Por la crisis, las editoriales universitarias despiertan y descubren que pueden crecer

La mala situación las obligó a nuevas estrategias; así, algunas aprendieron a generar recursos propios
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25 de junio de 2002  

La edición de un libro se paga en dólares y al contado, pero su venta se cobra en pesos y con retraso.

Esta ecuación insostenible por culpa de la devaluación y la crisis no parece amilanar a las editoriales universitarias, que durante la primera mitad del año aguzaron el ingenio y, en muchos casos, lograron superar el objetivo de sobrevivir para crecer en producción sobre el año último.

Alianzas con editoriales comerciales, búsqueda de patrocinadores en empresas privadas, proyectos puntuales de tirada humilde –pero venta asegurada–, colocación de títulos en el exterior, más canales de venta y ediciones para escuelas medias, son algunas de las ideas en marcha.

Según datos de la Red de Editoriales Universitarias Nacionales (REUN), que las agrupa desde 1994, dos tercios de las 37 universidades del país tiene editorial propia. Sin embargo, se trata de un universo en el que las generalizaciones son imposibles: hay variedad en los criterios para elegir qué editar –sólo investigaciones propias, libros de texto, clásicos, libros de escritores locales–, en las formas de organizarse –con presupuesto propio y respaldo institucional o financiadas por lo que venden–, con y sin imprenta propia, de larga trayectoria y de creación reciente. No faltan “las que tienen un proyecto editorial y las que son espacios de disputa política”, como dijo un directivo a LA NACION.

Los números de una de las imprentas que más trabaja con editoriales universitarias sirven para dimensionar hasta dónde pueden llegar los problemas: “En 2001 hacíamos entre 10 y 15 libros universitarios por mes y, antes de la Feria del Libro, casi 60. Este año llevamos hechos 22, es decir, se redujo la producción a la mitad”, dijo su propietario.

“La crisis nos está afectando, pero al revés: nos está dando impulso. Como no hay recursos, y los insumos se encarecieron tanto, estamos generando fondos propios. Hicimos contacto con distribuidores nacionales e inauguramos la Librería Universitaria, para centralizar la venta de la producción de esta universidad y de otras”, contó a LA NACION José Luis Volpogni, director del Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral.

Según Volpogni, el nivel de ventas en lo que va del año permite proyectar que mantendrán la facturación de $ 200.000 del año último.

Eudeba, la más grande

Mientras tanto, Eudeba, la editorial universitaria más grande del país, lleva editados 40 títulos en lo que va del año y ahora aguarda la designación de nuevas autoridades por parte del rector Guillermo Jaim Etcheverry.

Según informó LA NACION, los planes de su última conducción –encabezada por Alicia Camilloni– incluían ampliar los campos disciplinarios de las publicaciones, lanzar textos de divulgación científica a bajo costo, revitalizar la página web, editar una colección sobre la crisis argentina y revisar toda la estructura de ventas para ordenar las cuentas.

En la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), en tanto, la actividad editorial “es una decisión institucional” y, lejos de detenerse, está creciendo: en lo que va del año vendieron 4000 ejemplares –superando así los 3500 de todo 2001– y ya llevan facturados $ 24.000, muy cerca de los $ 26.000 del año último. En estos cincos meses, editaron ocho títulos, tienen en carpeta nueve más y la reimpresión de otros tres. Además, está a la firma un convenio con la editorial Siglo XXI para coeditar una colección de divulgación científica de diez títulos. Y compraron los derechos para editar en español títulos de la Universidad de Nebraska y de Stanford. Las obras completas de Juan Bautista Alberdi integran los planes para el año.

“Hay que evitar la tentación de convertir a una editorial universitaria en un lugar para publicar lo que hacen los profesores. Aquí buscamos tener ediciones de mucha calidad. La UNQ siempre ha tenido una participación presupuestaria para editar libros y mantenemos la idea, pero ahora estamos buscando auspiciantes del sector privado”, dijo el vicerrector de Relaciones Institucionales, Mario Greco.

También apostará a la obra de una figura argentina la Universidad Nacional de La Matanza que, tras editar las obras completas de Sarmiento el año último con aporte privado –y recuperar en seis meses el 60% de la inversión–, ahora reincidirá con las de Carlos Pellegrini, en diez tomos.

Para el director de la editorial, Rolando Echave, la crisis tiene lugar para pensar soluciones: “La forma de editar hoy es calcular primero cuántos ejemplares de una obra se pueden hacer con un circuito de distribución que asegure su venta. Y tratar de impactar en circuitos reducidos”, dijo.

Sugirió también “crear un sistema organizado para que las empresas privadas apoyen la edición de libros y que varias universidades se reúnan para financiar buenas ediciones de disciplinas básicas, lo que tendría un mercado cautivo asegurado y generaría recursos propios”.

En la editorial de la Universidad de Belgrano (UB), en tanto, apuntan a mejorar la distribución. Para eso, cerraron un convenio con una empresa privada para ampliar su cobertura. Este año presentaron un catálogo de sus 300 títulos en todas las universidades del exterior con las que tienen convenio, para colocarlos en el mercado extranjero y, con el mismo fin, digitalizaron la oferta de la editorial para hacerla accesible a través de Internet.

También al sector privado están mirando en la editorial de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Según su director, Jorge Bernetti, “estamos buscando hacer coediciones con editoriales comerciales”. Aunque se definen como “una editorial pequeña”, sin presupuesto propio, este año esperan igualar al menos la producción de 14 títulos del año último y, para eso, cuentan con el interés de cada vez más grupos de investigación de la UNLP, que se acercan con propuestas.

En esa misma ciudad, la Universidad Católica ya cuenta con un 55% de aumento en sus niveles de venta y lo adjudican, sobre todo, a la edición –por primera vez este año– de textos escolares para la EGB, con facilidades de precios para las escuelas. “En lo que va del año hicimos ocho títulos nuevos de producción universitaria y renovamos la tecnología de impresión”, dijo el director de la editorial, Alfredo di Piero.

Juntos, mejor

  • El trabajo conjunto entre las editoriales universitarias podría traer beneficios. De hecho, entre 1997 y 1999, la REUN unificó el sistema de comercialización. Pero la tarea no es fácil. “Para tener un proyecto común hay que ser transparentes. Y muchas editoriales universitarias no van a admitir que seleccionan su producción según favores políticos”, opinó el director de una editorial.
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