No todo lo que reluce es oro

Olivier Poivre d´Arvor, director de la Asociación Francesa de Acción Artística, encarna la resistencia al modelo cultural impuesto desde los centros de poder económico.
Alicia de Arteaga
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29 de octubre de 2000  

Si no fuera director de la AFAA (Association Française de Action Artistique), podría ser un corredor de larga distancia. Tiene el físico de un deportista y está entrenado en el analisis de la cultura como una pelea de fondo por los propios valores, por la identidad, la lengua y el mestizaje. El dominio norteamericano y el uso casi excluyente del inglés en los medios y en la carrera informática tienen, desde su punto de vista, un costado sombrío: el riesgo de la banalización de los contenidos. Graduado en humanidades, con formación teatral y un interés inusual por las nuevas expresiones de la cultura urbana, fue cofundador de la compañía de teatro de Lyon, director del instituto francés en Praga y consejero cultural de la embajada de Francia en el Reino Unido. Visitó Buenos Aires para enhebrar proyectos futuros y plantear, con la mejor sonrisa, su resistencia a la uniformidad del modelo cultural norteamericano impuesto por la economía dominante.

-En Francia, ¿la cultura es una cuestión de Estado?

-Lo es. El gobierno considera que debe tomar la iniciativa y lo hace con gran ímpetu en el cine, por ejemplo. Para Hollywood es un business , para Francia no. El cine es la expresión de la identidad de un país, piense en lo que ocurrió con el cine italiano que tuvo su lugar importante y lo ha perdido. Es difícil competir con los canales de distribución norteamericanos, pero Francia es el país que tiene más salas de cine después de los Estados Unidos y está en condiciones de dar batalla. Antes que las peripecias del vaquero de Alabama, nos interesa la historia del campesino de Burdeos.

-Con un presupuesto suculento y envidiable, Francia, sin embargo, no parece tener artistas jóvenes en los cuadros de honor de las bienales como ocurrió antes de la Segunda Guerra con Braque, con los surrealistas. ¿Se acabó la savia creadora?

(Se enoja.) -Depende de lo que se mire. Artistas como Daniel Buren o Annette Messager son importantes, como lo fue Braque en su hora, sólo que ha cambiado el eje y no tienen la visibilidad que logran los norteamericanos para sus artistas o protegidos. Es una cuestión de mercado, volvemos al tema de los canales de distribución.

-¿Cuál es la misión de la AFAA? ¿Resistir el modelo imperial norteamericano, difundir la cultura francesa en el mundo, defender la lengua?

-La acción artística no puede ser la misma ahora que hace cuarenta años. La base es el intercambio y explorar la enorme capacidad receptiva que siempre ha tenido Francia, desde Picasso hasta el último premio Nobel, el chino Gao Xingjian. Con Buenos Aires, concretamente, llevaremos adelante un programa de formación en ingeniería y gestión cultural, que ha interesado mucho a Telerman (Jorge). En Francia se trabaja en el terreno de la cultura en dos direcciones: primero no se habla de gasto, sino de inversión, y, luego, buscamos asociarla al turismo. La cultura genera dos millones de puestos de trabajo. París es la ciudad más visitada del mundo y tiene una formidable oferta cultural alentada por el programa de inversiones; la última puesta a punto fue el Pompidou.

-Tengo entendido que recibe tantos visitantes como Disney, ¿nunca pensaron en exportar la marca Pompidou como lo ha hecho el Guggenheim?

(Se ríe.) -No creo, los franceses tenemos cierto pudor con estas cosas, con la idea de mezclar el dinero y el arte. Conozco bien a Krens (Thomas) y es un hombre de gran habilidad para armar proyectos que generen grandes ingresos, como ha ocurrido con la muestra de Armani (ver nota de arriba) o el último acuerdo que ha sellado con el Mikhail Piotrosvsky, director del Museo Hermitage de San Petersburgo. Krens ha puesto el dinero para arreglar el museo a cambio de poder exhibir las colecciones del Hermitage.

-¿Dónde, en Nueva York?

(Sonrisa.) -Noooo! La primera muestra será en La Vegas. Sí, en Las Vegas, una ciudad por la que pasan 36 millones de personas por año. En la próxima primavera abrirá una sala en el lobby del Venetian, diseñada por Rem Koolhaas y la primera muestra será para los impresionistas.

-Finalmente, el modelo norteamericano impone sus códigos.

-Los europeos tenemos la culpa porque hemos cedido mucho terreno. Con el fin de la Guerra Fría y la caída del muro, la prioridad fueron los países del Este, ahora descubrimos nuestros "primos" de América latina, con un caudal cultural común para desarrollar acciones conjuntas.

-Llama la atención el modelo descentralizado que exhibe Francia en el terreno cultural, Lyon, Tolouse y otras ciudades del interior tienen una intensa actividad, ¿cuál fue la estrategia para lograrla?

-Fue un gran trabajo de Jack Lang, el ministro de Francia más admirado. Básicamente, el éxito de cualquier gestión se basa en la continuidad. La administración cultural no debe estar atada a la política; tampoco a los auspiciantes. Siempre habrá empresas dispuestas a pagar una función de gala en la ópera con el cantante famoso, pero es más difícil que se juegue por un artista desconocido. Allí donde está la creación debe estar el Estado.

-¿En qué ha modificado la globalizacion el rol de Francia en el mundo de la cultura?

-Nos ha impulsasdo a buscar las diferencias, a preferir el sabor de la comida étnica a la uniforme hamburguesa fast food ; a descubrir que respetando la identidad del otro nos respetamos a nostros mismos.

Los franceses hemos descubierto, a pesar de Le Pen, que somos un país mestizo, que hace música rap y que el compañero de banco en el liceo puede ser un marroquí.

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