Biografías políticas

Los libros sobre las vidas de dirigentes y candidatos van del panegírico a la denuncia y se multiplican en época de elecciones
Astrid Pikielny
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23 de septiembre de 2011  

" Aún cuando me demuela, me engrandece", afirmó Nicolas Sarkozy cuando la escritora francesa Yasmina Reza le propuso acompañarlo durante un año de campaña presidencial para escribir su retrato. Sarkozy todavía era ministro del Interior de Francia y aceptó de buena gana, siempre convencido de que el peor riesgo en la vida es no correr ninguno. Reza, ubicada en las antípodas ideológicas del candidato, tuvo un acceso ilimitado a viajes, encuentros con jefes de Estado y reuniones de campaña. El resultado de ese largo año no fue una biografía en el sentido clásico (es decir, una que incluya la consulta exhaustiva de fuentes primarias y secundarias, el contraste de datos y entrevistas a allegados, amigos y adversarios) sino una sucesión de estampas del actual presidente de Francia.

Contar la vida de los otros y, en este caso, la de aquellos que participan del ajedrez político e influyen decisivamente en los destinos de un país es una práctica habitual en periodistas que buscan un modo propio y singular para abordar al personaje. De calidad y éxito dispar, autorizadas o no autorizadas, la mayoría escritas por encargo y algunas de ellas con pronta fecha de vencimiento, las biografías políticas encuentran lectores ávidos por conocer la intimidad del personaje y descifrar la trama del poder. "El público al que le interesa la biografía se interesa mucho por la política y tiene alguna idea sobre la dimensión del debate político e ideológico. Los libros que combinan investigación periodística y denuncia son más leídos por lectores varones, consumidores de periodismo impreso, que tienen entre 40 y 70 años", afirma Pablo Avelluto, director editorial de Random House Mondadori Argentina, aunque advierte que esa tendencia podría modificarse en el caso de La Presidenta. Historia de una vida , de Sandra Russo, "porque hay un clima de intimidad de dos mujeres que conversan". Aunque es difícil medirlo ahora, su autora admite que es un libro femenino: "Hay análisis de género. Nunca podría haber sido escrito por un varón y hay observaciones que no tienen que ver con lo biográfico sino con el periodismo de género".

Más condescendientes o críticos, más parciales o totalizadores, y en general controvertidos, los perfiles políticos reflejan la ambigua, conflictiva y necesaria relación entre el periodismo y el poder político en la Argentina. "Podríamos decir que es una relación de mutua desconfianza, porque a pesar de que para ganarte la confianza de las fuentes hay que trabajarlas y cultivarlas, siempre es bueno tener un umbral de desconfianza. La relación entre funcionarios y periodistas tiene un grado de tensión que no siempre se manifiesta y que aunque sea larvada, siempre está", explica Walter Curia, autor de El último peronista , una biografía sobre Néstor Kirchner nacida en el año 2003, en el inicio de su presidencia, y publicada tres años después. "Este libro surge como una necesidad porque Kirchner era prácticamente un desconocido y era alguien al que había que presentar. Recordemos que fue uno de los presidentes que llegó con el más bajo índice de votos y de conocimiento", agrega.

Si la lista de los retratados en tiempos de democracia recuperada incluye a Raúl Alfonsín, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Ramón Ortega, Elisa Carrió, Carlos Menem y Carlos Alberto Reutemann, entre otros, bien vale preguntarse qué elementos de una vida pública y privada pesan a la hora de considerar un retrato o perfil periodístico, y quiénes, en definitiva, justifican o "merecen" una biografía en el mercado editorial. "El primer criterio para publicar una biografía es que pueda interesar al público y que además aporte información adicional sobre el personaje, porque los diarios e Internet cubren estos perfiles, y escriben y reescriben estas biografías todo el tiempo -explica Avelluto-.Hay una cosa interesante y que está en el borde de la biografía que es ser testigo de la intimidad de estas personas, saber qué pasa en las reuniones, en los viajes y en los momentos de distensión. De qué habla el presidente o un poderoso cuando no está trabajando de poderoso. Y en el caso de los Kirchner esto se vuelve muy atractivo porque son celosos de su intimidad y a ella acceden muy pocas personas." Probablemente sea ésa una de las múltiples razones por las cuales Sudamericana incluye en su fondo editorial los perfiles realizados por Curia y Russo sobre Néstor y Cristina Kirchner, respectivamente.

