintor. Grillo no desmiente esa gloriosa tradición, a la que imprime su sello personal y su aguda sensibilidad.

( En Trench Gallery, Juncal 1329, hasta el 31 de octubre. )

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