Murió el artista Raúl Lozza

Fue uno de los exponentes de la pintura concreta; sus obras se exponen en los mejores museos del mundo
Loreley Gaffoglio
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28 de enero de 2008  • 15:06

Precursor del Arte Concreto rioplatense y dentro de esa vertiente vanguardista, artífice del “Perceptismo”, el domingo a la tarde, a los 96 años, murió el infatigable maestro Raúl Lozza.

Según informaron sus familiares, Lozza falleció de causas naturales en su casa-estudio del barrio de La Paternal. Sus restos serán inhumados hoy, a las 10, en el Cementerio de La Chacarita.

De fecunda trayectoria en la gramática de la abstracción basada en ideas, el maestro Lozza fue un pionero, un teórico y un renovador de la experiencia estética. Vislumbró en el arte un medio eficaz de tansformación de la percepción del contemplador, capaz de instruirlo con nuevos sentidos y de contagiarle una emoción estética diferente.

Lozza había nacido en Alberti, provincia de Buenos Aires en 1911, y a los 15 años comenzó a pintar. Expuso por primera vez dos años después y se radicó en la Capital a los 19, con el afán de desarrollarse como dibujante, ilustrador y publicitario.

Por entonces, ahondó en la temática social del dibujo. Pero su avidez por explorar y reflexionar sobre la faena artística, lo empujaron a publicar investigaciones teóricas en diarios y revistas hasta 1936.

En 1943, junto a otros intelectuales de renombre, fundó el periódico Contrapunto de artes y letras. Y un año después, como activo miembro de la Asociación Arte Concreto Invención (junto a artistas de la talla de Iommi, Hlito y Maldonado), defendió el protagonismo de la invención en el arte y se asoció con Gyula Kosice y Carmelo Arden Quin, entre otros, para dar vida a la revista Arturo. La efímera publicación (tuvo un solo número en el verano de 1944) sirvió como órgano de difusión de los artistas abstractos que rechazaban la expresión para anteponer el hallazgo plástico.

Pero en 1947, Lozza se distanció de esta vertiente concreta para crear a partir de ella, el Perceptismo, respaldado en la publicación de su propio manifiesto.

Por entonces, ya había adoptado el marco irregular y recortado con la intención de anular el marco-ventana y enfatizar así su concepción de que la pintura se constituía en un objeto autónomo. Con esta noción, extendida internacionalmente, también comulgaban el húngaro Laszlo Peri y el alsaciano Hans Arp.

Uno de los conceptos más revolucionarios del perceptismo–además de su categórico rechazo hacia la muerte de la pintura–, radicaba en la inexistencia del fondo pictórico. Para Lozza, sus composiciones se basaban “en sucesos plásticos espaciales independientes, cuyos colores debían actuar conjuntamente, suspendidos en el plano”.

“El perceptismo–escribió Lozza– impone al observador una actitud dinámica hacia la acción y exaltación de la propia facultad creativa y crea nuevas condiciones para la visión y la emoción estética”. En su producción, el artista abogó por el divorcio de lo pictórico y la sucesión de formas geométricas abstractas, recortadas y pegadas al plano y estructuradas a partir de la severidad de la línea recta.

Consagrado en vida con casi 200 exposiciones dentro y fuera del país, la obra de Lozza fue reconocida por los principales museos argentinos y del exterior que la atesoran.

Como artista su nombre constituye un capítulo sustantivo en la historia del arte: De este lado del Río de la Plata, por los innumerables seguidores que a partir de su visión desarrollaron sus creaciones. Y en el exterior, por el contrapunto que establece con Malevich, paradigma decisivo del perceptismo.

En lo político, acompañó a los gremios de los artistas, defendió la libertad de expresión y el patrimonio nacional.

De trato afable y apasionado de los intercambios de ideas, Lozza fue un vehemente orador y brindó un centenar de conferencias. En el pasado, solía sumergirse en largas disquisiciones sobre arte, primero con Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, más tarde con su discípulo Carlos Gorriarena.

Como autor, publicó numerosos libros con sus teorías plásticas como así también libros de ficción: “Toda una historia en un trozo de vida” , “Teoría Estructural del color” y la novela “Patricia y uno”.También recibió numerosas distinciones honoríficas y premios, que cuelgan sus casa-taller de La Paternal, como el Premio Palanza, el de Honor de la Fundación Fortabat, el Konex de Platino y el Leonardo, que otorga el museo Nacional de Bellas Artes.

“La función del arte en su desarrollo histórico–sostuvo alguna vez el maestro– debe ser emancipador para sí mismo y para el destinatario. Esto quiere decir que su destino es analítico y dialécticamente integrador con el contexto humano”.

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