Urgencia y largo plazo en la escuela

Raquel San Martín LA NACION
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10 de diciembre de 2009  

Si toda designación en un cargo refleja la mirada que una gestión política da a un área o a un tema, el nombramiento de Abel Posse al frente del Ministerio de Educación porteño puede causar desconcierto.

Sobre todo porque, sin que al parecer medie desaprobación sobre la gestión de Mariano Narodowski en lo educativo -Macri atribuyó ayer su salida al "cansancio" en el puesto, para separarlo también de la causa por las escuchas ilegales-, se opta ahora por lanzar el péndulo al otro lado y elegir a una persona que, en trayectoria e ideología, está en las antípodas de su antecesor.

Más aún, la idea de que en realidad Posse sería la cara visible de una gestión que conservaría los colaboradores del anterior ministro también abre interrogantes. Uno de ellos es cómo sería esa convivencia con un consejo asesor que integrarían ex ministros del área, incluido Narodowski, entre otras figuras, y qué pasaría si Posse pretendiera armar su equipo cuando llegue al ministerio.

Podría repetirse lo que sucedió con la salida del ex ministro de Educación nacional Juan Carlos Tedesco, que la Presidenta colocó en un área de asesoría del nuevo ministro, Alberto Sileoni, que todavía no encuentra actuación concreta.

* * *

Sin embargo, la discusión de fondo que se abre con el nombramiento debería centrarse en la persistente costumbre argentina de empezar de nuevo con cada cambio de gabinete, un estilo particularmente negativo en educación, donde las transformaciones son lentas y sus efectos tardan en hacerse visibles.

Si se elige un intelectual por su capacidad de mirar la educación en el largo plazo y pensar estratégicamente, como ayer se sugería, quizá se esté desestimando la urgencia que tienen necesidades concretas que desbordan el sistema educativo porteño.

Los gremios docentes continúan con sus reclamos de mayor presupuesto y aumentos salariales, que este año ya motivaron nueve días de paro. A la luz de experiencias de otros países del continente, que han encontrado vías alternativas de negociación, es necesario rearticular la relación con los sindicatos.

La infraestructura escolar tiene problemas visibles. Faltan vacantes en el nivel inicial. Es necesario avanzar en una reforma de la escuela secundaria y asegurar la permanencia de los chicos en las aulas. El pasaje de familias de escuelas públicas a privadas en la ciudad es cada vez más pronunciado. Son todos problemas que, es cierto, muchos expertos en educación tampoco han podido resolver, aquí y en el resto del país, sobre todo cuando los gobiernos a los que pertenecen no les dan apoyo y recursos para plantear una política educativa.

"Se pueden hacer programas de promoción de la lectura y anuncios mediáticos, pero eso no es enfrentar las urgencias profundas de las escuelas", comentó un ex funcionario.

El riesgo es que, con la mirada puesta en el armado político para 2011, el gobierno porteño evite encarar problemas estructurales que se profundizan en la escuelas de la ciudad con el paso de las gestiones. "En educación, no hacer nada es hacer mucho en desmedro de la escuela pública", sintetizó un experto del área.

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