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Salvar el bandoneón

El bandoneonista Carlos Pazo, uno de los músicos de la película El café de los maestros, rememoró las épocas en las que era habitual escuchar este instrumento por las calles porteñas; pide que se recupere ese protagonsimo
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26 de junio de 2009  • 18:25
Fuente: LANACION.com - Crédito: Martín Turnes

Carlos Pazo, más de 50 años abrazando el bandoneón, no sabe de leyes y no le interesa la política. Sólo sabe que el bandoneón, instrumento que considera el objeto más preciado, el "alma del tango", está en peligro de extinción. Se sienta en el living de su casa en Boedo y, haciendo oídos sordos al dolor en el brazo que le dejó un accidente, pone el fuelle sobre su falda y empieza a hacerlo cantar.

Si algo no le falta a este hombre que participó de El café de los maestros, la película dirigida por Miguel Kohan, es sentido del humor. Tiene cientos de anécdotas tangueras. En todas el bandoneón, su gran compañero de vida, es protagonista.



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Tal vez por eso se entristece tanto cuando recuerda el lugar que supo tener el bandoneón entre los argentinos. "Salías por la calle y en una manzana sonaba un bandoneón, cruzabas con la bicicleta y en la siguiente cuadra había otro", relata. Sus ojos son ahora dos ranuras celestes que están lejos y brillan.

Enseguida vuelve al Boedo de hoy y contrasta: "Ahora ya casi no quedan bandoneonistas. Seremos 20 ó 30, apenas". Y agrega: "Ni bandoneones quedan".

La desaparición de bandoneones de estas tierras tiene varias razones. Los expertos explican que hace unos 70 años que casi no se fabrican nuevos instrumentos -Alemania fue el gran fabricante-. De los que había en la Argentina, la tierra del tango, muchos se fueron deteriorando -con el tiempo también menguaron los restauradores y afinadores- y muchos otros se vendieron al exterior –los visitantes, principalmente europeos y asiáticos, están dispuestos a pagar miles de dólares para llevarse un bandoneón en buen funcionamiento a sus países.

La Unión de Orquestas Típicas (UOT) , junto a la sociedad civil La Casa del Bandoneón trabaja para que esto que preocupa a Pazo empiece a revertirse. Se inició una cruzada para juntar firmas que permitan declarar al bandoneón, instrumento característico del tango, como Patrimonio Cultural de la Nación.

Entre los propósitos establecidos en el estatuto de La Casa del Bandoneón figuran: realizar un relevamiento de las organizaciones, grupos y/o individuos que tengan instrumentos para poder conocer la cantidad y calidad de los bandoneones que hay en el país; crear un Registro Nacional de Bandoneones; convocar a organizaciones e individuos referentes en materia de bandoneones para intercambiar información y configurar una masa crítica de músicos profesionales, estudiantes y seguidores; trabajar para la proclamación de una ley que consagre al instrumento como Patrimonio Cultural de la Nación, desanimando la exportación y por ende, estimulando su conservación y preservación en el territorio argentino.

Dos amantes del bandoneón

Carlos Pazo y su compañera, Rebeca Lamborghini, comparten un "amor mutuo", como ellos contaron a lanacion.com. Los une, además, el amor por el bandoneón. La pasión de Carlos por este instrumento se despertó a los 13 años. Rebeca, en cambio, siempre se dedicó a la literatura. Se define como poeta y cuentista. Sin embargo, su amor por el bandoneón, ahora se hizo tango: escribió Caricias de nácar, que musicalizó su compañero Carlos.

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