"Que las universidades públicas funcionen hoy es un milagro"

El rector propone que los graduados aporten voluntariamente a un fondo de becas
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5 de mayo de 2003  

"No hay grandes proyectos; hay resolución diaria de pequeños problemas", dice con convicción el doctor Guillermo Jaim Etcheverry, como quien recita la lección aprendida después de un año al frente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la más grande del país, con más de 260.000 estudiantes, 25.000 docentes y 10.000 no docentes en trece facultades.

Pasado mañana completará el primero de los cuatro años de su rectorado, que tuvo como eje las reformas administrativas, particularmente en el Rectorado, donde redujo estructuras, descentralizó funciones y, según dijo, logró ahorrar $ 300.000 por mes, con los que llevó el número de becas de 400 a 1500.

Los anunciados cambios académicos debieron esperar, y se encararán ahora, con reformas en el CBC y un mayor control en el rendimiento de los estudiantes. Además, Jaim Etcheverry impulsará un proyecto para que los graduados hagan una contribución voluntaria a un fondo de becas.

En diálogo con LA NACION, defendió la tarea de los especialistas externos en gestión, que diseñan las reformas administrativas, y envió un mensaje a las facultades: "No se puede gastar más de lo presupuestado", dijo.

El rector, de 60 años, repitió su reclamo por más presupuesto. "Que las universidades públicas funcionen hoy es un milagro", dijo Jaim Etcheverry, que no tiene teléfono celular y mantiene el hábito de almorzar en su casa.

-¿En qué cambió la UBA en este año?

-Dentro del contexto complejo del país, con las dificultades presupuestarias, creo que el balance es positivo. Se ha fortalecido un sistema de conducción distinto del anterior, al cual a la gente le ha costado adaptarse. Se incrementó la transparencia, hay más participación y superamos el conflicto tan serio de la toma del Rectorado, del que salió fortalecido el gobierno de la universidad.

-¿Se privilegiaron las reformas administrativas?

-Sí, mi objetivo central era ordenar la administración, conocer la estructura tan compleja de la universidad, racionalizarla, distinguir lo que valía la pena conservar y lo que no. No terminamos, pero el grueso ya pasó.

-Hay quienes dicen que los administradores gubernamentales (AG) que diseñan estas reformas usan un criterio económico y no entienden la cultura de la UBA.

-Los AG están desarrollando una tarea útil, tienen experiencia en el manejo de instituciones públicas y lo que no comprenden son las desviaciones que implica la cultura de la UBA. Por otra parte, las decisiones dependen del Consejo Superior, no del Rectorado. Nosotros sólo tenemos que hacer cumplir las reglamentaciones.

-¿Se les está pidiendo un ajuste a las facultades?

-No, se les está pidiendo que cumplan con el presupuesto que discutió, acordó y votó el Consejo Superior. No se puede gastar más que lo establecido. Manejamos fondos públicos y tenemos que administrarlos con transparencia.

-Algunas dicen que la distribución del presupuesto es injusta.

-Ese un tema central. En este momento hay una comisión trabajando para analizarlo. El próximo año aspiro a que se responda más a las necesidades de cada facultad y no a lo histórico establecido. Pero eso depende del acuerdo entre los actores.

-¿Cuál es la situación presupuestaria de la UBA?

-Hay que seguir luchando por que se aumente el presupuesto, que es irrisorio. En la UBA, el 50% de los docentes gana menos de $ 200 de bolsillo.

-¿Se harán este año los cambios académicos?

-Sí, me voy a enfocar más en esos aspectos. Si bien la universidad es gratuita, este principio debe ser acompañado por la responsabilidad: quienes tienen la oportunidad de estudiar deben tener un rendimiento académico acorde. Tenemos que poner más énfasis en las condiciones de regularidad de los estudiantes, controlar el rendimiento e incrementar las exigencias que supone la gratuidad. Además, creo que los graduados podrían hacer una contribución voluntaria a un fondo de becas, cuya transparencia garantizaríamos.

-Usted había dicho que una de sus prioridades era el CBC.

-El CBC es el próximo objetivo; tenemos que conversar con sus responsables académicos para ver qué orientación se le va a dar. Me parece que tiene que ser un ciclo más básico y más común, apuntar a unas pocas disciplinas básicas.

-También habló de "despartidizar la universidad". ¿Se avanzó en ese camino?

-Sí, sin duda. En ninguna de las decisiones que tomamos tuvimos consideraciones partidarias. Me gustaría que gradualmente también las facultades se fueran independizando de esas presiones.

-¿Cómo ve el movimiento estudiantil?

-Lo veo desorientado. Creo que sigue atado a la respuesta a estructuras partidarias. No se ha dado la renovación necesaria y no veo tampoco un compromiso con las cuestiones propiamente universitarias.

-¿La UBA presentará sus carreras de grado a la evaluación de la Coneau?

-No creo que lo hagamos en un futuro inmediato. Además, la UBA está amparada por una resolución judicial para no hacerlo. Creo que la Coneau sufre el problema de la partidización, porque está muy vinculada con el poder político. Además, no siempre la calidad universitaria se determina a través de los números. Esta idea de la industrialización de la educación me parece peligrosa.

-¿La universidad le debe al país un debate sobre su rol en la crisis?

-Debates hay muchos. Creo que la universidad debe concentrarse en hacer bien lo que debe hacer: buscar su razón de ser en los jóvenes, orientarlos en un mundo cada vez más complejo. Si lo único que se busca en la universidad es el título, vamos a hacerle un escaso favor al país.

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