Precisión narrativa

BOSQUE Por Antonio Dal Masetto-(Sudamericana)-223 páginas-($ 13)
BOSQUE Por Antonio Dal Masetto-(Sudamericana)-223 páginas-($ 13)
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22 de agosto de 2001  

Cuando Muto llega a Bosque, hace un año y medio que se produjo allí un asalto al Banco en el que murieron ocho personas: los cuatro ladrones y cuatro habitantes de esa localidad bonaerense. Se hace pasar por un guionista de cine que trabaja en el proyecto de una película basada en ese hecho. "Hay una propuesta interesante -le dice a la gente- y es que los protagonistas principales de ese día interpreten su propio papel en el filme". Sin embargo, la verdadera razón de su visita es un oscuro rencor del pasado: veinte años atrás su esposa lo dejó por uno de los delincuentes. Así arranca este ascético thriller en el que Dal Masetto retoma la siniestra escenografía pueblerina de Siempre es difícil volver a casa (1992), novela llevada al cine por Jorge Polaco y que se centraba en el asalto al Banco y la feroz cacería de los ladrones, que de victimarios se convierten en víctimas.

El autor de Oscuramente fuerte es la vida (1990) y La tierra incomparable (1994) nuevamente demuestra las virtudes narrativas que le han ganado el reconocimiento de la crítica y un grupo fiel de lectores. Bosque se lee de un tirón: está construida con economía de recursos y precisión.

Hay buenos diálogos, dosis justas de acción, y un humor sutil refuerza la sensación de violencia contenida que impregna el relato. Las expectativas despertadas en la primera mitad de la novela se consuman en un desenlace eficaz, mientras en un marco de suspenso se van anudando las historias de los distintos personajes (la mayoría presentados por Dal Masetto en Siempre es difícil volver a casa ): el corrupto abogado Varini y su socio Legarreta (su implacable verdugo en el truco); el ingeniero agrónomo Zamudio, "un gran tirador" que mató a uno de los asaltantes y, tras un accidente, desde una silla de ruedas se dedica a conservar su puntería disparándole a los animales de la zona; la directora de escuela Julia Benavídez, que mantiene una extraña relación con su sobrino; Leda, la misteriosa hija de Varini; o Fernández, gerente del Banco, que vestido de húsar napoleónico revive la batalla de Waterloo con soldaditos de plomo.

Muto (un nombre falso) va conociendo a todos esos personajes, pero detrás de la amabilidad y la hospitalidad presiente un clima de amenaza. Cuando le muestran el lugar donde murió el asaltante por el cual lo abandonó su esposa, Muto dice: "Acá murió un enemigo", pero siente que el propósito inicial de su viaje a Bosque ("un pequeño salto en el vacío") ha perdido sentido. "¿Para qué vine a este pueblo?", se pregunta, sin decidirse a irse. A partir de ese momento Muto hará lo que había hecho siempre: "dejar que las cosas ocurrieran y mirar cómo ocurrían".

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