"Nosotros apostamos a la biografía definitiva de los personajes: la biografía de Mauricio Macri escrita por Gabriela Cerruti es la biografía definitiva. En su momento El Otro , de Hernán López Echagüe, fue un título definitivo -explica Ignacio Iraola, máximo responsable de Grupo Planeta, editor habitual de biografías políticas con enorme éxito de ventas-. Es un momento político de tanta mediocridad y corrupción que allí donde haya un político estaremos haciendo un libro, aunque no todos merecen una biografía. El problema de este país es cuando se toman en serio políticamente a algunas personas. Daniel Scioli, Miguel del Sel y Macri no merecen una biografía. El peso y el valor de la biografía de Macri está dado por la autora, Gabriela Cerruti, que antes hizo la de Carlos Menem."

A pesar de que ya se han escrito y publicado tres libros acerca de ella, quien todavía no "merece" una biografía es la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.Así lo afirma Sylvina Walger, autora de Cristina. De legisladora combativa a presidenta fashion (Ediciones B), y aclara que lo que ella hizo no fue una biografía sino un retrato actual de Cristina. "La biografía no es para cualquiera y a esta mujer todavía le falta. Es una persona que, como dicen los psicólogos, tiene un falso self y se presenta con una personalidad distinta de la que verdaderamente tiene. Sé que tengo ojo para la impostura y ella siempre me pareció una impostora. Creo que nos ha hecho muchísimo daño", enfatiza.

Sin embargo, así como algunas biografías son un éxito de ventas, otras naufragan irremediablemente en el mercado editorial. Según Olga Wornat, cultora este género y autora de las biografías de Carlos Menem, Cristina Kirchnery Marta Sahagún de Fox (la esposa del ex presidente de México Vicente Fox, cuya biografía es el libro más vendido en la historia de ese país), aunque hay mucho de misterio, la tapa, el título, el enfoque y el timing del lanzamiento son fundamentales. "Una mala portada o un mal título pueden tirar abajo un libro. A la gente le entra mucho por los ojos", afirma desde Estados Unidos, sumida ahora en la escritura de la biografía del presidente mexicano Felipe Calderón.

" Ser o no ser , la biografía de Reutemann escrita por Gabriel Pandolfi, no atrajo como otras. Y la vida de Reutemann es interesante: media vida estuvo ligada al automovilismo y media vida a la política. Pasó de ser un personaje del jet set internacional a ser un político que pudo ser presidente solamente con haberlo querido. Pero el libro no funcionó y quizá fue un problema de timing ", arriesga Avelluto, confirmando cuán importante puede ser el sentido de la oportunidad.

Luces y sombras

Así como varían los motivos que impulsan a los autores a encarar una biografía, varían también las definiciones, las características y los alcances que cada uno de ellos le atribuye al género y un evidente desacuerdo asoma entre los consultados. Hernán Cappiello, autor de Colorado (Planeta), dice que se propuso hacer un perfil periodístico de Francisco de Narváez; Julia Constenla -autora de las biografías de Alfonsín, Ernesto Sabato, Che Guevara y Celia de la Serna, la madre del Che- se asume como una biógrafa que necesita sentir empatía y respeto por su biografiado; Walter Curia sostiene que su libro sobre Kirchnercombina elementos de una biografía y de una crónica; Sylvina Walger aclara que la Presidenta "no merece una biografía" y que por eso ella hizo un retrato de la Cristina actual (basado en la información provista por Olga Wornat en su libro Reina Cristina ); Sandra Russo explica que nunca se propuso hacer una biografía porque eso implica una exhaustividad que no estuvo en sus planes, y Pablo Avelluto, editor del libro de Russo, afirma que a tal punto se escucha la voz de Cristina en distintos tramos del libro de Russo "que es casi un libro en coautoría; es una biografía y es también una autobiografía".

El año 2009 concluía de manera sorpresiva, con resultados electorales adversos para el oficialismo. Francisco de Narváez, un empresario con escasos antecedentes en el mundo político, triunfaba en la provincia de Buenos Aires sobre las listas testimoniales del experimentado Néstor Kirchner y la pregunta inevitable se imponía: "Después de la victoria, ¿qué?".

