Una pelea de fondo

Alicia de Arteaga
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16 de diciembre de 2001  

Aprobada entre gallos y medianoche, a pesar de no estar incluida en el orden del día, la ley de mecenazgo resultó una mala noticia para mucha gente de la cultura que había advertido -cuando lo que se debatía era todavía un proyecto- que la ley impulsada por Luis Brandoni no sería un incentivo para el mecenazgo, sino todo lo contrario.

El malestar tomó en los últimos días la forma de una carta dirigida al presidente de la Nación con el expreso pedido de veto porque "la ley modifica el concepto de donación negando al donante, individuo, institución o empresa el derecho a asignar el destino de su aporte".

En la ley aprobada pocas semanas atrás, los incentivos impositivos son menores; se somete a las empresas patrocinadoras a un trámite burocrático; excluye de los beneficios a las reparticiones culturales estatales y convierte al Fondo Nacional de las Artes en recaudador de donaciones y responsable de decidir el destino de los fondos aportados por el sector privado. El tono subido de la crítica recuerda las discuciones previas a la votación de una ley que en el camino que va de senadores a diputados perdió las modificaciones sugeridas y volvió a foja cero.

Este y otros temas fueron debatidos el viernes durante el desayuno organizado por Teresa Bulgheroni, presidenta de la comisión de cultura del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), en honor de Jorge Telerman, secretario de Cultura de Buenos Aires. Con su habitual enjundia, Telerman contó los avatares y malabares que deberán hacer para cortar 300 millones de pesos del presupuesto de 2002. Entre medialuna y medialuna aclaró que el recorte será menor para los museos, un sector que su gobierno está dispuesto a mimar, porque el fortalecimiento de la oferta cultural "le agrega valor a Buenos Aires y es un eficaz anzuelo para el turismo".

Telerman dio como un hecho el comienzo de las obras de ampliación del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), según el proyecto de Emilio Ambasz, arquitecto argentino radicado en Nueva York. "Antes de fin de año -prometió el secretario- estarán las grúas trabajando."

Defendido a capa y espada por Laura Buccellato, directora del Mamba, el nuevo edificio estará unido al Museo del Cine y será un polo de atracción de la zona sur. Un buen contrapeso para el corredor norte formado por el Palais de Glace, Bellas Artes, el Centro Recoleta, el Malba de Costantini y el Sívori.

Más modesto, el Sur comienza a remontar vuelo y a recuperar la centralidad que conoció antes de que la fiebre amarilla cambiara los hábitos de los porteños. El proyecto Mamba se extiende al vecino Padelai. Ya está aprobada la refuncionalización del viejo Patronato de la Infancia, que será en el futuro un espacio para talleres de artistas. Allí funcionará también un pequeño hotel, seguramente tercerizado, donde podrán alojarse visitantes vinculados con el mundo de la cultura pagando tarifas módicas.

La mecha que encendió la pasión por el Sur ha sido la Fundación Proa, donde el viernes por la noche Adriana Rosenberg agasajó a Sol LeWitt. El padre del minimalismo norteamericano inaugura hoy su instalación en la Vuelta de Rocha.

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