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Que siga el baile. Otros equilibrios y piruetas de la cuarentena

Constanza Bertolini
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2 de agosto de 2020  

En los estudios de danzas de Noemí Coelho y Rodolfo Olguín, los más chicos dan la (buena) nota: integran ese escaso treinta por ciento del alumnado que a pesar de la distancia, las tareas escolares y todas las dificultades que trajo la pandemia continúan en movimiento. Agarrados de una silla, la biblioteca o el respaldo del sillón, en el living o en el cuarto, siguen ensayando los pasos de un arte que tiene a la disciplina como pata fundamental. Y lo hacen con una sonrisa que capta la cámara y que llena de satisfacción a los maestros, quienes del otro lado de la pantalla también tuvieron mucho que aprender.

Una barra y muchas ganas. La clase de ballet virtual del estudio Coelho-Olguín, en casa
Una barra y muchas ganas. La clase de ballet virtual del estudio Coelho-Olguín, en casa

Así lo cuenta Maia Cambero, bailarina y profesora de las nenas de 8 a 12 años. "Nadie estaba preparado para hacer clases de ballet online. Cada una buscó su espacio y se adaptaron increíblemente, siguieron preparadas con su mallita y las zapatillas, y aunque no estamos cara a cara puedo ver los avances: agarrarse de una barra que no es una barra, por ejemplo, las ayuda a mantenerse en eje. Es muy positivo que sigan apostando y confiando en el trabajo". En su grupo, además, hubo una sorpresa: la incorporación de una compañera nueva. Uma Martínez Garbino, de 10 años, se animó por primera vez a tomar clases de ballet en cuarentena y por Zoom. "Le dije que iba ser difícil -dice Maia-. Pero Uma lo ve con más naturalidad". "Antes de que me conectara al grupo, me envió algunos videos por WhatsApp y traté de aprenderme los nombres de los pasos para estar lista para poder seguir las clases. A las dos semanas ya había empezado. No era tan difícil".

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