Nuevo secundario con viejos problemas

Desde este ciclo lectivo, cambia el nivel medio, se elimina el Polimodal y se alarga la formación de maestros en casi un año, pero se mantiene el riesgo de repitencia
María Elena Polack
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22 de febrero de 2011  

"Uno se encuentra docentes que son heroicos, pero nadie puede sostener el sistema con héroes." La reflexión de la especialista en educación Guillermina Tiramonti marca la importancia de lograr un cambio en el actual sistema educativo del nivel medio, cuya deserción es muy alta. Se estima que sólo la mitad de los adolescentes que ingresan en el nivel medio alcanzan su título.

Este ciclo lectivo abrirá con la novedad central de la aplicación del sistema educativo establecido por la ley federal de educación que abandona la aplicación de la Educación General Básica 1, 2 y 3 y el Polimodal, dispuesto en 2006, por el nivel primario de seis años y el secundario de seis años. Regirá en casi todo el país, salvo en algunos casos en los cuales el primario será de siete años y el secundario de cinco, pero con casi los mismos contenidos curriculares del sistema 6-6.

"Buscaremos que el séptimo grado se parezca más al primer año y que el primer año se parezca un poco al séptimo grado", sintetizó la viceministra de Educación, María Inés Vollmer al hablar con La Nacion de los cambios escolares estructurales que comenzarán a darse este año.

Cuestionado por no lograr articular el tránsito a la universidad, el nivel secundario atraviesa una crisis cuyo tema central es el "riesgo pedagógico", la manera casi eufemística de hablar de riesgo de repitencia.

Para tratar de superar ese conflicto, el gobierno nacional impulsará sistemas de autoevaluación por escuela, tutorías para los alumnos que requieran atención más personalizada, un fuerte aumento de fondos para las 1400 escuelas técnicas de todo el país. Este año habrá $ 820 millones, frente a los $ 600 millones que estuvieron disponibles en 2010.

En materia de infraestructura, se procurará financiar las mejoras que requieran todas las escuelas públicas del país y los establecimientos privados que brinden enseñanza a sectores vulnerables de la sociedad.

La secretaria de Educación de la Nación destacó que uno de los temas centrales que contribuirán al mejoramiento de la enseñanza es la extensión de un año de los planes de estudio de los profesorados para los niveles inicial, primario y secundario.

A partir de este ciclo lectivo, la formación docente será de cuatro años. Hasta 2010, en muchas provincias la formación docente abarcaba entre dos años y medio y tres años y medio. La provincia de Buenos Aires tendrá este año la primera camada de egresos con cuatro años de cursada.

Más allá de los anuncios oficiales, los especialistas consideran que falta una profunda reforma en los contenidos para lograr su actualización y articulación con las herramientas tecnológicas que ya se introducen en el aula, una mejor capacitación en la formación docente y el aumento de la exigencia de rendimiento por parte del alumno.

La fragmentación disciplinaria del nivel secundario actual y la estructura academicista, más acorde al siglo pasado que al actual, parecen atentar contra el interés de los estudiantes de concurrir a la escuela y encontrar una razón de permanencia y egreso satisfactorio.

"Hay que sacar a la educación de la trampa temporal política. En el mundo, hubo una revolución educativa en los últimos 20 años con ejemplos claros, como Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, y en la Argentina no se discute sobre política educativa, se discute los salarios con los docentes", argumentó el director de la escuela de educación de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet, Jason Beech.

"El problema genérico es que la escuela secundaria está compartimentada, es un sistema enciclopedista. Y debe entenderse como un proyecto de formación. El secundario no tiene que preparar al estudiante para la universidad, lo tiene que preparar para la vida", añadió, y advirtió: "No hay incentivos para el control. No pasa nada si no se cumplen los 180 días de clase, ni hay diferencia entre un docente que cumple y uno que se toma licencia porque a su tía se le encarnó una uña. El problema es que no se cumplen las normas, porque las normas son buenas".

Para referirse a la situación de la escuela secundaria, Tiramonti apeló a una apreciación de Nelson, un inspector de principios del siglo XX, que graficó: "Pensemos en una biblioteca y que para poder aprobarla, se obliga a leer el conjunto de libros que hay en cada estante, que tratan distintos temas inconexos entre sí, pero que para pasar al otro estante tiene que aprender y aprobar todo ese estante. Eso que parece un disparate es la escuela secundaria". Con ironía, aclaró que esa afirmación es de 1915; sí, hace 96 años.

Las dificultades académicas de la escuela secundaria no sólo son sentidas por los estudiantes durante su tránsito en ese nivel, sino de manera mucho más cruda en el acceso al ámbito universitario.

El gobierno nacional destaca tres ejes para mejorar el actual nivel secundario: ampliar el programa Conectar Igualdad, por el cual se dota de computadoras a alumnos y docentes de establecimientos públicos; mejorar la infraestructura, y ampliar el sistema de tutorías para asistir los problemas de aprendizaje.

A la hora de buscar propuestas concretas sobre cómo mejorar el nivel secundario, las respuestas no son tajantes. Quizá, valga dejar constancia final de la idea de Guillermina Tiramonti: "Hay que experimentar distintas instituciones. Hay que empezar a pensar en prototipos de escuelas diferentes. Se llevará unos cuantos años generar una alternativa a la escuela secundaria actual".

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