Metáforas visuales

Los espacios escénicos de Marcelo Torreta y Blas Vidal; las fantasías de Mirta Kupferminc
Los espacios escénicos de Marcelo Torreta y Blas Vidal; las fantasías de Mirta Kupferminc
(0)
30 de junio de 2002  

El cordobés Marcelo Torreta (1962) expone un conjunto de pinturas en las que el espacio escénico cumple un papel muy importante. Su poder de sugestión logra que lo real y lo imaginario se unifiquen mediante la creación de atmósferas que su alquimia de artista concreta con los recursos nobles de la pintura. Se centró en lo esencial sin olvidar lo biográfico y lo paradójico.

El tema gira en torno de personajes de proporciones ligeramente alteradas: cabeza algo grande y cuerpo con brazos y piernas cortos. Esas relaciones de tamaño son ligeramente distintas de las de la media; serían discretas si no fuese porque resultan desaforadas respecto del entorno y, en particular, de la perspectiva. En Aquí debería haber rosas , por ejemplo, una enana sobrepasa con su altura varios pisos del edificio, y es mucho mayor que el automóvil o el árbol sin hojas junto a los que está parada; el escenario urbano que la acompaña queda como una maqueta a escala reducida si se lo compara con su figura. Pero el aire que la envuelve naturaliza la escena y aceptamos esa desproporción de la misma manera que aceptamos las exageraciones de un Botero. Hay cosas que se sienten aunque no sean comprendidas; finalmente, la conciencia es sólo una porción del ser humano. El arte hace el milagro de transformar los interrogantes en certezas.

Los personajes de Torreta no miran de frente, imaginan la realidad como los niños, a los que se parecen pese a las características adultas de su constitución en parte por las preferencias lúdicas que practican. En Simulacro , todo es de juguete, hasta el carrito que sostiene el árbol deshojado en el que se apoya el protagonista; al fondo de la escena, que ocurre en un espacio cerrado, una sábana pintada representa el cielo sin pretensiones de verosimilitud, como si fuese el telón de fondo de una obra de teatro. Algo semejante se ve en Ensayo para un olvido . En ambos casos hay una escena dentro de otra que cruza dos realidades, la que imaginamos que la contiene, aunque sólo nos asome a su umbral, y la de la ficción en la que sucede lo que se ve. No resulta imposible inferir que el mundo de los adultos es semejante al de los niños, pero teatralizado. La actitud defensiva del señoritingo con traje y moño de Stiamo tutti bene parado sobre una tarima, como si protegiese la casa con techo a dos aguas y el automóvil con los que comparte el lugar, hace pensar en una situación que lo amenaza. El defiende con valentía los símbolos en los que cree precisamente porque sabe que juega con cosas temporales que en algún sentido están perdidas.

(En la Fundación Federico Jorge Klemm, Marcelo T. De Alvear 626.)

Retrospectiva parcial

Dibujos, pinturas, esculturas, relieves, ensamblados y cajas integran la exposición que Blas Vidal (1942) considera una retrospectiva parcial. El hecho es cierto en la medida en que no agota la totalidad de su obra, pero los 112 trabajos que la recorren revelan un panorama de notable amplitud. Lo surcan los caminos de su pensamiento y la persistencia en desarrollar una actitud comprometida con planteos que dan un cuadro vívido de su acción, bastante escenográfica en las últimas décadas. La exposición abarca desde 1969 hasta 2001. Las fechas no son casuales. El propio Vidal aclara en el catálogo que en 1967 o 1968, aproximadamente un año antes del momento en que comienza, recurrió a Teresio Fara en procura de una actitud más esclarecedora; su frecuentación le trajo además de algunos conocimientos la bibliografía adecuada para organizar su biblioteca y convertir ciertas certezas en realidades. Eso significa que la exposición debe considerarse al margen de las disgregaciones que le facilitaron el encuentro de la senda con la que se identificó después de algunas oscilaciones. En suma, sin ser exhaustiva, abarca la parte de su producción que permite conocer sus aspectos esenciales. Pueden seguirse paso a paso desde las manifestaciones surrealistas de los dibujos y pinturas hasta sus aplicaciones tridimensionales. La necesidad de corporizar los elementos y las figuras que caracteriza su obra actual viene de 1971, cuando empezó a buscar climas, atmósferas o situaciones. Entonces empezó a incluir figuras con volumen en "cajas", como las llamó desde 1994.

Si algún resquicio queda, corresponde a trabajos que están en manos de los coleccionistas o a experiencias independientes que provienen de los tiempos en que frecuentaba los talleres de David Heynemann y Vicente Puig.

Un detallado listado de las obras permite identificar cada uno de los trabajos por el título, las medidas, la técnica y el año. Lo complementa un conjunto de reproducciones en color.

(En el Museo Municipal Benito Quinquela Martín, Pedro de Mendoza 1835. Hasta el 14 de julio.)

Grabados e intervenciones

Mirta Kupferminc (1955) es esencialmente grabadora, como lo prueba una vez más la porción mayor de las piezas que presenta. Pero la amplitud de sus registros la indujo a continuar su mirada en el espacio propio de las instalaciones. Así lo indica su intervención artística de un conjunto de sillas apoyadas sobre una alfombra que serpentea entre los grabados. Tanto en esas piezas como en las otras, la diversidad de procedimientos tiene un nexo sorpresivo. Abundan en unas y en otras pequeñas figuras que ocupan un espacio reducido, pero que atraen la atención como los gnomos o los seres salidos de la imaginación que nos vigilan o aparecen sin que los esperemos, como muchas otras cosas.

El mundo de las fantasías refleja poéticamente tanto los sueños y los juegos de sus tiempos de niña como sus inquietudes de adulta. Las preocupaciones, las dudas y las felicidades están representadas por una iconografía tan variada como graciosa y diminuta que trepa, salta, desfila, vuela o corretea sobre la periferia de una figura mayor. Tal el caso, por ejemplo, de Las líneas de la vida o Desde la piel , uno de los grabados más calificados de 1999 que realza las formas por la función del color. Algo análogo puede decirse sobre las cajas de la serie Un mundo feliz , donde objetos y "muñequitos" evocan los tiempos de la infancia.

Los recursos de la perspectiva llamada múltiple o simultánea permiten visualizar las figuras ubicadas en distintos niveles o multiplicar los puntos de vista en piezas de acento medieval como las que les dedica a los naipes.

Estudió en las escuelas nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano, Prilidiano Pueyrredón y Ernesto de la Cárcova.

(En el Museo Eduardo Sívori, Avenida Infanta Isabel 555. Hasta el 7 de julio.)

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.