Una cuestión de recursos

Alicia de Arteaga
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27 de junio de 2002  

Dos veces en el último año, el Fondo Nacional de las Artes ocupó el centro de la escena y no precisamente por las razones que han convertido a la institución en un pilar de la actividad cultural.

Fue primero el punto de la discordia en el debate abierto por la frustrada Ley de Mecenazgo, impulsada por el ex diputado radical Luis Brandoni.

La ley, que naufragó pocas horas después de asumir el presidente Eduardo Duhalde -sensible a los consejos de la entonces secretaria de Cultura Teresa Solá-, proponía al Fondo de las Artes como único organismo de aplicación; responsable del manejo y destino de donaciones y patrocinios.

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El cruce mediático de juicios y opiniones entre el secretario de Cultura, Rubén Stella, y la presidenta del Fondo, Amalia Lacroze de Fortabat, ha dejado escaldados los ánimos de muchos y la sospecha de que "don dinero" ha vuelto a meter la cola en asuntos públicos que no debieran tener color político.

En tiempos de presupuestos acorralados, por no decir inexistentes, el dinero del fondo es casi un botín.

La gestión de Fortabat recibió la conducción con dos millones de dólares anuales; llegó a recaudar nueve millones de dólares, y el recorte dispuesto por De la Rúa dejó un presupuesto anual de 6,3 millones (ahora, en pesos). Es dinero cash. La recaudación llega vía cobro de derechos de autor y se gasta menos de lo que ingresa.

Desde su creación, en 1958, el objetivo del Fondo Nacional de las Artes fue cumplir un proyecto de apoyo a las artes, lejos de la política y de los políticos. Los directores, salvo alguna reciente excepción, proceden del mundo intelectual y artístico, como es el caso de Héctor Tizón, Oscar Barney Finn, Luis Benedit o Josefina Robirosa, que tuvo un paso fugaz por el directorio del organismo y es desde anoche miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes.

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La proverbial independencia política que debe sellar la acción del Fondo de las Artes no oculta un hecho clave, que es bastante más que un detalle: sus autoridades son designadas por el Presidente de la Nación.

A la señora Amalia Fortabat la puso en su cargo el doctor Carlos Menem, en 1992, y desde entonces la empresaria, secundada por Guillermo Alonso, le dio a la institución de la calle Alsina una inédita visibilidad. La última iniciativa fue de naturaleza inmobiliaria, pero con un claro fin cultural.

Un año atrás, el Fondo compró la casa que fue de Victoria Ocampo en Barrio Parque, cuyo último inquilino había sido Mauricio Macri. Los epígonos de Victoria querían llevar allí los muebles de Villa Ocampo que armonizaban con el espíritu racionalista de la casa proyectada por Bustillo.

Esa asignatura está pendiente. Por ahora hay otras urgencias como limar las asperezas de un cruce de opiniones que ha dejado lesionados.

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