"De Narváez estaba haciendo su lobby frente a los poderes públicos para tratar de conseguir un fallo de la Corte Suprema que le permitiera presentarse como candidato a presidente, coqueteaba eventualmente con la idea de ser candidato a gobernador pero en su agenda estaba primero intentar ir por las presidenciales y debía definir qué hacer después de la victoria. En ese sentido, el libro hoy está desactualizado. Ahora bien, si la pregunta es si Narváez dejó de ser el del libro tengo que decirte que no. Es el del libro y cada vez más", cuenta Hernán Cappiello, autor de Colorado , un perfil periodístico exhaustivo que abarca todas las etapas y las facetas del ex dueño de Casa Tía e incluye varias entrevistas al biografiado, a adversarios políticos, allegados y ex colaboradores.

Aunque Cappiello se propuso elegir diez o quince fotos que sintetizaran la vida de su biografiado y lo anclaran en el momento posterior a la victoria, después descubrió otras que enriquecieron la idea original y fueron incluidas en el libro. "Lo que rescato de Colorado no son sus virtudes literarias sino sus virtudes periodísticas y la honestidad de haber hecho un perfil periodístico profesional: haber hablado con todos y hablado con él, sin la intención previa de denostarlo o ensalzarlo, y que él haya tenido posibilidades de responder. Es mi mirada personal sobre el personaje, pero está hecho con técnicas periodísticas, ni a favor ni en contra", concluye.

Hernán López Echagüe es el autor de El Otro , una biografía política de Eduardo Duhalde que sacudió los años noventa con graves acusaciones, se convirtió en un éxito editorial y culminó con el recordado llanto de Duhalde y su familia en un programa televisivo. La investigación sobre el político, afirma López Echagüe desde Uruguay, país en el que vive desde hace varios años a raíz de la publicación de ese libro, "nació primero por curiosidad, porque había muy poca información sobre Duhalde y la que había era la información oficial. Se comentaban muchas cosas pero cuando uno iba a los archivos a ver qué había, no encontraba demasiado".

Cuando el periodista trabajaba en Página/12 , algunos políticos llamaban a la redacción con la propuesta de tomar un café o tener un encuentro. "Yo me negaba. Lo que quería era hacerle una entrevista y no tomar un café. Esa actitud díscola me trajo más de un problema", afirma y cuenta cómo es en su caso la relación con las fuentes políticas. "Una buena investigación debe prescindir de las voces del poder y de las voces oficiales, movidas en general por intereses políticos."

La publicación de aquella biografía, cuenta López Echagüe, tuvo consecuencias legales y judiciales: una sucesión de demandas que terminó finalmente con la prescripción de la querella por calumnias e injurias iniciada por el político, decretada por la Corte Suprema en octubre de 2010. Y llegó también un cambio radical en la vida personal y laboral del autor: "Vivíamos con amenazas y custodios así que nos tomamos una lancha colectiva en el Tigre y cruzamos a Uruguay. Se cerraron muchas puertas en el periodismo, yo tenía fama de ?denunciator'. Hoy vivo de mis libros y de los talleres que dicto".

Si bien en el abanico de las biografías publicadas están aquellas que no ocultan la afinidad ideológica y política con un determinado personaje o modelo, también están las que a pesar de su identidad política aspiran a mostrar las luces y sombras del biografiado y las paradojas y contradicciones de ese personaje en su contexto. "Uno observa libros que han perdido el equilibrio y son manifiestamente críticos o manifiestamente opositores, en el sentido de que no tienen una mirada amplia sobre el personaje. Cuando uno está frente a ese personaje hay que tratar de verlo en su totalidad, con lo bueno y lo malo, más allá del propio edificio ideológico", opina Curia y explica el proceso por el que suele pasar todo aquel que encara un trabajo de este tipo. "Cuando uno escribe una biografía, hay un proceso de ?enamoramiento' del personaje. Un pensador se refirió alguna vez a un proceso de ?enamoración', que incluye el amor y el odio al mismo tiempo. Y cuando uno trabaja en una biografía, queda envuelto en una cosa emocional de la que hay que tratar de despegarse permanentemente".

