Vargas Llosa desafía las utopías

Afirmó que son beneficiosas en lo individual, pero catastróficas cuando se trasladan al campo social
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1 de mayo de 2003  

Cuando era estudiante universitario, en la Lima de los años 50, Mario Vargas Llosa se cruzó, por recomendación de un profesor, con el libro "Peregrinaciones de una paria". En él, la joven Flora Tristán narraba sus diez meses en tierra peruana al comenzar el siglo XIX, una experiencia que iniciaría en ella la actividad pública en defensa de la justicia social que encaró luego en Europa.

Ese relato quedó en Vargas Llosa como el germen de una idea, latente mientras escribía otros libros, y lo llevó a recorrer bibliotecas y archivos siguiendo el rastro de la revolucionaria Flora Tristán y de su nieto, el no menos revolucionario pintor Paul Gauguin.

El resultado de esos años de búsqueda y asombro es su última novela, "El paraíso en la otra esquina" (Alfaguara), que el multipremiado escritor peruano presentó ayer en la Feria del Libro, en uno de los actos centrales de la exposición.

Como se esperaba, la sala José Hernández quedó definitivamente pequeña para albergar la cantidad de público que se acercó a escuchar al escritor y que ocupó butacas, se sentó en el piso y permaneció de pie durante la larga hora de exposición.

Relato de dos vidas

Vargas Llosa, que llegó al país ayer por la mañana y cumplirá hasta el sábado próximo con una apretadísima agenda, fue presentado por el embajador de España en la Argentina, Manuel Ladavaz, que resaltó sus dotes de "articulista", es decir, "el que cuenta la historia como noticia y hace de la noticia historia". El gobierno español facilitó la venida al país de Vargas Llosa, que vive en Madrid y es columnista del diario El País.

Lejos de las definiciones políticas que había brindado más temprano (ver aparte), el escritor eligió, en este contacto con el público, "contar la genealogía de la novela" que vino a presentar. Su relato consistió en un minucioso y entusiasmado recorrido por las vidas de Flora Tristán y su nieto Paul Gauguin, dos "buscadores de paraísos en la tierra", que no se conocieron, pero vivieron vidas sorprendentemente similares.

Aclaró, sin embargo, que "se trata de una historia que escribí dándome muchísimos permisos, porque yo escribo novelas, no libros de historia".

Nacida en París, hija de un coronel peruano y una francesa, Flora Tristán fue la iniciadora de un movimiento de reivindicación de los derechos de los obreros, las mujeres y los niños durante la primera mitad del siglo XIX, en la Europa desigual de la Revolución Industrial.

"Inteligente y de espíritu rebelde", como la definió Vargas Llosa, Flora huyó de un matrimonio no querido, pasó casi un año en Perú y cuatro meses en Inglaterra, para retratar la explotación que sufrían las clases obreras.

"Era una mujer de acción que tuvo una idea: aliar a las mujeres con los obreros para que se reconocieran sus derechos", dijo Vargas Llosa.

No vio su utopía realizada: murió en Burdeos, mientras llevaba su mensaje de igualdad por Europa.

Su nieto, Paul Gauguin, descubrió su vocación artística a los 30 años, después de una vida tranquila y convencional, con matrimonio, cinco hijos y un empleo próspero en la Bolsa de París.

"También Gauguin tuvo una idea: creyó que el arte auténtico estaba en las culturas primitivas, donde es una expresión de la totalidad social", narró Vargas Llosa. "Gauguin no encontró el paraíso, pero terminó creándolo en su pintura", afirmó.

Las vidas paralelas de sus dos personajes le permitieron desembocar en una particular reflexión sobre la utopía, que consideró "bienhechora en lo individual, pero perjudicial en el campo político y social".

Según dijo, la utopía individual ha dado los más grandes avances en ciencias, filosofía y arte -"son quienes han soñado y nos han salvado de vivir en la rutina"-, pero cada vez que se ha querido materializar socialmente "ha sido catastrófica".

"Es normal que en el siglo XXI seamos escépticos con las utopías y no hay que rechazarlas a todas, pero la idea de una felicidad colectiva es imposible", concluyó.

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