Puentes sensoriales

Liliana Desrets como colorista y dibujante; Adriana Zapisek y la pintura abstracta; Martín Reyna en la vertiente informalista
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2 de diciembre de 2001  

Aunque su edad parece indicar que tiene mucho por recorrer, Liliana Desrets (1963) sorprende por la madurez de su lenguaje. Su superlativo dominio de los medios está al servicio de la expresión y se aleja del virtuosismo hueco que limita sus alcances a la reproducción de tal o cual tema. El nivel técnico que la distingue se caracteriza por la precisión; pero el nivel comunicativo por lo que dice, que es bastante más hondo y menos inocente de lo que sugiere a primera vista. De todos modos, el hecho es infrecuente en estos tiempos, poco dispuestos a las prácticas que culminan con el dominio de una disciplina muy a la larga. Pero sería poco atinado y ciertamente incompleto exaltar los valores puramente formales. El sentido de su obra se revela en un mensaje que expone metódicamente los estados del espíritu. Su contenido equidista tanto de lo puramente racional como de lo meramente intuitivo. Hay cierto misterio en las escenas que escapa de la determinación voluntaria. Estas derivan de la observación, pero les suman a los datos objetivos un superávit enaltecedor cuyo principio activo es esencial. La figuración muestra las características visibles de las modelos en un ámbito dramático cuyas situaciones enigmáticas irradian emoción e incertidumbre.

La compenetración entre la forma y el contenido de las imágenes no se opone a las convenciones ni limita la comprensibilidad; proviene de aceptar impulsos interiores que encuentran en la figura del modelo el estímulo necesario para manifestar la creatividad. La aparente inmediatez de las pinturas y dibujos resulta de una disposición natural para recrearlo con flexibilidad más que de la voluntad de construir puntualmente tal o cual cosa. Sin embargo, vertebra las formas de un modo que les da consistencia. Es convincente la estructura de sus cuadros cuyos múltiples elementos están armados de tal manera que, en vez de dispersarse, aumentan la cohesión. Se diría que tiñen y visten lo contiguo o lo cercano.

A menudo, el claroscuro configura zonas de valores opuestos que le confieren a la composición en pleno tanta importancia como a la imagen central. Gran colorista y dibujante, Desrets encuentra enfoques tan inusitados como los encuadres y las perspectivas extrañas. No se priva de iluminar detalladamente una pierna, un pie, un rostro o una mano, pero sin perder de vista la totalidad. Así naturaliza la imagen de esas niñas encerradas en la alborada de una sexualidad precozmente esbozada. El contexto las determina en la medida en que las integra a totalidades cuyo sentido termina por imponerse. La incertidumbre del final estimula la imaginación, que crece en la misma medida en que se acostumbra a los elementos en juego.

Suele aplicar el óleo sobre madera con una materia espesa y elaborada o bien dibujar directamente en ella. Las imágenes, envueltas en una atmósfera que perturba al espectador, tienen una connotación psicológica que las aparta de la idealidad. Se desprende de ellas algo entrevisto, que se deshace ante el análisis. Pero sus características terrenas estimulan el pensamiento y acrecen la conciencia de una realidad inquietante.

(En la galería de Sara García Uriburu, Uruguay 1223. Hasta el 21 de diciembre.)

Decisiones en el espacio

La Serie de los Cantares que exhibe Adriana Zapisek persiste en la línea que la caracteriza, pero intensifica su voz. La invención y la sensibilidad presiden esos "cuerpos" imaginarios que se enlazan delante de fondos sobre los que parecen flotar. La exigua presencia de aquéllos contribuye a destacar la consistencia de esos elementos, que se distribuyen apretadamente, como si fuesen parte de un cuerpo mayor al que pertenecen, pero con el que no se funden. Sólo se contornean alrededor de otro con los que se identifican. El soporte conceptual se adivina por analogía con formas que provienen de un más allá profundo, pero que revelan la vitalidad de su origen.

La acentuación del volumen es exaltada por la graduación de los valores y por desflecados que marcan sus límites periféricos. La intensidad del cromatismo hace el resto. Esas definiciones ayudan a dar la impresión de que se corporizan las curvaturas de ese universo ondulante, a medio camino entre lo evanescente y lo táctil.

(En Forma, Aráoz 2540. Hasta el 14 de diciembre.)

Un americanista

En la misma galería expone el escultor Ricardo Argüelles (1946), un americanista que egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Azul como técnico ceramista. "Vestigios de la vida cotidiana" es el nombre la exposición, en la que trabajó con materiales diversos sin temer la incongruencia que podría generar su combinación. Maderas, piedras, metales, ahondan el intento de reflejar el territorio cultural que se hunde en el pasado del continente. (Hasta el 12 de diciembre.)

Informalismo y figuración

La obra de Martín Reyna se opone al ilusionismo. La subjetividad que la rige en algunos casos permite el reconocimiento figurativo, aunque traduce en el acto de pintar el descubrimiento de estados interiores. La búsqueda que se propone no está afuera. Su propia realidad se le impone y tiende un puente que conecta lo interno y lo exterior; pero lo emotivo está primero. Una embajada del espíritu se corporiza en esos trabajos libres de argumentar con las sensaciones más que con pensamientos.

Reyna (Buenos Aires, 1964) vive en París.

(En Del Infinito Arte, Quintana 325. Hasta el 8 de diciembre.)

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