Cristina , protagonista

Si hay una figura pública que desde 2005 hasta la actualidad ha generado infinidad de perfiles periodísticos en los medios, tres libros y algunas polémicas entre sus autoras, ella es Cristina Fernández de Kichner. El primero, Reina Cristina , de Olga Wornat, fue publicado en 2005, en plena presidencia de su marido, cuando se autodenominaba "primera ciudadana" y no se avizoraba todavía la posibilidad de que fuera candidata. Cristina. De legisladora combativa a presidenta fashion , de Sylvina Walger, se publicó cinco años después y sus críticos le adjudicaron una larga lista de adjetivos: falso, impiadoso, injurioso y encarnizado. Y La Presidenta , de Sandra Russo, cuya fecha original de publicación era marzo de este año, fue finalmente escrito después del fallecimiento de Néstor Kirchner, publicado dos meses atrás, ya con la candidatura presidencial confirmada y días antes de las elecciones primarias. "La primera entrevista con Cristina la tuve en septiembre. En octubre murió Néstor y todo quedó en el aire. Incluso le propuse a la editorial rescindir el contrato. Desde Presidencia me decían que continuara trabajando y que en algún momento iba a poder entrevistarla. Por fin, hicimos la última entrevista en mayo de este año, en México, y me encerré para terminar el libro. Este año en cualquier momento iba a coincidir con algo: con la Feria del Libro, con las elecciones. Es un libro para este año y este año es un año electoral", dice Russo cuando se le pregunta por el uso político o proselitista que pudo haber tenido el libro.

Olga Wornat coincide con Julia Constenla cuando afirma que cada personaje es diferente y exige distintas técnicas, pero aclara que tiene un método en particular que aplica a todos: bucear en la prehistoria de ese personaje ahora público porque allí se encuentran las claves que permiten descifrar al biografiado. "En la escritura de una biografía no me quedo con la entrevista solamente, voy siempre para atrás, voy a los orígenes, sobre todo porque en ellos uno puede encontrar muchas cosas que tienen que ver con actitudes y aspectos de la personalidad de ese personaje. Y en todos los casos me sirvió porque las personas públicas tratan de ocultar -como todo el mundo, por otra parte- sus vidas y lo que no les gusta de ellas. A mí me interesa contar la historia detrás del personaje. Las acciones son consecuencia de la vida personal, de la niñez, del entorno en el que nos criamos, de la relación con los padres, sin por ello ponerme en el lugar de psicóloga. Partir de una vida política no dice mucho."

Tanto Olga Wornat como Sandra Russo reconocen que parten de una identificación o afinidad con su biografiada, que en el caso de Wornat incluye años de militancia y estudios universitarios compartidos en La Plata durante la década del 70. "A pesar de la empatía, yo fui a los orígenes y busqué otras voces que a la biografiada pueden no gustarle. Si uno no hace eso, termina siendo la propagandista o la jefa de prensa del personaje. Si el personaje quiere eso, que haga su autobiografía o sus memorias, como lo hacen muchos presidentes o ex presidentes. Mi libro, visto a la distancia, no fue tan condescendiente como algunos periodistas decían que era en ese momento."

Con los tres libros publicados sobre Cristina, distintos en sus tonos, estructuras y enfoques, es válido preguntarse cómo dialogan estos materiales entre sí. "Son cosas diferentes y con esto no digo que lo mío es mejor. Cada una le dio el enfoque que le quiso dar o le pareció más conveniente o que le interesó indagar. Yo entrevisté mucho a Cristina y la conozco bastante, así que el libro de Sandra Russo no me aportó cosas en lo personal. No es ni bueno ni malo, pero no me aportó cosas nuevas. Se basó exclusivamente en el personaje y su opinión. Yo no me quedé con la entrevista, cosa que sí hizo Sandra -continúa Wornat-. El de Sylvina no es una biografía, sino un retrato. A mí no me gustó el libro. Ella tiene todo el derecho a tener la mirada que quiera pero me pareció muy impiadosa, casi misógina", afirma y aclara que no existe una guerra de biógrafas ni una guerra con Sylvina Walger,como dicen algunos medios. "Nuestra amistad no se rompió por la política ni por el libro sino por algo exclusivamente personal y ella lo sabe, por eso no es bueno deformar las cosas. Sí me molestó que hablara mal de mí en su libro y además lo dejara por escrito. Eso no se hace y no tiene nada que ver. Menos cuando hemos compartido tantos años de amistad. Yo no hago una biografía para hablar mal de otro autor", concluye.

Sandra Russo también hace pública su posición política, revela desde dónde escribe y no oculta su identificación con el modelo kirchnerista. Esa cercanía con el proyecto encarnado por Cristina Kirchner no condiciona, afirma, el resultado final de su trabajo..

