Los museos cierran el año a toda orquesta

Juana Libedinsky
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12 de diciembre de 2001  

“Cajero automático” y “250 pesos” no serán lo único que se recuerde de este fin de 2001. Porque dos platos muy fuertes dan un cierre a toda orquesta para un año que llamó la atención por la oferta artística y su respuesta en el público, en plena crisis y cuando pocos lo esperaban.

Pasado mañana llegará al país Sol Le Witt, uno de los artistas norteamericanos más importantes del siglo XX, para inaugurar seis murales hechos especialmente para la Fundación Proa y conversar sobre un proyecto público para la Ciudad.

Y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) lanzará hoy su primera muestra temporaria “Políticas de la Diferencia”, considerada la mayor exposición de arte iberoamericano de los últimos tiempos, cuya producción española podrá verse en el Centro Cultural Recoleta.

Todo esto en un año en el que pasaron 90.000 personas por el Malba en los tres meses de vida, y en el que el Museo Nacional de Bellas Artes, con muestras multitudinarias como De Picasso a Barceló y Rodin, espera superar la marca del año último de 1.200.000 personas. Y en el que 1.316.968 visitantes ya pasaron por el Centro Cultural Recoleta, que se lució con muestras como “Vanguardia rusa” o su parte del gigantesco “Brasil 500 años”, exposición que se distribuyó por distintas salas de Buenos Aires en los primeros meses del año y que sólo llegó al Guggenheim de Nueva York en los últimos días.

Además, el Museo Roca ayer conmemoró sus cuatro décadas con la restauración de su fachada y los retratos del prócer. También se organizaron exposiciones de fotos de la Campaña del Desierto y de caricaturas ampliadas de Caras y Caretas.

Por su parte, el Museo Nacional de Arte Decorativo decidió celebrar las fiestas con un proyecto ambicioso: artistas de primera línea, como Josefina Robirosa, Ary Brizzi, Luis Felipe Noé y Clorindo Testa, armaron sus propios “árboles de la paz”. Pueden visitarse gratuitamente entre coros infantiles que entonan villancicos y relatos de cuentos alegóricos.

La semana próxima se vienen los concursos: las obras seleccionadas en dos de los más importantes del país, el Premio Banco Nación y su par del Banco Ciudad, podrán verse en el Centro Cultural Recoleta y el Museo Nacional de Bellas Artes, respectivamente. Hoy se entregan los premios del Fondo Nacional de las Artes a Justo Solsona, Leopoldo Presas y Renata Schussheim, entre otros.

Y con una exposición (y la presencia) de todos los artistas del interior que participaron del ciclo “Ojo al país”, que se realiza en el Centro Cultural Borges desde hace tres años, se celebrará pasado mañana el aniversario del programa.

Así termina un año bastante más expansivo que lo esperado para el mundo del arte. Entre las galerías, una de las jugadas principales fue la apertura de un centro de lujo como “Mamman”, a pocas cuadras del Malba. Pero, al mismo tiempo, fue notable la cantidad de convocatorias multitudinarias, muchas de las cuales fueron diseñadas para atraer a un público nuevo. Entre ellas se destacan Arte BA, Expo Trastienda, Proarte, Gallery Nights y la Saratón, que hasta llegó a la zona norte con su recorrido de artistas “accesibles”.

“Creo que ante la desesperación se agudiza el ingenio, y se buscan más y nuevas maneras de aproximarse a un público que no es el pequeño grupo que siempre está interesado”, explicó a LA NACION Américo Castilla, gerente cultural de la Fundación Antorchas.

Pero la iniciativa no fue sólo de marchands que buscaban vender. Hasta la Academia Nacional de Bellas Artes amplió su espectro con la primera edición del Seminario de Cultura Contemporáneo, que contó con estrellas internacionales, como Gianni Vattimo, que tentaron a más de un outsider.



“Queremos traer más gente para un discurso crítico e inteligente”, señaló a LA NACION la presidenta de la institución, Rosa María Ravera.

Para Ravera, la gran afluencia de público –como los 200.000 visitantes de la muestra de Picasso en el Teatro Argentino de La Plata– no se explica como un mero escapismo de la realidad agobiante.

“Más bien, es la necesidad de explotar ese potencial espiritual y creativo que está en todos y que parece superfuo, pero que en momentos de crisis se descubre como esencial”, señaló.

Para Castilla una evaluación del año deja al Malba a la cabeza. “Fijó el estándar de que no se puede habilitar un galpón y decir es un museo ”, dijo.

Pero aclaró que queda mucho por hacer: “Después de este año seguimos en el debe. Tenemos artistas que están a la cabeza del mundo. Faltan estructuras serias para sacarlos adelante”, concluyó.

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