Veredas opuestas

Enfrentadas geográfica y estéticamente, sobre la calle Venezuela, las muestras de Gabriel Grün y Gian Paolo Minelli contrastan la pintura figurativa con la fotografía abstracta
Enfrentadas geográfica y estéticamente, sobre la calle Venezuela, las muestras de Gabriel Grün y Gian Paolo Minelli contrastan la pintura figurativa con la fotografía abstracta
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25 de abril de 2009  

"Me siento más cómodo en el Louvre que en el Pompidou", afirma sin empacho Gabriel Grün. Y es algo que pocos se animan a decir en voz alta por miedo a parecer poco progresistas o quedarse fuera de las últimas tendencias. "Concibo la obra de arte como una indagación del espíritu, no soy afecto a los recursos que buscan reforzar la modernidad de la obra y no siento que tenga que esforzarme en ser contemporáneo, lo soy inexorablemente", agrega uno de los pocos jóvenes creadores (de apenas 31 años) que no buscan soportes exóticos porque saben que la novedad no es un mérito en sí y se entusiasman con la tradición pictórica.

Los once trabajos colgados en la galería Wussmann son figuras humanas y semihumanas, diez mujeres y un varón. El hombre es un autorretrato a la manera de El Colgado, el arcano XII del Tarot, totalmente desnudo y vulnerable, con las manos atadas atrás, sostenido de una pierna mientras la otra se dobla para formar un "cuatro", indirecta señal que remite al arcano IV, El Emperador. Ya en 2006, Grün había presentado la serie completa de los arcanos recreada -tal como hicieron Xul Solar, Niki de Saint Phalle y Salvador Dalí en el siglo XX- desde su propia mirada. Curiosamente, las figuras femeninas son nuevas versiones de personajes masculinos extraídos del universo mitológico griego, como una Sátira, mitad mujer, mitad macho cabrío o una Galatea, aquella ninfa inútilmente pretendida por el horrible gigante Polifemo, que el pintor presenta ahora como una mujer de un solo ojo.

Muchas de las pinturas tienen forma de "tondo", tal como se estilaba en el Renacimiento italiano, y sólo una tiene un rarísimo formato alargado, de 180 cm de alto por 30 cm de ancho; es la curiosa versión de una Mandrágora, aquella legendaria planta afrodisíaca conocida como Manzana de Satán o Planta de Circe, cuya raíz antropomorfa suele medir más de un metro. Dice la leyenda que la mandrágora nace a partir de la eyaculación de un muerto, pero Grün pinta la raíz con forma de mujer. Una vez más, insiste en feminizar las figuras masculinas.

En casi toda esta nueva serie las figuras se destacan sobre un paisaje cuyos árboles, flores, frutos y plantas están pintados con una precisión manierista hasta la exasperación, como en aquel diente de león (conocido como "panadero" en nuestra pampa) soplado por el viento y resuelto minuciosamente, casi quirúrgicamente, con un pincel de un solo pelo. Como aquellos pintores viajeros que exploraron nuestras tierras, Grün pinta una flor rosada del palo borracho que oculta las partes pudendas de la alegoría de la Vanidad, una mujer desnuda que se mira al espejo, mientras a su lado un pavo real despliega su cola con soberbia y pedantería, creando un contrapunto entre el símbolo cristiano de la vida eterna y la vanitas de una mujer joven.

Atracción de opuestos

Justo en la vereda de enfrente se sitúa la obra de Gian Paolo Minelli; una vereda urbana e ideológica. Basta salir de la galería Wussmann y cruzar la calle Venezuela -que se ha convertido en un corredor artístico con la nueva galería Lordi, las obras alternativas de Jardín Oculto y las exposiciones que comenzó a organizar el hotel Axel- para entrar en la galería de Hernán Zavaleta.

El cruce de calles equivale a ingresar en un universo bien distinto de la tradición de la pintura. Minelli es un fotógrafo suizo de cuarenta años que vive en Buenos Aires desde 1999; la muestra que presenta se llama Vacío-Vuoto y comprende dos series, Playas y Galpón Colón . La primera tiene un título que lleva a un juego lingüístico, no se trata de arenas cálidas junto al mar, sino de vulgares telas llamadas "media sombra" con las que se suelen cubrir las playas de estacionamiento. El encuadre elegido por el fotógrafo hace hincapié en la geometría generada por los alambres que funcionan como armazón de esas telas.

El motivo carece de interés, más allá de cierta armonía de formas, y sigue la tradición de la "fotografía sin atributos", es decir, desprovista de cualquier intención estética y más cercana al espíritu del archivo o la foto-testigo. En este sentido, es esclarecedora la definición del artista estadounidense Douglas Huebler, que considera la cámara fotográfica "un medio de registro estúpido o silencioso". Él, como otros artistas (Dan Grahan, Ed Ruscha y otros), siguió los postulados del matrimonio Bernd & Hilla Becher, los abuelos de esa fotografía an-estética.

La serie Galpón Colón también se concentra en las formas abstractas geométricas resultantes del encuadre; cuesta identificar los objetos precisamente por el recorte que sufren. Como sucede en este tipo de estética, el contexto en que la serie fue generada cuenta y acrecienta su significación: el depósito en cuestión está localizado en una zona degradada por la violencia urbana y el consumo de drogas, el "afuera" contrasta con el mundo de oropel y fantasía de las escenografías teatrales del Colón.

No es nuevo el gusto de Minelli por los márgenes sociales, tal como lo demuestra su anterior serie de la cárcel de Caseros.

© LA NACION

FICHA. Gabriel Grün en Wussmann (Venezuela 570), hasta fines de mayo. Vacio - vuoto, de Gian Paolo Minelli en Zavaleta Lab (Venezuela 567), hasta el 2 de mayo.

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