"El estar identificado con algún modelo no te nubla la inteligencia, la percepción ni la creatividad. Posiblemente te predisponga, como nos pasa a todos en todos los órdenes. Pero ahí está también el trabajo crítico con uno mismo. Técnicamente yo no escribí una biografía y nunca tuve en mente hacerlo, aunque incluso la editorial la haya promocionado como tal. Cuando pienso en biografía, pienso en exhaustividad y yo en ningún momento tuve ganas ni me planteé hacer un relato exhaustivo sino escribir un libro sobre la historia de Cristina -explica-. Es un libro de autor, toma partes de la vida de ella que me parecen importantes de acuerdo con mi propia mirada. En ese sentido, no quiero hacerme cargo de cosas que no están o están demasiado marcadas y que tienen que ver con la historia que yo quise contar sobre la base de material duro que sí investigué. Nunca quise que éste fuera un libro de desmentidas porque no quería trabajar con ejes ajenos. Si yo me hubiese planteado un libro para desmentir todo lo que dice (Luis) Majul en sus libros, hubiese sido rehén del eje que me pone Majul. Y yo me sentí libre creativamente para escribir lo que me diera la gana", afirma Russo y se ríe cuando la cronista le recuerda que Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, encontró en su libro reflexiones parecidas a las de La razón de mi vida , de Eva Perón. "Yo no soy peronista. Eso me da mucha libertad para mirar a Cristina porque no la miro desde un adentro, sino desde otro lugar. Yo no participo de ninguna liturgia peronista y no leí La razón de mi vida. "

En la postura opuesta a Russo y Wornat,se encuentra el libro escrito por Sylvina Walger, un retrato de Cristina que la muestra sumisa, subordinada al marido y con poca autonomía, perfil que la realidad desmiente hoy, cuando Cristina se asume como gestora, candidata y probable ganadora en las próximas elecciones. "Es que ella es arcilla en manos de la persona en que confía. Es absolutamente moldeable y es notable su enorme capacidad de absorción. Es una esponja. Acá todo el mundo le echa la culpa a (Carlos) Zanini y yo creo además que acá está (Horacio) Verbitsky, que es más inteligente que Zanini", sostiene sin rodeos, admite abiertamente su arbitrariedad y remata: "Sí, soy terrible. Soy la persona más arbitraria que conozco y eso podés ponerlo en la nota".

Inexistente en otros países de América latina, la tradición de la biografía política se encuentra fuertemente arraigada en la Argentina, donde las biografías se encargan, se publican y se consumen al ritmo de los vaivenes políticos y los tiempos electorales. Algunos de sus autores se sienten reflejados en las palabras del maestro del periodismo y exquisito autor de biografías Jon Lee Anderson. "La realización de un perfil está íntimamente ligada con el sentido de la justicia. En mi afán de objetividad, trato de ser justo con el personaje, mostrando un interés sincero y honesto". Otros, probablemente, no puedan decir lo mismo.

LOS NUEVOS VIENTOS

Así como el kirchnerismo se jacta de haber comandado reformas estructurales en la política y la economía, vientos de cambio parecen haber llegado también al mundo editorial. A diferencia de una tendencia histórica en la que los libros de mayor venta y repercusión solían ser los "opositores", críticos y de denuncia al oficialismo de turno, con el kirchnerismo surge un corpus de textos que defienden, comparten y realzan "el relato" oficial o el punto de vista del gobierno, con gran éxito de ventas. Es el caso de los libros escritos por José Pablo Feinmann, Ricardo Forster y Aníbal Fernández.

Según Pablo Avelluto, esto es novedoso, porque no hubo en la época de la Alianza libros que defendieran a la Alianza, y tampoco hubo libros que defendieran al menemismo durante el menemismo. "La editorial ha puesto una pata en ambos universos o públicos. A la editorial entra Sandra Russo y sale Beatriz Sarlo; entra el Tata Yofre y sale Verbitsky. Creo que las editoriales pudimos atravesar bien este momento de tanta conflictividad y división tratando de trabajar y publicar para diferentes públicos", explica Avelluto, y refleja esta buena y rendidora convivencia entre kirchneristas y antikirchneristas en una misma editorial, algo impensado hoy en el mundo del periodismo, donde las aguas se encuentran más divididas. "En estos tiempos, escribir en un determinado medio te sitúa, te define, algo que no pasaba antes, cuando uno podía escribir en varios medios simultáneamente. Nosotros no hemos quedado tan situados en un debate maniqueo. En estos días leí una nota de Mempo Giardinelli en La Nacion, lo cual es una excepción en el diario, y uno ve el esfuerzo que se hace para tener una voz kirchnerista en un diario que prácticamente no la tenía. Y lo difícil que debe ser conseguirlas, porque probablemente algunas de las respuestas sean yo para ese diario no escribo, no contesto'."

