"Tuve la suerte de no estar implicado en ningún crimen"

Günter Grass habla de sus memorias
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18 de agosto de 2006  

MON, Dinamarca.- Un premio Nobel pone las cartas sobre la mesa: en su autobiografía "Beim Haeuten der Zwiebel" ("Pelando la cebolla"), Günter Grass no sólo habla por primera vez de su pertenencia a las Waffen-SS cuando tenía 17 años. También narra su infancia en Gdansk y su ingenuidad frente a la ideología nazi.

A las crueles vivencias durante la guerra les siguió el hambre en el campo de prisioneros estadounidense en el que pasó casi un año. Allí se encontró con su amigo Joseph, quien quiere hacer carrera en la Iglesia Católica e incluso convertirse en papa.

En tanto, en su primer día en las librerías alemanas, austríacas y suizas, la autobiografía del escritor Günter Grass prácticamente agotó su primera edición. La editorial Steidl decidió adelantar la salida del libro, prevista inicialmente para el 1° de septiembre, y ayer vendió 130.000 ejemplares. Ya está en imprenta una segunda edición de 100.000 unidades.

-¿Por qué tardó tanto en procesar su juventud en un libro de memorias?

-Me he resistido durante mucho tiempo porque había cosas más urgentes y porque desconfiaba, y desconfío todavía, de la escritura autobiográfica. Espero que esta desconfianza se perciba en mi libro.

-¿Es una autobiografía común y corriente?

-Los hechos no aparecen ordenados por fechas. Es el intento de redescubrir a un joven que me resulta ajeno y preguntarle cómo se ha comportado en determinadas situaciones. ¿Por qué, pese a que por naturaleza es testarudo y curioso, no se decidió, cuando era un escolar, a hacer preguntas relativas al régimen nacionalsocialista y los crímenes que se ocultaban detrás, ocultos para mí? El libro comienza el 1° de septiembre de 1939. Tengo unos 12 años, la guerra comienza, y mi tío, que se encontraba entre los defensores de los Correos Polacos en Danzig, es fusilado por la ley marcial. Nosotros habíamos jugado con los hijos de este hombre, el primo favorito de mi madre. De repente ya no estaba. La familia no vino nunca más y yo no hice ninguna pregunta.

- ¿Tiene su libro la función de una absolución de pecados?

-No. Sería demasiado cómodo. Si hago balance, he tenido la suerte de no estar implicado en ningún crimen. No me tocó. Pero no podría responder por mí mismo si hubiera nacido dos o tres años antes.

-En los últimos días, ha habido titulares y fuertes controversias porque usted no había hecho pública su pertenencia a las Waffen-SS. ¿Por qué tan tarde?

-Si miro hacia atrás, siempre lo he contemplado como una mancha que me oprime y sobre la que no podría hablar. Eso tenía que escribirlo. Y esto no es ni una disculpa ni una explicación, pero yo no me presenté voluntario a las Waffen-SS. Me presenté voluntario, a los 15 años, a las unidades de submarinos o como alternativa a los tanques, lo que era igualmente una locura.

-¿Qué sintió cuando fue llamado a filas por las Waffen-SS?

-Constituyó posteriormente un shock. Cuando era joven, las Waffen-SS eran para mí una unidad de elite. En mi estrechez de miras de aquel entonces se diferenciaban de la Wehrmacht en que la nobleza no tenía la palabra. Eran unidades desplegadas en lugares difíciles, que registraban las mayores pérdidas. Y las Waffen-SS tenían un corte europeo: había compañías de la Waffen-SS con suecos, daneses, flamencos, valones...

-Usted realizó su juramento en febrero de 1945. ¿Qué pasó después?

-Fue un tiempo muy intenso y poco claro. Primero estuve en una compañía de marcha y después no paré de ir de una unidad a otra. En las pocas semanas que pasé como soldado, formé parte en dos ocasiones de unidades de reconocimiento. Mi existencia estuvo dominada por el temor constante a que la gendarmería de campo alemana me atrapara sin una orden de marcha válida, lo que equivaldría a una sentencia de muerte. Los primeros muertos que vi no eran rusos, sino alemanes, entre ellos muchos de mi edad.

-Usted escapó varias veces por poco a la muerte. ¿Se sintió obligado a escribir el libro en recuerdo a las víctimas?

-Desde entonces, vivo por casualidad. Sólo recuerdo los terribles impactos de un "órgano de Stalin", una parcela de bosque fue reducida a cenizas. Muchos de mi edad, camaradas con los que acababa de hablar, tres o cuatro minutos después ya no existían. Yo no hubiera sobrevivido sin aquel cabo primero que me ayudó casi paternalmente, un ejemplo de aquel tipo maravilloso de cabo alemán. Después de la guerra, con 17 años, mi conciencia estaba marcada por el cinismo.

-¿Su libro es contra la guerra?

-Es evidente. Con el libro me dirijo también a mis hijos y nietos, que han tenido y tienen la suerte de crecer, por lo menos aquí en Alemania, apartados de la guerra. A mi edad tengo una creciente necesidad de transmitirles algo, de contarles algo que no conocer en esa forma pero deberían conocer.

-En el libro habla ampliamente de su "amigo Joseph". ¿Se encontró en el campo de prisioneros con Joseph Ratzinger?

-Sólo es una suposición. Ese pensamiento no me vino hasta que no me puse a escribir. En Bad Aibling, ese campo masivo con unos 100.000 prisioneros de guerra a cielo abierto, pasé mucho tiempo en un agujero en la tierra con un chico de mi edad. Los dos teníamos 17 años. El era de procedencia bávara, intensamente católico, hasta el fanatismo, y a sus 17 años era capaz de meter en la conversación citas en latín. Teníamos mucho tiempo, hambre y tiempo. En el mercado negro, a cambio de insignias, conseguí una bolsa de dados y masticábamos grano. Con el bote, lanzábamos los dados por nuestro futuro. El quería subir en la jerarquía eclesiástica y yo quería ser artista y famoso. Incluso nos peleamos acerca de si yo también podía ser papa.

"Un gigante", según Rushdie

  • LONDRES (AFP).- En medio de la fuerte polémica por la revelación de su pasado nazi, Günter Grass recibió ayer el apoyo del novelista británico Salman Rushdie. En declaraciones a la cadena británica BBC, Rushdie defendió su amistad con Grass y afirmó que su obra no se verá afectada por estas revelaciones. "Ha sido una fuerza extraordinaria durante el último medio siglo y eso no puede desaparecer porque se haya descubierto una falta en él", dijo Rushdie, y definió a Grass como "un gigante del mundo de la literatura" y "un gran creador".
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