Métricas
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A cada uno de los que trabajamos nos miden los resultados. Ventas, rating, retorno de inversión, rindes, y así. Tenemos que cumplir metas. Las metas no son algo más o menos. No son a ojo. Son objetivas. Si el año pasado vendiste 100 autos y este vendiste 14, alguien va a hablar con vos. Hay un millón de motivos por los que este año vendiste menos autos, pero de todos modos el dato no va a pasar inadvertido. No siempre es justo y no siempre las cosas salen como se esperaba. A J. R. R. Tolkien le publicaron The Lord of The Rings porque la obra prestigiaba a la editorial; no esperaban que se convirtiera en un best seller.
Pero no trabajamos en vacío ni podemos inaugurar obras inexistentes. Cuando tenemos que mandar el diario a imprimir, no podemos tomarnos un par de horas (o un par de años) para pensarlo. No hay postergación posible. Desde las bandas de rock comercial hasta los directores ejecutivos de las multinacionales, a todos nos miden los resultados. Esas mediciones son duras, objetivas y racionales. Todos tenemos que rendir cuentas de cómo lo estamos haciendo. Salvo la política.
La política confunde el grado cero de la democracia (o sea, que fueron elegidos por un mayor número de votos) con los resultados de la gestión; es decir, de su trabajo. Sumado a que hay elecciones cada dos años, las métricas siguen empeorando (más pobreza, más desempleo, más inflación, etcétera), pero solo hablamos de 2023. Reitero, y solo para que conste, todos tenemos que rendir cuentas de los resultados de nuestro trabajo. Salvo la política.
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