Una guerra a los lugares comunes

El crítico literario, dice, debería combatir los clichés de la pluma, de la mente y del corazón
Juana Libedinsky
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28 de enero de 2002  

JOSE IGNACIO, Uruguay.- Hay guerras que se libran desde los lugares más insólitos. Martin Amis, por ejemplo, uno de los escritores británicos de mayor fama y prestigio de la actualidad, e implacable crítico literario del Times Literary Supplement , libra la suya contra los lugares comunes en el mundo de las letras... desde su sillita playera en el medio de un jardín esteño.

Quienquiera que pase por su casa a metros de la playa Mansa, en José Ignacio, podrá verlo hora tras hora, apenas armado con un sombrero, leyendo y escribiendo furiosamente.

"En Occidente ahora hay tanto miedo a crear controversia que el relativismo es total, y los críticos solamente dicen lo que otros ya han dicho para no ofender. Parte de un noble impulso, pero es una locura creer que la literatura es democrática, que no hay grados, que no hay jerarquías", asegura a LA NACION el autor de la flamante colección de ensayos "La guerra contra el cliché", de inminente traducción al español.

Se trata de una compilación de artículos publicados en los principales medios a lo largo de los últimos 25 años, donde el autor de los best sellers "Dinero", "Los campos de Londres" y la reciente autobiografía "Experiencia" se despacha a gusto -y ocasionalmente baña en elogios- sobre libros que van desde "Parque Jurásico" hasta el "Quijote", y al hacerlo reflexiona sobre el papel de la crítica literaria en un mundo tan agitado.

-En su libro usted sostiene que la crítica literaria fue destruida en gran parte por la inflación. ¿Por qué?

-Lo de Gran Bretaña es un hecho histórico. Hasta la década del sesenta vivimos la llamada "era de la crítica literaria". Todos usábamos pantalones acampanados, zapatos tricolores, el pelo largo, vivíamos por unas pocas libras y nos pasábamos la noche hablando sobre autores como si verdaderamente importara. Cuatro letras acabaron con todo: OPEC, la crisis del petróleo. De pronto, esas pocas libras apenas alcanzaban para el subte y la crítica literaria se volvió una diversión de clases acomodadas, o limitada a los ámbitos universitarios, donde las reglas de lo políticamente correcto terminaron de darle su golpe mortal.

-¿Ocurrirá lo mismo en la Argentina?

-En la Argentina, lo que veo es una gran humillación nacional. Para un jefe de Estado, devaluar es confesar su impotencia. Y la gente -y los artistas, por supuesto- se volverá más conservadora y menos libre, dispuesta a aceptar lo que sea para mantener lo que tiene. Las consecuencias para la creación son obvias.

-¿La crítica literaria no puede mantenerse viva en la universidad?

-El problema es que la literatura no es una materia lo suficientemente difícil. En el fondo, cualquiera puede opinar sobre un libro, y en un ambiente avalorativo y con pánico a la controversia como se volvió el universitario la literatura es particularmente vulnerable. Probablemente esto sea cierto en la mayor parte de las humanidades. Sólo los temas duros, verdaderamente difíciles, están a salvo de estas "nuevas conciencias". Por eso, yo recomendaría a los estudiantes de Letras que se pasen a Ingeniería aeroespacial.

-¿Por qué es tan terriblemente malo el lugar común en la literatura?

-Porque es pensamiento automático, como el prejuicio racial. Son cosas que no se examinan, se aplican directamente. Nunca hay que decir lo que otros ya dijeron -al menos sin entrecomillar-. Muchos de los problemas del mundo son a causa de estas repeticiones estúpidas. Por eso el crítico literario debería no sólo combatir los clichés de la pluma, sino los de la mente y el corazón.

-Pero, justamente a causa de la situación del mundo, ¿no parece casi frívolo dedicarse a las batallas literarias?

-Bueno, el 11 de septiembre fue un trauma para todos. Mis amigos artistas y escritores, por ejemplo, y aun los más famosos, sin excepción sintieron que todo lo que hacían era trivial, sin importancia. Yo mismo titulé mi libro "La guerra contra el cliché". ¿A quién le importa el cliché? ¡Importa Osama ben Laden! Todo fue puesto en una nueva perspectiva, una perspectiva distorsionada, que indicaba que el arte no tenía valor. Luego, de a poco, las ganas de trabajar volvieron. Pero el trabajo no era el mismo. Va a surgir toda una nueva generación de libros, las "novelas pos-11 de septiembre", resultado de la fascinación de escribir en un mundo con un renovado temor al Apocalipsis.

-Sin embargo, y a pesar de los duros artículos sobre la guerra que publicó en los últimos meses, es sabido que su próxima novela será cómica.

-Lo vi como parte del espíritu combativo: ¿qué mejor respuesta que escribir una novela graciosa que es seria a la vez? Porque todo es serio. No hemos vuelto a la Guerra Fría, pero sí a un mundo espantosamente fracasado. Todas las esperanzas que trajo 1989 se borraron en un instante y nos dimos cuenta de golpe de que habíamos estado viviendo en una ilusión. Puntualmente la guerra en Afganistán parece fácil de ganar, pero la situación en general no tiene solución cuando se analiza con un poco de profundidad. De cualquier manera, no creo que esto sea lo más candente en esta parte del mundo, donde la crisis económica domina las ansiedades. Sin embargo, en todas partes, escribir todavía importa, y responder al mundo a través de las letras es fundamental.

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