Suma nuevos términos el registro del habla de los argentinos

Pedro Barcia anticipó los vocablos que se incorporarán en el diccionario local
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28 de abril de 2004  

USHUAIA.- "La globalización, que debería decirse mundialización, no es la gestación de una cultura global; lo que se globaliza es la cultura norteamericana, desde la comida rápida, que es pésima, hasta la música, la ropa y, claro, la lengua", cuestionó ayer el presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), Pedro Luis Barcia, durante un encuentro con docentes fueguinos en un edificio histórico donde funcionó hasta 1947 la panadería de la Cárcel de Reincidentes.

Barcia llegó a Ushuaia acompañado por el académico José María Castiñeira de Dios, nacido en Ushuaia hace 84 años -mañana se sumará en Río Grande Santiago Kovadloff-, para lanzar hoy desde aquí una proclama hacia el III Congreso Internacional de la Lengua, por realizarse en noviembre, en Rosario, con la presencia de los reyes de España y la participación de autoridades de las academias de letras.

En una carpeta, dentro de un maletín negro, Barcia llevaba unas veinte hojas impresas con los vocablos que la Academia Argentina de Letras incorporará a la edición actualizada del "Diccionario del habla de los argentinos", publicado por Espasa-Calpe en marzo de este año.

A los 3500 argentinismos y sus 6200 acepciones que integran la primera edición de 616 páginas se sumarán voces nuevas, de uso corriente, como bailantero, despelote, patovica, recauchutaje, remisería, telo, visa, vueltero, boleta (aplicada al comprobante de un gasto), cagadera (por diarrea), fierrero (que identifica al amante de los autos) y gatillo fácil.

El enemigo de la lengua

En diálogo con LA NACION, este experto en la obra de Rubén Darío, nacido en Gualeguaychú, les restó dramatismo a los anglicismos, que "son 133 sobre 90.000 vocablos españoles". En cambio, consideró "enemiga" a la lengua neutra "respaldada por la economía de las industrias culturales para exportar telenovelas sin necesidad de adaptarlas".

En su defensa de la cuarta lengua del mundo (307 millones de hablantes), Barcia admite que en un futuro no muy lejano habrá cambios en la ortografía ("desaparecerán la hache y otras letras innecesarias; la jota servirá para los sonidos fuertes y la ge para los débiles", pronosticó) y reconoció que el habla atraviesa una etapa de empobrecimiento adjudicable a "déficit en la enseñanza" y a "ciertos programas de TV y radio".

-¿Cómo se defiende el idioma ante el avance de otras lenguas?

-Hay que obrar desde la educación. Venimos de una década de decadencia, sobre todo en la lectoescritura. La lengua es el cemento curricular y lo que permite a un ser humano manifestar su libertad de expresión. Hay que hacer campañas para que los medios se hagan más conscientes de la responsabilidad que tienen. Con las industrias culturales es más difícil porque se necesita mucho dinero.

-¿Qué chances tiene la escuela contra estas industrias?

-Nada se puede hacer sin políticas culturales, lingüísticas, bien organizadas, que no sean cambiantes y oscilantes, como todo en el país.

-¿Qué futuro le ve al español respecto de otras lenguas?

-No lo veo mal. Las academias actuamos hermanadas en busca de la unidad básica del español, pero defendiendo las variantes regionales. Hoy, una persona puede recorrer 22 países, de Ushuaia a Canadá, pasando por Estados Unidos, donde hay 40 millones de hispanohablantes, sin necesidad de cambiar de lengua. Pero tenemos fallas graves en el campo científico-técnico y en el electrónico, donde nuestra presencia es del 1,5%, contra el 77% del inglés.

-¿Es acertado prohibir carteles callejeros en otros idiomas, como ocurrió en ciertos municipios?

-En Francia nadie lo ve como un error. El país de la Revolución Francesa y el liberalismo es el más dictatorial en cuanto al uso del idioma. Tienen una ley de idioma y guay con colocar un cartel que no contenga palabras en francés. Nosotros lo vemos como algo totalitario, pero no es así, es una buena medida.

Las nuevas palabras

Bailantero/ra: relativo a la bailanta. Compositor, intérprete o aficionado a esta música popular.

Cagadera: vulgarmente diarrea.

Despelote: desorden, confusión, despiole.

Fierrero/ra: relativo al automóvil o al automovilismo.

Gatillo fácil: conducta del policía o agente de seguridad que dispara el arma irreflexivamente o sin ajustarse en forma debida al reglamento.

Patovica: hombre atlético y musculoso.

Remisería: agencia de remises.

Telo: hotel alojamiento.

Vueltero: que demora mucho y complica innecesariamente tomar decisiones o realizar trabajos.

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