Una clase magistral

Jorge Fernández Díaz
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12 de diciembre de 2009  

Un afilado crítico del diario La Vanguardia me contó la semana pasada en Barcelona que durante un reciente homenaje a Vladimir Nabokov, un descendiente del gran escritor ruso sorprendió a todos con una verdad perturbadora. Aseguró, y nadie pudo refutarlo, que si hoy se publicara por primera vez Lolita, levantaría reacciones airadas a derecha e izquierda, y con toda seguridad sería prohibida. Lolita, además de ser una de las más importantes novelas del siglo XX, es una tragedia griega moderna, y su subsistencia en los anaqueles públicos proviene del hecho de que ya forma parte del canon literario.

Esa posición la pone a salvo de la banalidad inquisitorial de la opinión pública biempensante. La "corrección política", que tan necesaria es para mantener la tolerancia en las democracias verdaderas, se convierte a veces por paradoja en una torpe, superficial y devastadora dictadura llena de hipocresías, que no entiende de arte ni de estéticas. La anécdota demuestra también que la historia no siempre progresa y que las sociedades nuevas no son necesariamente menos puritanas que las antiguas, por más que hoy se hable con lenguaje escatológico en la televisión abierta.

De regreso a Buenos Aires, me encontré con un texto acerca de Nabokov donde se habla, aunque oblicuamente, del tema. Su autor prefiere cambiar la palabra "pedofilia" por el vocablo "ninfolepsia", que significa "frenesí causado por el deseo de lo inalcanzable". Ese autor es Martin Amis, uno de los escritores más sólidos de Europa.

El creador de Dinero y La información es un devoto histórico de Nabokov y realiza aquí un ensayo medular acerca de una novela póstuma llamada El original de Laura, cuyo argumento también "se vincula con la expoliación sexual de chicas muy jóvenes". Según Amis, nadie ha hecho tanto por indagar esa cuestión aberrante. "El problema, que acaba por ser estético y no del todo moral, tiene que ver con la íntima malicia de la edad", escribe. Su mirada no se centra en el terreno de la denuncia social sino en los libres magmas de la ficción.

El original de Laura es un texto inacabado que aparentemente su autor quiso quemar, que sobrevivió en fichas manuscritas guardadas en un cofre bancario en Suiza, que salió a subasta en Christie´s, que fue publicado por Knofpt en Estados Unidos y por Penguin en Inglaterra, y que trata sobre "un hombre que perdió a su hija y ve en otra niña de 12 años no un objeto sexual, sino una especie de sustituta", según contó uno de los biógrafos de Nabokov.

Amis lee esa "nueva" novela y no sólo la destroza sino que además descubre una serie de vinculaciones con otras tramas clásicas y turbias de Nabokov. Dos cuestiones convierten en excepcional este texto analítico del novelista británico. Primero, que un nabokoviano se atreva a criticar crudamente a una vaca sagrada de la literatura: Amis es despiadado también con otras novelas del autor de Ada o el ardor y El hechicero. Y en segundo término, que Amis, mientras muestra los errores y la decadencia de su maestro, despliega una clase magistral sobre la literatura.

jdiaz@lanacion.com.ar

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