Retratos de una catástrofe

Leonardo Tarifeño
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12 de diciembre de 2009  

En el mundo, una de cada cuatro personas vive como hace seis mil años, la mitad de quienes se encuentran en condiciones de pobreza reside en países ricos en recursos y mil millones de seres humanos padecen hambre. Esa situación, de por sí dramática, se ha visto agravada en las últimas décadas por la ya inocultable realidad del cambio climático, que incluye datos escalofriantes como la deforestación y desertificación creciente, la contaminación del agua y del aire, la escasez de agua dulce y la amenaza a la biodiversidad.

Ante semejante mapa del presente, algunos artistas visuales creen que su trabajo puede ser útil para informar y concientizar a la población, aun cuando el bombardeo de imágenes que define la contemporaneidad podría haber convertido el retrato de la catástrofe en otra postal cotidiana, sin más espesor ni sustancia que la de un spot televisivo.

El desafío, a la vez estético y político, no es menor. ¿Cómo hacer que los problemas ambientales formen parte de un discurso artístico que conmueva al espectador sin caer en la trampa de embellecer el caos?

Para la fotógrafa Gaby Herbstein, de amplia experiencia en la producción de calendarios basados en imágenes ecologistas, "una clave es someter la inquietud estética a un esfuerzo casi periodístico, de investigación, porque así se garantiza el respeto con el que se aborda el tema. Muchas veces la gente no quiere ver imágenes muy fuertes, por eso hay que saber combinarlas con algo que les llame particularmente la atención".

En el caso de Herbstein, la estrategia consiste en utilizar celebridades (actores, periodistas, cantantes) y combinar el atractivo de sus figuras con lo que ella llama "una propuesta estética potente".

Es lo que ha hecho en los últimos años en los calendarios patrocinados por la Fundación Huésped y, ahora, en un nuevo calendario 2010 para la Fundación Azara y su proyecto Huella Ecológica. Esta campaña busca alertar sobre las múltiples consecuencias del cambio climático, y el calendario firmado por Herbstein presenta una foto dedicada a cada uno de esos problemas, de la desertificación a la contaminación del aire, encarnados por Mike Amigorena, Elena Roger y Carla Peterson, entre otros.

"El mayor miedo que tengo es que la foto se convierta en el retrato de la celebrity y nada más -dice Herbstein-; quedarse en eso sería terrible, porque de lo que se trata es de transmitir una urgencia, y no la originalidad de un retrato."

A la vista de los resultados, el sutil equilibrio entre la direccionalidad de la foto y la poderosa presencia de la celebrity parece la especialidad de Herbstein, que logra sintetizar en una imagen poderosísima justo aquello que los datos escalofriantes pero asépticos postulan con excesiva frialdad.

"Cuando decimos ´qué raro está el tiempo´ sin pensar en las razones que hay detrás de eso, no hacemos nada por detener el cambio climático, y ya no podemos darnos ese lujo", señala Herbstein. A partir de estas imágenes, el arte le pone fecha a lo que no admite más postergaciones.

© LA NACION

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