Técnicas para que los libros conserven su valor

Especialistas británicas dictarán un taller en Rosario
Juana Libedinsky
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25 de octubre de 2000  

Todos sabemos que el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones. Y ésta parece una premisa aplicada especialmente en la conservación de libros.

"En casi todas partes, para mantener los textos en buenas condiciones se les fue cambiando la encuadernación. Desde el punto de vista histórico, hoy nos damos cuenta de cómo así perdieron su valor", asegura Caroline Checkley-Scott, especialista en conservación de la Biblioteca Británica, que asegura que la Argentina tiene un tesoro oculto.

"Estuve ya tres veces en Buenos Aires, visitando el Museo Mitre y otras instituciones, y fue una grata sorpresa encontrar libros muy antiguos en su estado original, que nunca fueron alterados. En un momento en el cual la conservación pregona la necesidad de técnicas con la menor intervención directa posible, su valor es inmenso", agregó entusiasmada.

Junto con Deborah Novotny, directora del departamento de Selección y Preservación de la Biblioteca Británica, y Belinda Sanderson, de la Oficina Nacional para la Preservación, de la misma institución, llegó al país para participar del IV Encuentro de Conservación Preventiva en Bibliotecas, Archivos y Museos, que se desarrollará desde el lunes hasta el miércoles próximos en Rosario, organizado por la Fundación Patrimonio Histórico.

Medidas de prevención

Si bien las conservadoras británicas abrirán el encuentro con un taller de técnicas de salvamento de libros en emergencia, subrayaron que, sobre todo cuando los presupuestos son muy limitados, lo más importante para cualquier institución es adelantarse a las consecuencias.

"No todo es cuestión de disponer de grandes fondos", dijeron, si se dispone de ingenio y se toman en cuenta ciertas medidas básicas.

Por ejemplo, si no se puede contar con aire acondicionado, al menos hay que tratar de que no haya variaciones bruscas en el ambiente. "Un 75% de humedad no es lo ideal, pero lo importante es que no baje al 30% y vuelva a subir", ejemplificó Novotny.

Otro paso clave es prohibir tanto a los empleados como a los visitantes manipular más de dos o tres libros a la vez, según el tamaño. "Es la principal causa de destrucción", aseguraron.

Respecto de los chicos, dijeron que cosas muy simples, como explicarles que no deben llevar lapiceras a la sala de lectura, pueden hacer una enorme diferencia. Y que cada lector debe entrar con bolsitas transparentes donde se pueda controlar los contenidos, además de firmar un documento donde se comprometa a cuidar y respetar los textos.

"Pero antes que nada hay que hacer un censo cuidadoso; no se puede cuidar lo que no se sabe que se tiene", agregó Sanderson.

En un plano algo más ambicioso, se mostraron partidarias de la microfilmación antes que de la digitalización de textos.

"Con lo que avanza la tecnología, muchas horas de trabajo pueden quedar en la nada cuando ésta se vuelve obsoleta. Pero lo ideal sería un híbrido, con microfilm para conservar, pero que las computadoras sirvan para difundir y llegar a todos", concluyó.

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