Iraola coincide con Avelluto cuando sostiene que las editoriales han pasado a ser los únicos lugares donde impera cierta diversidad de voces y posiciones políticas e ideológicas. "Las editoriales son el último resquicio pluralista que hay acá. Nosotros publicamos todo, a Feinmann, a Aníbal Fernández, a Majul, a Wornat. A principio de año publicamos el libro de Feinmann y el de Fernández, y nos llamaban acusándonos de ser una editorial oficialista, una ridiculez total cuando en Planeta tenemos una tradición de denuncia. Y cuando publicamos a Majul en 2010, nos acusaban de antikichneristas."

A pesar de esta buena convivencia editorial, una de las cuentas pendientes para Pablo Avelluto es lograr que ambos sectores debatan en un mismo libro y presentar a un referente kirchnerista y a uno no kirchnerista que se respeten y que puedan discutir. "Para la gente un debate hoy es algo en lo que uno gana y otro pierde. Lo más parecido a eso fue la presencia de Sarlo en 6, 7, 8 . Así como creo que el libro de Sarlo es un buen libro para que lo lean los kirchneristas, creo que el de Russo es un buen libro para que lo lean los no kirchneristas."

Para Iraola, el mejor desafío para este momento sería hacer una muy buena biografía sobre Sergio Schoklender "denunciando absolutamente todo, pero tiene que ir más allá de lo que hizo con las Madres de Plaza de Mayo".

JULIA CONSTENLA, LA ULTIMA ENTREVISTA

Entre los entrevistados para esta nota estuvo la recientemente fallecida Julia Constenla. Muy respetada y querida en el ambiente, la periodista trabajó en la revista Gente , fue interventora en Radio Belgrano y escribió la biografía de Raúl Alfonsín y la del Che Guevara.

En la que sería su última entrevista, ella admitió que para embarcarse en una biografía, con el trabajo exhaustivo que eso supone, necesitaba sentir mucho respeto por su biografiado.

"Me estimula que los demás sepan cómo se construye una figura respetable. Tengo que sentir alguna empatía con el biografiado y soy muy rigurosa con la búsqueda de información. No me basta una fuente o una memoria, ni siquiera la mía, y trato de tener un panorama lo más completo posible. Si hay zonas oscuras en esa persona, las muestro", sostuvo.

Constenla aclaró también que hacer denuncias o descubrir misterios sórdidos no era lo suyo. "No digo que esté bien o mal. Yo, simplemente, no sé hacerlo."

Según la periodista, así como no hay recetas para la escritura, tampoco las hay para la confección de una biografía, porque el hecho de que cada historia de vida sea única y singular exige que quien la escribe despliegue técnicas y cuidados específicos y se adapte según el caso.

A modo de ejemplo, relató los procesos de escritura de la biografía del Che Guevara, de la de la madre del líder guerrillero, Celia de la Serna, y de la del ex presidente Raúl Alfonsín.

"En la biografía de la madre del Che tenía que evitar que el hijo se tragara el libro, porque obviamente me encargaron el libro sobre ella porque era su madre. Pero su historia de vida es muy atractiva: es la historia de una mujer libre y autónoma, nacida en 1910, que crió a su hijo como le hubiera gustado ser criada a ella. En la biografía del Che apelé a las fotografías para evitar que el mito se tragara a la persona -explicó-. En la de Alfonsín tuve que desentenderme del hecho de que él me parece el estadista más importante de la segunda mitad del siglo XX en la Argentina. No lo tenía que plantear así, sino como un militante radical que llegó a ser presidente de la república. Son modos distintos de encarar el trabajo", dijo.

LOS MAS VENDIDOS

En los años 90, las figuras de Carlos Menem y Eduardo Duhalde ocuparon el centro de la escena en el mercado editorial de las biografías.

El Jefe, la biografía de Menem escrita por Gabriela Cerruti, y El Otro , sobre la figura de Eduardo Duhalde, escrita por Hernán López Echagüe, encabezan la lista de las biografías más vendidas durante el período democrático, secundadas ahora por La Presidenta , de Sandra Russo.

Otras biografías que muestran buen desempeño en el mercado editorial son El Pibe , sobre Mauricio Macri, escrita también por Cerruti; Reina Cristina , de Olga Wornat; Cristina , de Sylvina Walger, y El último peronista , de Walter Curia.

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