Un lento crepúsculo francés

El filósofo Alain Badiou y el lingüista Jean-Claude Milner mantuvieron una lúcida polémica entre teórica y política que aborda el estado de situación del pensamiento en Francia
José Fernández Vega
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30 de mayo de 2014  

En un documental cuyo nada modesto título, Amo del universo , sugiere la magnitud de la maquinaria en la que estaba involucrado, un banquero alemán "arrepentido" contesta afligido y sin vacilar cuando le preguntan cuál será la próxima víctima del mundo financiero: "Francia, Francia". El pronóstico podrá o no verificarse, lo importante es que resulta verosímil, ante todo para los propios franceses.

Controversia , una polémica teórico-política entre el filósofo Alain Badiou y el lingüista Jean-Claude Milner, abona la idea, aunque no es el único tema de este múltiple intercambio entre dos intelectuales de la misma generación que tomaron caminos políticos distintos después de las conmociones de 1968, cuando todavía marchaban unidos con el maoísmo.

Badiou permaneció en las filas de la izquierda y reivindica las grandes concepciones, mientras que Milner adoptó una posición escéptica desde la que defiende un pragmatismo minimalista. Para el primero, el panorama político occidental está dominado por un "capital-parlamentarismo" del que nada se puede esperar; para el segundo, la política se define como aquello que garantiza la supervivencia de los cuerpos. Badiou considera despreciable esta perspectiva "biopolítica", cuya moda admite. El escepticismo, por su parte, le parece el necesario complemento para la reproducción de lo dado y el imperio individualista.

En ocasiones, esta intensa conversación decae y se vuelve esotérica, como cuando insume páginas de afirmaciones dogmáticas en una discusión abstracta sobre lo universal y lo particular, muy a tono con el clima espiritual de, digamos, la Sorbona del siglo XIII. Otras posiciones filosóficas de los contrincantes no están exentas de un inveterado personalismo teórico. Cada uno de ellos aplica su propio vocabulario, no siempre imprescindible para encuadrar los temas. Esta autorreferencialidad es menos un rasgo subjetivo que una característica nacional.

Los antiguos compañeros intentan saldar viejas deudas. Se entreveran, por ejemplo, en un balance histórico de la Revolución Cultural china; revolución dentro de la revolución, para uno, catástrofe que prologó la implantación del más salvaje capitalismo, para el otro. No menos espinosa, aunque más actual, es la disputa que mantienen sobre el Estado de Israel. Según Milner, "el nombre judío" es el Aleph de la política contemporánea. Los palestinos mueren por nada, a lo sumo para beneficio de los Estados árabes circundantes; Israel -país de la identidad y del refugio- puede ser cuestionado, pero jamás superado. Badiou, en cambio, rechaza las masacres y sostiene que no hay allí futuro sin el establecimiento de un Estado moderno, vale decir plurinacional y multiconfesional.

La condición histórica de Francia suscita menos rispideces. Los dos pensadores vivieron en su juventud el momento en que todavía el francés era el vehículo internacional de la cultura. Ahora conferencian y escriben en inglés para llegar a una audiencia global. Un viejo rival continental, el alemán, influyente en toda Europa Central, nunca superó el creciente desprestigio político y cultural en el que se sumió desde 1933. Pero ya no se toman grandes decisiones en francés; ese idioma, asegura Milner, del que se esperaban grandes reflexiones no es más que una lengua muerta. Hoy Alemania amenaza con colonizar económicamente a toda Europa, sin exceptuar a Francia. ¿Se volverá finalmente el Pentágono un dominio alemán, como está en camino de convertirse Polonia?

Otro motivo de coincidencias parciales es el repudio al recién pasado gobierno de Sarkozy y a la patética presidencia de Hollande. Milner advierte que en Francia la izquierda todavía es capaz de proclamar con orgullo su nombre, pero los teatrales esfuerzos de Sarkozy para que la derecha pudiera reconocerse como tal en público y airear sus posiciones sin complejos no prosperaron. Lo típico de un político derechista sigue siendo adoptar una posición defensiva o renegadora. La coartada es ineficaz. Como advirtió ya en los años 1930 el filósofo Alain:"Cuando alguien empieza aclarando ?Yo no soy de derecha, pero?', concluyo que es de derecha".

Milner recuerda que la generación que lo precedió hizo dos veces la experiencia de lo inimaginable: el estallido en pedazos del Estado francés en cada Guerra Mundial. La gran burguesía nacional que dominaba el país a fuerza de prestigio y poder terminó volviéndose impotente como fuerza estabilizadora de la sociedad; ahora es incapaz de entusiasmar a nadie y en esta caracterización coinciden los dos pensadores. En su país, dice con ironía Badiou, "el inmovilismo está en marcha y nada podrá detenerlo". Francia se ha terminado, afirma; su historia ha durado más de lo conveniente. El narcisismo vernáculo, como demuestra esta Controversia , también exhibe ciertos signos de arrepentimiento; pero la cáustica lucidez que lo apuntalaba no se apagó por completo.

Controversia

Alain Badiou y Jean-Claude Milner

Edhasa

Trad.: Horacio Pons

287 páginas $ 145

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