Los que manejan los hilos del mundo

HILTER GANO LA GUERRA Por Walter Graziano-(Sudamericana)-230 páginas-($ 24,90)
Daniel Della Costa
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25 de abril de 2004  

Así como Pablo de Tarso fue alcanzado por la revelación camino de Damasco, Walter Graziano experimentó la suya de un modo más acorde con los tiempos que corren: al asistir, en el cine, a la proyección del film Una mente brillante, en el que se narra la vida del matemático John Nash, premio Nobel de Economía de 1994 por sus descubrimientos acerca de la Teoría de los Juegos. Graziano, que es economista (en un libro anterior, Las siete plagas de la Argentina, la emprendió contra los economistas canónicos de nuestro país), sólo entonces advirtió que Nash, hace más de medio siglo, había elaborado una teoría que contradice la base de toda la teoría económica, esto es, la trazada por Adam Smith. En efecto, mientras que en La riqueza de las naciones se sostiene que el máximo de bienestar general se logra cuando cada individuo persigue en forma egoísta su bienestar individual, Nash sostuvo que una sociedad maximiza su nivel de bienestar cuando cada uno de sus individuos acciona a favor de su propio bienestar, pero sin perder de vista el del resto de los integrantes del grupo.

A partir de allí Graziano comienza a atar cabos, descubrir connivencias y complicidades y concluye que existe una suerte de suprainteligencia internacional a través de la cual los poderosos de la Tierra (los dueños del petróleo, de las universidades más prestigiosas, de los medios de información, de los bancos y de las fábricas de armas) manejan los hilos de casi todo lo que ocurre bajo estos cielos. Y sostiene que los mismos que dictan las ideologías que convienen a sus intereses --promoviendo las teorías de Adam Smith, Friedman y Lucas, por ejemplo, y barriendo bajo la alfombra la de Nash-- son los que apoyaron y financiaron a Hitler en su momento, negociaron hasta ayer con Ben Ladden y hoy secundan a George W. Bush en sus aventurados emprendimientos militares en el Medio Oriente y en Afganistán.

Por las 230 páginas de Hitler ganó la guerra (título un tanto marketinero), desfilan las organizaciones que constituyen el deus ex machina de ese vasto escenario mundial: el Council on Foreign Relations (CFR), cuyo presidente es David Rockefeller, el grupo Bilderberg, la Trilateral y, naturalmente, también otras organizaciones más conocidas a nivel popular, como el FBI y la CIA, de cuya influencia no habría podido escapar ninguno de los grandes acontecimientos mundiales del pasado siglo y de éste, desde la Segunda Guerra mundial hasta la invasión de Irak, pasando por el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética.

Las pruebas que ofrece Graziano parecen abrumadoras y así las siente el lector. La historia, así contada, se convierte en una vastísima e invencible conspiración, cuya llave tienen unas pocas pero firmes manos. Algo así como estar viviendo en un mundo creado por George Orwell y Stephen King, del que nadie podría escapar. Sin embargo, y a pesar de lo convincente de los datos aportados, cuesta creer que el atentado a las Torres Gemelas, por ejemplo, pueda haber formado parte de esta conspiración, así como que la CIA, y no la propia ineficiencia y anquilosamiento de su régimen económico y político, haya tenido influencia decisiva en la caída de la URSS.

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