Trampas del mercado

COSECHA ROBADA Por VandanaShiva-(Paidós)-Trad.: A. Santos Mosquera-168 páginas-($ 29)
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29 de febrero de 2004  

Las protestas contra la globalización siguen. Y suenan fuerte en distintos rincones del planeta. Pero el coro de activistas no canta al unísono: sus reclamos son dispares y hasta contradictorios, aunque ellos, a veces, parecen no darse cuenta. Es para festejar, por lo tanto, la traducción al español de Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos, de Vandana Shiva, quien, a pesar de ser escuchada en los foros internacionales como representante de los países en desarrollo, es casi desconocida en nuestro país.

Shiva es una de las físicas más destacadas de la India. Por su trabajo en iniciativas ecologistas recibió el llamado premio Nobel de la Paz alternativo -el Right Livehood Award- en 1993. Para situarla políticamente, basta apuntar que preside el Foro Internacional sobre la Globalización junto a los norteamericanos R. Nader y J. Rifkin.

En Cosecha robada, esta activista antiglobalización se pronuncia enfáticamente en contra de la agricultura intensiva destinada a la exportación, que ella ve como correlato ineludible de las negociaciones del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Shiva sostiene que la India es presionada para convertirse en exportadora de ciertos productos primarios -algodón, pesca producto de la acuicultura- y en importadora de otros, soja, por ejemplo, cuyo aceite se promueve para reemplazar el tradicional de mostaza, de producción casi artesanal en su país. Sustituciones que serían parte de un esquema global para favorecer a los países centrales y sus compañías multinacionales, y para profundizar la dependencia de los países periféricos.

Merece un capítulo aparte el tratamiento del tema de los variedades transgénicas, por el interés que tiene para un país exportador de estos productos como es la Argentina. Shiva, al igual que otros militantes ecologistas, se opone a esta tecnología con argumentos ambientalistas --sosteniendo que favorecen la agricultura intensiva, acusada de reducir la biodiversidad y de estimular el consumo de agroquímicos-, pero también con argumentos políticos. Y es en estos últimos donde la autora encuentra un sustento fuerte, que vale la pena escuchar en nuestro país.

Sin duda, el gran crecimiento de las compañías multinacionales de agroinsumos producido en la década del 90 se produjo, entre otros aspectos, por las nuevas leyes de patentamiento que favorecieron la concentración de la propiedad intelectual sobre las semillas. Hoy, apenas un puñado de firmas controlan el mercado de variedades transgénicas. El caso de la soja en nuestro país -donde incluso firmas locales desarrollaron y venden cultivares transgénicos- es una excepción, pero que no modifica el esquema general.

La propuesta de Shiva para la India es volver a la agricultura tradicional, con sus producciones complementarias, su descentralización y su confianza en metodologías milenarias que asegurarían la independencia alimentaria de ese país. Las vacas sagradas como fuente natural de combustible y abono, en lugar de los productos importados, serían el ejemplo paradigmático.

La lectura de la propuesta de Shiva desde la Argentina debe ser necesariamente matizada, sobre todo porque se trata de un país tradicionalmente agroexportador -por las bondades de su suelo y clima y su escasa población- y que introdujo innovaciones para mejorar su producción. En contraste, la India no goza de esas ventajas naturales y debe alimentar a casi mil millones de habitantes.

Sin embargo, más allá del tono exaltado de esta activista y de su retórica por momentos panfletaria, sus apuntes críticos sobre el creciente poder de las compañías de agroinsumos, así como su denuncia de las desigualdades en las negociaciones sobre el comercio internacional, merecen considerarse a la hora de reflexionar sobre nuestro presente y nuestro futuro como país productor de alimentos. El reciente fracaso de la ronda de negociaciones de Cancún, de la que nuestro país y la India se alejaron -junto con otras naciones en desarrollo- para denunciar los subsidios agrícolas de los países centrales, muestra que, pese a las diferencias, algunas preocupaciones son similares.

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