Más es menos

Sol LeWitt, un minimalista norteamericano precursor del conceptualismo, pintó los muros de Proa
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2 de diciembre de 2001  

Desde el 15 de diciembre, en la Fundación Proa, frente a la Vuelta de Rocha, Sol LeWitt, uno de artistas norteamericanos de mayor influencia en el desarrollo del arte conceptual, exhibirá uno de sus famosos Wall Paintings (pinturas sobre el muro). El trabajo inédito, de grandes dimensiones, fue realizado en el lugar de acuerdo con un preciso proyecto preconcebido. En las últimas tres décadas, similares murales fueron expuestos por los principales museos, galerías y bienales internacionales. En 1965, LeWitt presentó su primera muestra individual en la galería Daniels de Nueva York, y un año más tarde, invitado por Kynaston McShine, curador del Jewish Museum, participó en la histórica exposición "Estructuras primarias: jóvenes escultores americanos y británicos". Sus trabajos, compuestos por cubos modulares abiertos realizados con madera laminada negra, de extremo rigor y pureza, lo ubicaron en la corriente emergente del minimalismo. La crítica Barbara Rose advirtió de inmediato, en una nota crítica, que esos cubos serían "paradigmáticos de la esencia de la escultura minimalista".

El minimalismo, también llamado ABC art, Cool Art, Serial Art y Primary Structures, negaba todas las prioridades del expresionismo abstracto, como los excesos de subjetividad y las alusiones a la emotividad. Los principales representantes de esta tendencia consideraban demasiado sentimentales esas cuestiones, rechazando la idea de que el arte fuera la expresión del yo del creador, de su mundo interior y de sus estados de ánimo. Siguiendo el concepto "menos es más" introdujeron la idea del "cubo epistemológico", que simbolizaba el compromiso del arte con la claridad, el rigor, la literalidad y la simplicidad de las obras.

Conceptualismo

En 1967, apartándose del minimalismo formalista con un duro ataque, LeWitt publicó un texto con el título Párrafos sobre arte conceptual (del que derivó la denominación de arte conceptual consagrada por el uso). En esas páginas proclamó un principio fundamental para el arte de concepto: la supremacía de la idea sobre la materialización de la obra de arte. Al afirmar que "la idea es una máquina que genera arte", señaló sin dejar lugar a dudas que el arte debía dirigirse más a la mente del espectador que a su mirada.

Desde entonces confirió un lugar protagónico a "la idea", lo que significa que todas las decisiones del proceso creativo deben ser tomadas a priori y que la ejecución carece de mayor relevancia. La creación es independiente de la habilidad del artista y de su maestría artesanal. El objetivo del artista conceptual, según LeWitt, es hacer una obra mentalmente interesante para el espectador, lo que equivale a que sea emocionalmente neutra. Para obtener esa condición había que vaciarla de los contenidos emocionales más reiterados en la época: la agitación expresionista, los efectos ópticos, cinéticos y lumínicos, etcétera.

LeWitt es considerado un precursor directo del arte conceptual. Como ningún otro artista de su generación encarnó el tránsito del minimalismo a esa corriente. La defensa, tanto en la práctica artística como en la teoría, de una modalidad en la que la valoración del proyecto estaba por encima de la realización de la obra, le aseguró ese lugar. En su segundo texto, Sentencias en arte conceptual , afirmaba que si un artista hacía arte conceptual, el proyecto y la decisión habían sido previstos antes, y la ejecución no era más que una "constancia". La obra, finalmente, es la idea y no el objeto.

Pintar los muros

Esos principios explican el proceso de creación de los Wall Drawings (dibujos murales) de LeWitt, en los que cuenta mucho menos la materialización de la obra que los elementos y las reglas de partida. En cada oportunidad, el artista, después de considerar las condiciones del muro (dimensiones, calidad de la superficie), estipula el desarrollo gráfico mediante un croquis o una instrucción verbal. En una oportunidad, en Amsterdam, el proyecto fue: Diez mil líneas trazadas al azar ; en Boston, poco después, indicó: Cincuenta puntos ubicados a azar conectados con líneas rectas . Varios asistentes materializaron el proyecto; en la primera ocasión LeWitt estaba presente, en la otra no participó. Controlar el trabajo no es una cuestión de artesanía o manualidad, sino del sistema dentro del cual se establecen las reglas. Como señalaba en su teoría, la concepción de la obra es algo totalmente independiente de su materialización.

En noviembre de 1968, LeWtt realizó su primer dibujo mural en la galería Paula Cooper de Nueva York (el único que realizó personalmente en su totalidad, sin delegar en un equipo de ayudantes). Al elegir la pared como soporte rechazaba, según sus palabras, el error de colocar el plano rectangular de la pintura contra la pared. Trabajando directamente sobre el muro conseguía dibujar de manera totalmente antiilusionista; lo que había hecho era simplemente identificar el muro con el soporte. En su decálogo Wall Drawings , escribió: "Quería hacer una obra de arte que fuera lo más bidimensional posible".

Más de treinta años después de la exhibición del primer Wall Drawing , LeWitt presenta, en la Fundación Proa -con la colaboración de Paula Cooper-, una de sus Wall Paintings , fundadas en diseños geométricos simples coloreados. El proyecto, inédito, está materializado por un grupo de ayudantes dirigidos por Anthony Sansotta, asistente del artista desde hace veinte años. Una arquitecta, un diseñador gráfico y varios artistas argentinos (diez en total) participan en la realización. De la pintura sobre el muro de Proa, al cierre de la exposición, sólo quedarán la memoria, los registros fotográficos y las elaboradas instrucciones de ejecución con que podría realizarse de nuevo en cualquier otro momento (aunque nunca sería igual, realizaciones diferentes producen obras diferentes). Las paredes de las salas volverán a cubrirse con su pintura habitual, ocultando las formas materializados por el equipo que, durante cinco semanas, se encargó de poner en práctica las indicaciones del artista.

En estas pinturas sobre el muro son los ayudantes quienes concretan las directrices previas de ejecución, son ellos quienes llevan a término la "idea", que para LeWitt es el proceso germinal de toda obra de arte. Es evidente la puesta en duda de las nociones de "autor", de "pieza única e irrepetible" y de "mercancía artística" (la obra convertida en un sistema normativo repetible). Tampoco quedan totalmente en pie la noción tradicional de recepción estética. Más de una vez LeWitt reiteró que "no tiene importancia si el espectador comprende los conceptos del autor viendo su obra. Una vez fuera de sus manos, el artista carece de todo control sobre el modo en que el espectador verá a obra. Distintas personas entenderán la misma cosa de distinta manera". Sus obras se ofrecen siempre como "inconclusas", "abiertas" (como diría Umberto Eco), a pesar de que su concreción obedezca siempre a un proyecto casi cerrado.

Solomon LeWitt, hijo de judíos rusos emigrantes, nació en 1928 en Hartford, Connecticut (EE.UU.). Estudió arte en la Syracuse University y luego de servir dos años en el ejército en Japón y Corea, se trasladó a Nueva York. Un breve contrato como diseñador gráfico, "del más bajo nivel", en el estudio del arquitecto I. M. Pei (autor de la pirámide del Louvre), fue decisivo para su orientación. Luego de pasar por las influencias del grupo De Stijl, del constructivismo y de la Bauhaus, en 1965, realizó las primeas piezas modulares. El Museo de Arte Moderno de Nueva York, la Tate Gallery de Londres, el Centro Georges Pompidou de París y el Stedelijk Museum de Amsterdam, le dedicaron grandes muestras antológicas. (Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca, hasta fines de febrero.)

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