Un tributo global con el sello del mercado

Juana Libedinsky
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13 de diciembre de 2009  

MADRID.- Mediodía de sábado. Afuera, la gente típicamente compraba turrones navideños, almorzaba un cochinillo, se preparaba para la siesta. Adentro, quizás algo menos típicamente, esta redactora aprendía a bailar como uno de los zombis de "Thriller" , de Michael Jackson.

No estaba sola. En la sala del gimnasio céntrico, donde se esperaba como mucho a un par de fans del fallecido ídolo pop para un curso intensivo de la coreografía, no cabía ni un alfiler. La profesora se desesperaba si alguien no ponía las manos con suficiente rígor mortis en el pasito para allí, pasito para allá, giro en el lugar y al tocarse los genitales como en el videoclip. Pero los alumnos no sólo eran los asiduos concurrentes de las clases de danza del lugar, sino, incluso, los que estaban en las clases para embarazadas, para la tercera edad, de rehabilitación deportiva.

Kate Woodthorpe, especialista en el estudio de la muerte como fenómeno social, tras la entrevista que apareció en LA NACION la semana pasada, dijo que le resultó sorprendente que las manifestaciones del público por la muerte de Michael Jackson no duraran más, lo cual muestra la velocidad en la cual alguien hoy se vuelve casi irrelevante para el mercado que consume celebridades.

Sin embargo, tantos meses después, el cursito resultaba un inesperado éxito con el público también más inesperado. Pero ¿puede contar como un homenaje una actividad así? Woodthorpe explicó que disfrutar -¡y comprar!- la música de un ícono pop es una forma de ser parte de un acontecimiento mundial, aunque sólo sea para poder decir: "Lo hice como un tributo". Y aseguró que no es un tema menor, dadas las dificultades de la industria discográfica, que al comprar un CD o bajar de los sitios pagos de Internet la música de Michael Jackson, uno está contribuyendo a un esfuerzo colectivo a mantenerlo en los ránkings.

"Eso en sí puede ser visto como un memorial, si bien transitorio, a la persona fallecida", subrayó. Los aprendices de monstruos madrileños, que a la salida masivamente se fueron tras compacts y DVD para practicar en casa, posiblemente hubieran quedado encantados con la reflexión.

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