Metalúrgicos renovaron un viejo encuentro con Berni

Visitaron obras que hizo el artista con piezas de su fábrica
Juana Libedinsky
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11 de diciembre de 2001  

¿Qué tiene que ver un cocodrilo multicolor de chapa y madera que devora señoritas en portaligas con un obrero metalúrgico?

No es un acertijo para la playa. Es, simplemente, el final de una historia muy particular que comenzó décadas atrás y que acaba de culminar con la visita de más de veinte trabajadores de IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentinas) a la muestra de Antonio Berni que se exhibe en el Centro Cultural Borges.

Resulta que el pintor argentino más cotizado en el mundo tenía su taller frente a la fábrica. Y muchos de los desechos industriales que utilizó para construir los famosos monstruos que se exponen en las salas de Viamonte y San Martín fueron hechos con elementos que se cruzaba a pedir a la salida de IMPA.

"Soy Antonio Berni, soy de la zona", dicen que se presentaba. Y unos pocos, como Antonio Morelli, recuerdan que incluso llegó a pedir en la fábrica si no le barnizaban alguna plancha de color oro.

Pero, en general, la figura de Berni no era un recuerdo patente para los operarios de la fábrica (devenida cooperativa), que miraban admirados los dragones que son mitad lagartija y las carrozas fúnebres que se convierten en gusanos perversos.

Más bien, la visita significó el placer de ir encontrando un viejo manubrio de bicicleta o una chapa oxidada de la fábrica... milagrosamente convertida en una serie de obras de arte extraordinarias.

"Yo, a un cuadro, no le encuentro sentido. En cambio, a éstos sí, sobre todo a los que están bien hechos, y se reconocen los clavos, las chapas y las bases de plomo o aluminio", explicó Fernando Vargas, un operario de 25 años que señalaba la prolija manufactura de un ser cubierto de clavos que sacaba la lengua de madera.

El terror más visible

Berni comenzó la construcción de esos prodigiosos monstruos en 1964, en un intento por dar mayor visibilidad a los aspectos terroríficos del mundo actual. Son también los monstruos que habitaban las pesadillas de Ramona Montiel, la mujerzuela creada por el artista que se debatía entre los valores socialmente aceptables y sus deseos.

Ellos fueron incluidos en la muestra retrospectiva que organizó el Instituto Di Tella en 1965. Los visitantes pudieron entonces sorprenderse con un conjunto de piezas agrupadas en las series: "Los monstruos del infierno se disputan a Ramona" y "Monstruos cósmicos". Aunque probablemente no tanto como los miembros de IMPA.

"La forma está muy bien, y también lo que utiliza. Pero pienso en todo el tiempo que puede llevar construir cualquiera de éstos. Es muy impresionante", dijo Carlos Carrizo, un capataz de 40 años.

La gran mayoría prefirió examinarlos en silencio, prestando una atención casi religiosa a las palabras de la guía, que se explayaba en la manera en la que Berni retrataba la realidad social del país.

En cambio, Guillermo Robledo, presidente de la cooperativa IMPA, y nexo entre ésta y el centro cultural que ocupa las salas donde no hay producción, aseguraba a quien quisiera oírlo que la visita era obra del destino.

"Todo el tema estaba olvidado hasta que encontramos una reproducción del cuadro "Cristo en el garage", de Berni, en el que se veían los techos de la fábrica. Empezamos a averiguar un poco, a consultar a los mayores, y la historia de la relación entre IMPA y Berni fue saliendo a la luz. Y es un orgullo", concluyó.

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