Torcer el brazo a la intolerancia

Mariano De Vedia
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15 de diciembre de 2009  

Con una escenografía tan repetida como lamentable, el rector Rubén Hallú consiguió ayer su reelección en la UBA en el primer intento por reunir la asamblea universitaria. No hubo otro candidato y su principal logro fue torcerle el brazo a la intolerancia estudiantil y la brutal ofensiva por impedir que se votara.

La estrategia del rector, que en sus tres años de gestión aumentó un 28% los proyectos de investigación subsidiados y un 49% la cantidad de becarios (pasaron de 527 a 787), se basó en concentrar esfuerzos para garantizar, mediante un amplio dispositivo policial, que se constituyera la asamblea y sortear el piquete estudiantil. No hizo falta que expusiera su plan de gobierno ni sometiera su gestión al juicio crítico de los decanos, profesores, graduados y estudiantes.

A los 58 años, Hallú está más que familiarizado con la gestión. Desde 1994, elegido vicedecano de Veterinaria, ocupa funciones en ese sentido. Asumió como decano en 2002 y, en diciembre de 2006, se consagró rector con la promesa de una gestión dialogada. Menos con la FUBA, pudo avanzar en la construcción de acuerdos con las facultades. Las obras de ampliación en Ciencias Económicas ($ 37 millones) y los avances de la nueva sede de Ciencias Sociales ( 24 millones de pesos) son algunos resultados concretos.

Quedan pendientes deudas fundamentales, como el logro de mejoras en la calidad de la enseñanza y la reubicación de la UBA entre las mejores universidades de la región. Metas para las cuales se necesitan consensos, estrategias y exigencias de mucho mayor alcance que los que se requieren para vencer la resistencia estudiantil al debate de propuestas y de ideas.

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