También puede haber afecto en el materialismo

Juana Libedinsky
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20 de diciembre de 2009  

MADRID.- En un entorno cercano a esta redactora, el tema de los regalos se maneja de la siguiente manera. Uno elige lo que quiere y lo anuncia. Después, para que no haya errores, uno mismo lo compra, hace envolver en el preciso papel que le gusta y entrega al resto para que se lo den en la fecha apropiada. Llegado el momento, se pone cara de sorpresa. La frase de rigor es: "¡Justo, lo que quería!, ¿cómo adivinaron?", y todos felices.

Por supuesto, también están quienes no quieren entrar en el juego, insistiendo en que Navidad, el Día de la Madre, del Padre o, ni que hablar, del Niño, son ya parte de una sociedad demasiado materialista. Pero siempre se puede tener un debate interesante con ellos a partir de los argumentos de Daniel Miller.

Miller, antropólogo de la Universidad de Londres, estudia la importancia de los objetos en la vida de la gente. El eje de sus trabajos más célebres (que acaban de salir compilados bajo el título de Stuff , o Materia ) es que si bien hay un temor a que la atención hacia los objetos sea a costa de la atención a la gente, lo opuesto suele ser la norma.

"Encontramos gente a la que le es muy difícil establecer relaciones y gente a la que le es muy fácil, y esto incluye relaciones tanto con personas como con cosas. Quienes no pueden establecer relaciones terminan siendo muy solitarios, se aíslan y se deprimen, mientras que las familias con vínculos más ricos y completos también tienden a ser expresivas en su relación hacia la cocina, la ropa y otros elementos materiales", dice.

"Por supuesto que hay gente en nuestra sociedad que fetichiza su relación con los objetos y esto, sí, es a expensas de su relación con otras personas. Pero cualquier antropólogo que preste atención a la mayoría de las personas comunes, y no a los que aparecen en revistas, encontrará gente buena para las relaciones en general o mala para las relaciones en general, sean éstas con humanos o con cosas", sostiene.

Volviendo a las prácticas mencionadas al principio, claro que también están quienes, cuando se les pregunta qué quieren de regalo, desconciertan con frases, como "si me conocieras y me quisieras lo sabrías" en sus distintas variantes. Pero, contra eso, ya es bastante más difícil argumentar.

jil210@gmail.com

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