Los dos lados de la sátira

NIÑOS MUERTOS Por Martín Amis-(Anagrama)-Trad.: Marta Heras-286 páginas-($ 49)
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4 de mayo de 2003  

Niños muertos es la segunda novela de Martin Amis. Publicada originalmente en 1975, fue recibida con cierto escándalo. La historia se desarrolla durante un fin de semana, cuando un grupo de jóvenes se reúne en una vieja casa de campo de las afueras de Londres -la rectoría de Appleseed- para entregarse a las drogas, el alcohol y el sexo.

A mediados de los setenta ya no quedaba espacio para los discursos optimistas acerca del amor libre, el uso de las drogas y otros excesos, de manera que la novela se concentra en la descripción de un infierno que acaba por devorar a sus ocupantes. Los diálogos cansados, el voluntario encierro, la falta de brillo y personalidad de los personajes hacen pensar en una versión extrema de Gran hermano .

"En la sátira -escribió Italo Calvino- hay un elemento de moralismo y un elemento de burla. Yo desearía que ambos elementos me fueran ajenos, sobre todo porque no los estimo en los demás." Amis, en cambio, acepta los dos lados de la sátira. Por un lado busca irritar con un catálogo de depravaciones; por otro, deja un innecesario mensaje moralista sobre los problemas que acarrean los excesos.

El texto de contratapa menciona con justicia dos fantasías de encierro criminal: Los 100 días de Sodoma , del Marques de Sade y Diez indiecitos , de Agatha Christie. Este último libro está presente sobre todo en las últimas páginas, cuando Amis saca de la galera un desenlace de novela policial. No hay como un asesino serial para conseguir un final contundente.

Martin Amis nació en 1949. Su padre era Kinsgley Amis, prolífico escritor del que heredó el gusto por la sátira. Autor de varias novelas ( Dinero , Campos de Londres , La flecha del tiempo, La información , Tren nocturno ), Amis decidió abordar la autobiografía a la temprana edad de cincuenta años. Su libro de memorias, Experiencia , está centrado en la figura de su padre, en sus ambiciones literarias y sus problemas dentales. En todas sus novelas se vio obligado a ser ingenioso y mordaz; en sus memorias, en cambio, practicó la ingenuidad.

Niños muertos dio origen a una película inglesa (William Marsh, 2001) que no contó con el favor del público ni de la crítica.

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