Retrato de una impunidad

Laura Laugé
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12 de diciembre de 2009  

La doce

Por Gustavo Grabia

Sudaméricana

248 Páginas

$ 49

La Doce. La verdadera historia de la barra brava de Boca, el libro de Gustavo Grabia, deja en el lector varias sensaciones. Por un lado, la comprobación de las relaciones entre barras bravas y dirigentes, la asociación ilícita con la política, las acciones mafiosas y el poder. Pero, al mismo tiempo y de manera recurrente, la incómoda ratificación de que esas relaciones están lejos de acabarse, de que se alimentan mutuamente en un círculo que genera violencia, muertes e impunidad, tanto de los protagonistas directos como de sus cómplices.

La Doce es fundamental para descubrir que detrás del imaginario hasta "de película" que envuelve a la barra brava más famosa del mundo (como la llama el autor) hay cuestiones concretas: nombres y personajes específicos, connivencias y una impunidad que, de tan evidente, parece aceptarse como inevitable y hasta "natural" por las autoridades. Grabia describe de manera minuciosa la conformación histórica de la Doce como modelo de organización único en el mundo, pero también recaba de primera mano declaraciones de los protagonistas de la historia. Miembros de la barra brava, dirigentes y jugadores, e incluso ex fiscales y otros funcionarios públicos, forman parte de la galería inagotable de nombres.

El brazo armado del club institucionalizó a mediados de los años 60, como dice el autor, "la idea de que se puede vivir de esa violencia, de ese terror". Grabia detalla los contactos de los jefes de la hinchada con los más altos estratos del poder político, empresarial, judicial y policial, al punto de asombrarse por la nutrida agenda telefónica de Di Zeo, el último de los jefes que cayó en desgracia, acusado de "asociación ilícita". Y es que "se sabe" que la barra brava mueve dinero, proveniente de la reventa de entradas, del "apriete" a jugadores, empresarios y políticos, del estacionamiento en las inmediaciones del estadio y demás. Gracias a su poder, y a los contactos con poderosos, los barras entran por una puerta y salen por otra a la hora de rendir cuentas de los enfrentamientos violentos de los que participan y de las muertes que se cargan al hombro como trofeos.

El autor aporta algo más: la incómoda demostración de la impunidad con que se hacen esos manejos. Aun haciéndonos sentir indignados ante las evidencias de extorsiones, de que los barras han sido siempre "bancados" por dirigentes, de Alberto J. Armando a Mauricio Macri, pasando por Alegre y Heller, de las visitas de bienvenida a cada entrenador nuevo, los asados con los planteles y la participación en reuniones de comisión directiva, Grabia propone un libro ameno que confirma de manera definitiva lo que a su manera siempre se supo.

© LA NACION

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