Los farmacéuticos, lejos del laboratorio

Están entre los que sufren mayor desempleo
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27 de agosto de 2001  

Ni el mostrador de la farmacia ni el laboratorio de análisis clínicos les garantizan hoy trabajo a los 16.000 farmacéuticos y a los 10.000 bioquímicos que hay en el país.

La disminución de la demanda, con farmacias que cierran y laboratorios privados que no pueden resistir los embates de fusiones y de estructuras en redes, son el principal freno a la forma tradicional de ejercer estas carreras.

Una encuesta de la Sociedad de Estudios Laborales, de agosto de 2000, encargada por el Ministerio de Educación, arrojó un 17% de desocupación para los egresados de Farmacia y Bioquímica. Sólo los superan los graduados en Comunicación Social y Periodismo (20,4%).

Las carreras de Farmacia y Bioquímica, donde existen ambas, tienen un ciclo común y luego se bifurcan.

Alrededor de 25 universidades, entre nacionales y privadas, dictan una de las dos carreras, con una característica particular: el 66% de los alumnos son mujeres.

En el caso de la bioquímica, la incorporación de tecnología y la automatización de los laboratorios ha desplazado a estos profesionales de su salida laboral más típica: la de los análisis clínicos. "Sufrimos los avatares de todos los profesionales de la salud, con el agravante de que nuestro trabajo ha sido reemplazado en parte por máquinas", dice el doctor Carlos Longo, del Colegio Oficial de Farmacia y Bioquímica de la Capital Federal.

Claro que la carrera tiene un alcance más amplio, que abarca aspectos de la industria, la biotecnología, la toxicología, el medio ambiente.

Longo cree que se deberían impartir carreras más cortas y más específicas para responder a nuevas demandas y acceder, por ejemplo, a mejores remuneraciones, superadoras de los $ 400 mensuales por los que hoy los laboratorios contratan a un bioquímico.

Cambios

Regina Wikinski, decana de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, dice que en ambas carreras se trabaja en reformas curriculares para adaptarlas a las nuevas realidades.

"Se cierran algunas puertas, pero se abren otras. Se agregaron la biología molecular, los métodos de diagnóstico para enfermedades genéticas; crecimos hacia otras áreas, como la biotecnología, la bioquímica vegetal, la microbiología básica, y estamos integrando más la investigación básica y la clínica", se entusiasma.

En el caso de Farmacia, el cambio curricular apunta a enfatizar el papel del profesional en todo lo referido al uso adecuado de los medicamentos. Esta es la orientación que tiene la carrera de Farmacia de la Universidad de Belgrano, según explica Marcelo Jorge Vernengo, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y de Ciencias de la Salud.

"El éxito de la formación depende hoy de la diferenciación individual. Lo que necesita la industria son jóvenes que aporten ideas novedosas. Esto genera el cambio de perfil profesional y el replanteo de las incumbencias", asegura Héctor I. Giuliani, presidente de la Asociación Argentina de Farmacia y Bioquímica Industrial, que cuenta con 900 socios, entre farmacéuticos y bioquímicos. En la Capital Federal y sus alrededores se concentra la mayor parte de las 230 industrias farmacéuticas del país. Los graduados trabajan en hospitales, en organismos públicos de regulación y control, en docencia y en consultorías farmacéuticas.

Pero la gran mayoría se emplea en alguna de las 12.000 farmacias que hay en el país, con sueldos iniciales que rondan los $ 1100 para 8 horas de trabajo, que pueden bajar a $ 700 o $ 800 en las provincias.

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