Las voces de la vida

Carlos Ruta
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22 de junio de 2012  

En proximidad con las intenciones de Montaigne, Flaubert aconsejaba a un amigo sobre cómo acercarse a los célebres Ensayos :" ? no lo leas como hacen los niños, por diversión, ni tampoco como los ambiciosos, para instruirse. No, debes leerlo para vivir". Esa pretensión de anudar el saber y la escritura a la vida ha recorrido todas las culturas y ha descubierto en el tiempo múltiples figuras. Allí se ha conjugado siempre, en sintonías diversas, el doble rostro de su realidad: un saber para vivir arraigado en el saber de la vida; para comprender sus dimensiones, su profundidad, la diversidad de sus modos; para aprender a discernir hasta los signos más tenues de su presencia como en las marcas que dejaban en la Antigua Roma los artesanos anónimos del ladrillo. Esas huellas hablaban de aquellos obreros para nosotros ignotos, quienes así nos decían "existo", como la señal más urgente que un esclavo podía emitir de sí mismo. Pero a su vez, esas marcas ponían de relieve lo que se esconde en la tarea de esa cadena milenaria de manos: allí se expresaba una forma arriesgada de pensar y vivir que en la materialidad de los gestos modificaba paulatinamente las cualidades de aquel arte. Sin embargo, para entender esos modos de la vida es necesario acercarse a la comprensión material del ladrillo y su larga historia que recorre unos diez mil años.

Hoy sigue siendo un desafío para la inteligencia abrirse a la pluralidad de voces que nos hablan de la vida, con acentos venidos de culturas y tiempos diversos, con tonos multiformes acordes a disciplinas distintas. En este intento se inscribe el coloquio "Configuraciones de vida" que la Unsam ha desarrollado durante tres días con invitados no sólo de disciplinas diversas, sino incluso provenientes de distintos continentes y culturas. Para los jóvenes que participaron fue posible escuchar y dialogar con las tradiciones provenientes de historiadores, antropólogos, sociólogos, diseñadores, teólogos, médicos, filósofos. El desafío era la complejidad de un diálogo que nos permita aproximarnos a redescubrir un abanico de los modos diversos de la vida: recorrer desde la tradición hindú y china hasta la realidad contemporánea de los pueblos originarios de América o conocer los modos de comprender el futuro en la Rusia soviética; incluso tratar de entender la lucha por darle un modo genuino al existir en el África de hoy. Este amplio espectro tan sólo es un gesto y una provocación al saber, una invitación al esfuerzo y la humildad necesarios para acercarse a comprender el insondable destino del hombre que se encarna en una infinidad de figuras diversas. Puede que así nuestros jóvenes aprendan en su experiencia la riqueza que inunda al saber cuando se anuda a la vida y alcanza su plenitud en comprensión y sabiduría.

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