Tierra, cielo y agua

La sugestiva obra de Ernesto Pesce como pintor; variedad de procedimientos y nuevos nombres en el Premio Klemm; grabados en el Borges
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16 de diciembre de 2001  

La trayectoria de Enesto Pesce lo ubica entre los creadores argentinos más completos. Cierta aproximación a la idea del artista total preside sus prácticas, cuya acción tiene facetas que conviene considerar: es pintor, escultor, grabador y dibujante. Eso le confiere recursos que le permiten moverse con comodidad en circunstancias diversas. Ahora, muestra originales sólo del primero de esos lados, al que perfila de un modo imaginativo; pero quien desee ampliar el conocimiento de su producción puede hacerlo mediante un libro que presentó simultáneamente con la exposición de pinturas y que considera en páginas profusamente ilustradas también los otros aspectos. Su lanzamiento coincide con la antología pictórica que configura su cosmovisión con un panorama de los últimos años. Las imágenes de la edición complementan extensamente ese panorama con un desarrollo gráfico que comprende la reproducción de obras anteriores y actuales entre las que hay pinturas, esculturas, dibujos y grabados. Ilustra la tapa Cosmogonía circular , un acrílico de la Serie cósmica , a la que se dedica la exposición.

Las piezas expuestas, sin despreciar las libertades del arte actual, pertenecen a lo que suele denominarse "pintura pintada" y alcanzan un nivel comunicativo en relación armónica con sus fines. Son cuadros que, bien mirados, les dan pie a los vuelos del pensamiento. Las ciudades que representa esquemáticamente tanto pueden estar bajo el cielo como inmersas en el agua y sujetas a las interpretaciones zodiacales como a las poéticas irradiaciones de la ciudad sumergida, a la que aludieron desde Platón hasta Unamuno y, en alguna medida, Debussy, con La Cathédrale engloutie .

Pesce, que nació en 1943, realizó treinta y tres muestras individuales y participó en más de trescientas colectivas, muchas de ellas en el extranjero.

Entre sus distinciones locales se cuentan los grandes premios de honor de dibujo (1977 y de grabado (1980) del Salón Nacional; el premio Marcelo De Ridder de dibujo (1977) y los primeros premios de grabado del Salón de Rosario (1979) y del Municipal Manuel Belgrano (1981).

(En Rubbers, Suipacha 1175, planta baja. Hasta el 29 del actual.)

Premio Fundación Klemm

En los últimos años, los límites interdisciplinarios son difusos. Eso aparea superposiciones que la aparición de nuevas especialidades trata de salvar e implica una apertura que involucra a los artistas y a los espectadores en una simbiosis muy especial. No siempre las herramientas y los materiales nuevos mejoran la comprensión de los contenidos. En la medida en que lo conceptual se manifiesta con cierto hermetismo, crece la necesidad de compartir el acto creador entre ambas partes, la de origen y la que intenta comprender su sentido. Consecuentemente, los concursos, como el que organizó la Fundación Klemm, son más abiertos en lo formal y más participativos, aunque a veces los discursos resulten contradictorios o abstrusos. Esto es lo que hay, parece decirse, en el intento de plasmar una imagen que refleje la complejidad del arte actual. Tal circunstancia tiende a desarrollar la voluntad del espectador, a menudo, dispuesto a intentar la comprensión de todo. De ahí, que aún cuando la dirección del mensaje se oponga a sus propios pensamientos, no se niegue a interpretarlos. Su espíritu "democrático" le impide cercenar la otra parte de la igualdad.

La amplitud de recursos se advierte particularmente en las artes híbridas, como se denomina a las que requieren el empleo de elementos mecánicos como, por ejemplo, la máquina de fotografiar, la filmadora o la computadora. Hay también instalaciones que enriquecen el repertorio de posibilidades, aunque la forma y el fondo sigan compartiendo la transmisión del mensaje en igual grado.

Los premios recayeron en artistas cuyo sentido de la forma tiene un peso mayúsculo. El primero, obtenido por Martín Weber, es una fotografía de ambiguo carácter político donde Perón y Eva, encumbrados en un pedestal, tienen un gesto que el público ausente no puede apreciar. El segundo, de Esteban Pastorino, se desarrolla lateralmente como una franja de poquísima altura, pero ancho muy extendido, que evoca los formatos de Cándido López. El tercer premio, conferido a Nicolás Guagnini, plantea al revés, como si fuese un altorrelieve, los tajos de la pintura de Lucio Fontana que posee la entidad patrocinante. Integraron el jurado, que presidió Federico Klemm, Mercedes Casanegra, Adriana Lauria, Julio Sánchez y Jorge Macchi.

(En la Fundación Klemm, Marcelo T. de Alvear 626. Hasta fin de mes.)

Estampa 2001 en el Borges

Una porción de la representación argentina que participó en Madrid de "Estampa 2001" se exhibe en Buenos Aires. Corresponde a la delegación elegida por el Centro Borges, que la exhibe en una de sus salas. Vale la pena decir que es parte de una realidad mucho mayor, que incluyó nombres como los de Antonio Berni, Alfredo Benavídez Bedoya, Graciela Zar, Estela Zariquiegui, Cristina Santander, Remo Bianchedi, Julio Paz y otros notables.

Ahora bien, estampar significa pasar al papel u otro soporte la imagen grabada o plasmada de diversas maneras sobre una plancha de madera, piedra, metal, vidrio u otro elemento. Eso permite decir que la representación, cuyo fin fue promocionar la gráfica, tuvo una apertura formal que excedió la práctica ortodoxa de la especialidad en favor de las obras en serie. No es una objeción sino una manera de exaltar las características de lo que nos llega. Marina de Caro, en particular, llevó piezas que podrían ser consideradas tapicerías o, en todo caso, esculturas blandas. Lucrecia Urbano, Chino Soria (presente con un conjunto dedicado al pop art), Mónica van Asperen y Paula Hacker, que también compusieron esa porción de la representación argentina, utilizaron lenguajes más apropiados a las circunstancias.

(En el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín. Hasta fin de mes.)

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