Los que eligen celebrar en las mesas de los más necesitados

Unos 300 voluntarios participaron de los almuerzos realizados en cuatro iglesias
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26 de diciembre de 2009  

Cuando ayer sonó el despertador en la casa de la villa 21-24, de Barracas, donde vive Juana Dávalos, de 27 años, ella se apuró para levantarse y salir con sus dos hijos. En otro barrio porteño, Laura Rodríguez, de 22 años, y estudiante universitaria, también salió apurada. Las dos iban al mismo almuerzo navideño en el que ocuparían lugares diferentes. Juana sería una de las comensales y Laura, quien le serviría el menú en una mesa instalada dentro del centenario templo de La Merced, en el microcentro porteño.

"Hoy esta hermosa iglesia se convierte en aquella choza en la que todos los ángeles del cielo se sumaron a la fiesta del nacimiento del niño Jesús", dijo María Eugenia Lopollito, coordinadora del almuerzo navideño en ese templo organizado por la comunidad San Egidio.

Como allí, unas 1500 personas que viven en barrios carenciados o en las calles porteñas fueron las invitadas especiales de los almuerzos navideños ofrecidos por voluntarios de ese movimiento católico en otras tres iglesias de la ciudad y en la Unidad 20, del hospital Borda. Se replicaron almuerzos similares en las iglesias Nuestra Señora del Carmen, San Pedro Telmo y San Pedro, de la Boca.

Entre los 40 "mozos" y "cocineros" voluntarios que ayer dieron de comer a 180 personas estaba el esposo de María Eugenia, su hijo de dos años, sus padres y su hermana, y su sobrinita, de cuatro años. "Nuestra Navidad es venir acá", dijo Fernanda Lopollito. "Esta es nuestra forma de ser familia y hacernos familia de otros", dijo María Eugenia, y agregó: "Generalmente, se vive la Navidad como una autocelebración en vez de poner en el centro al Señor".

Lidia Alvarez, otra las voluntarias -que en total suman unas 300 personas-, dijo a LA NACION que en 2008 participó de esta iniciativa y que este año volvió porque "es muy lindo poder servir al menos por un día a estas personas que son muy discriminadas en muchos sectores y que en su mayoría nos sirven todos los días a nosotros con los trabajos que hacen".

Las familias que llenaron las mesas instaladas en tablones entre los bancos del templo y cubiertas con manteles rojos y verdes son las que durante todo el año mandan a sus hijos a los centros de alfabetización que la comunidad San Egidio tiene en los barrios de Barracas, Constitución y de Pompeya, y que ellos llaman Escuela de la Paz.

El menú es preparado con alimentos que reciben en donaciones. De ahí que fueron diferentes platos principales en los diferentes templos. A las empanadas de la entrada, les siguieron pastel de carne, pizza o pollo. De postre, para todos, hubo ensalada de frutas, y luego pan dulce y turrones.

"Creo que llegué a las 11. La verdad es que el tiempo pasó rapidísimo", dijo Cristina. Eran cerca de las 16 y estaba cortando pan dulce con otras señoras en una de las galerías internas de la iglesia de La Merced. "Vine porque mi hija participa desde hace varios años y yo quise conocer. La verdad es que es algo muy lindo", dijo Cristina, madre de Laura Rodríguez, quien cuenta: "Al principio, mi familia no entendía y quería que pasara el 25 con ellos; después se entusiasmaron y ahora, incluso, vino mi mamá".

Para la joven universitaria, "acá se vive de verdad el espíritu navideño porque los que vienen lo hacen porque quieren y no por compromisos familiares como pasa muchas veces en las Fiestas". Su amiga, Pilar Bergallo, de 21, coincidió: "Acá, sí, que hay buena onda".

Para el momento del brindis, después de una representación del pesebre que hicieron algunos de los chicos presentes, voluntarios y comensales levantaron la copa -un vaso de plástico, en realidad- al mismo tiempo. Tenían presentes las palabras con las que monseñor Eugenio Guasta, párroco de La Merced, inició el almuerzo, cuando dijo: "Ese bebé que nació en Belén nos hermana a todos".

Andrea Poretti, de la comunidad San Egidio, explicó el uso del templo. "Este es un gesto extraordinario y no extravagante. El templo es un lugar de oración y de culto, y sólo el 25 de diciembre lo usamos para recibir al Señor en aquellos en los que El se identifica plenamente, los pobres, los que tienen hambre y sed, o están en prisión."

Una tradición en Italia y en 70 países

Los almuerzos navideños de la Comunidad San Egidio comenzaron en 1982 en la iglesia Santa María en Trastevere, Roma, para 20 personas sin techo. Ayer, 2000 personas tuvieron su encuentro de Navidad en esa iglesia, convertida en un gigantesco comedor que visitó hasta el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, y que terminó con el reparto de regalos, sobre todo ropa de abrigo para los asistentes. En esta Navidad, San Egidio llegó con su iniciativa a 10.000 personas en Roma, a 25.000 en toda Italia, y organizó otros 500 almuerzos en 70 países, como España, México, Nicaragua, Guatemala, Cuba, Perú, Colombia, Chile y la Argentina.

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