Una escuela se convirtió en tambo para asegurar la calidad de la leche

Los alumnos pasteurizan, envasan y comercializan lácteos para prevenir enfermedades
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26 de abril de 2004  

HUANGUELEN.- Es un largo corredor de tierra desde la ruta 60, franqueado por campos de soja, de 12 kilómetros de extensión, que desemboca en Huanguelén: un pueblo de casas chatas, donde viven unas 5500 personas, situado en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Aquí, los alumnos de la escuela Almirante Brown idearon un programa por el que abastecen a todo el pueblo con la leche que ellos mismos pasteurizan, envasan y venden en los 31 comercios que tiene la región. La iniciativa es más que importante, ya que tiene implicancias sanitarias.

"Mucha gente no sabe que está prohibido consumir leche cruda. Se la compran al lechero que pasa todas las mañana por la calle y ni siquiera la hierven. Hace un tiempo dos bebes casi mueren. Fue entonces cuando nos propusimos buscar una alternativa para abastecer al pueblo con leche pasteurizada", dice a LA NACION Jorge Zanguittu, director del colegio.

Zanguittu tiene 42 años y hace 17 que llegó a Huanguelén. Es médico veterinario y había sido docente en la UBA. Explica que a fin del año último comenzó a trabajar en el proyecto con unos 70 chicos.

"Primero -relata- hicimos un diagnóstico de la situación. Los alumnos de segundo y tercer año confeccionaron encuestas que realizaron en todas las casas de familia y en los comercios del pueblo".

El sondeo reveló que la mayoría de los habitantes de Huanguelén no sabía -y no sabe- que la leche cruda puede transmitir brucelosis, tuberculosis y otras enfermedades producidas por el germen de la mastitis u otros patógenos.

También, que en 857 casas se consumen semanalmente 2160,50 litros de leche "suelta" (entregada por tamberos locales) (52,87%), 67,50 litros en sachet (1,5%), 1455 litros de leche larga vida (35,60%) y 403 litros de leche en polvo (9,80%).

"La verdad es que esta primera etapa nos llevó mucho tiempo. Trabajamos unos 40 chicos. Trazamos un mapa de la ciudad y lo dividimos por zonas: a los alumnos de segundo año nos tocó ir casa por casa haciendo preguntas; a los de tercer año les toco consultar en los negocios", explica Yasmin Saad, una de las alumnas que participan de las encuestas.

Tras el resultado de las entrevistas, los chicos decidieron presentar el proyecto en un concurso de ideas que organizaba la Municipalidad de Coronel Suárez, en el cual resultaron ganadores.

Entonces, la cooperadora del colegio decidió adquirir una máquina pasteurizadora. "Se compró una máquina sudafricana con capacidad para 105 litros. Es el primer equipo de este tipo que ingresa en el país y está especialmente pensado para pequeñas comunidades", dice Zanguittu.

Los primeros pasos

Una vez adquirido el equipo, a fines de 2003, los chicos comenzaron a practicar con la leche que extraían de las vacas que tiene el colegio en dos campos de la zona.

"Al principio no daba pie con bola. Habíamos comprado un montón de sachets con el logo de la escuela y teníamos que aprender a ensachetar la leche. Casi siempre me equivocaba: quemaba el plástico y perdía el envase y la leche. Pero con el tiempo le fui tomando la mano y ahora soy un experto", asegura Ramiro Coronel, uno de los chicos que participan del proyecto.

Según Zanguittu, a la máquina pasteurizadora hubo que agregarle una higienizadora, porque es una de las exigencias para poder ensachetar la leche.

"Comenzamos con el proceso de pasteurización como si todo fuera parte de una pequeña industria. Primero se aprendió a higienizar la leche, después a sellar térmicamente los sachets y luego a pasteurizarla en tandas de 72 sachets de un litro, en doce contenedores", explica Juan Javier Fidiger, otro de los alumnos de la escuela.

Desde marzo, una vez que finalizaron la etapa de instrucción, los alumnos de la escuela Almirante Brown comenzaron a comprar leche a los pequeños tamberos de la zona. "Nosotros les compramos la leche a 60 centavos. Es un buen precio, si se tiene en cuenta que La Serenísima la paga 42 centavos; la planta de Pringles; 50; y la de Tapalqué, 52", dicen los chicos.

La idea de los alumnos es poder llegar a los 600 litros semanales para abastecer a todo el pueblo. Hoy, según Juan Macey, "supervisor de la pequeña planta de pasteurización", se están vendiendo unos 240 litros semanales. "Los chicos, además, se encargan de repartir los sachets en los 31 comercios del pueblo. Estamos creciendo. Ahora hay mas demanda que producción", aclara Macey.

Zanguittu se siente feliz. Dice que si todo marcha bien, en las próximas semanas sus alumnos firmarán un acuerdo con la municipalidad para abastecer de leche a los comedores escolares de Huanguelén, a los dos asilos de ancianos, al hogar de niños y al comedor de la parroquia. "En el fondo nuestra idea es que los chicos que no puedan ir a la Universidad se queden en el pueblo, trabajando en un lugar que sea útil para todo Huanguelén", finaliza.

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